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   Capítulo 988 Soy un buen ciudadano respetuoso de la ley

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 8821

Actualizado: 2019-05-15 00:07


De la nada, Gonzalo sacó un bisturí y lo hizo girar por los dedos tres veces antes de clavarlo en el respaldo de asiento por la ventanilla del auto, muy cerca de la oreja de Arlo.

Caminó hacia su auto, sin decir ni una sola palabra.

Amy no tenía ninguna herida, pero el brusco movimiento de Gonzalo la había dejado petrificada y, al ver el reflejo de la hoja del bisturí tan cerca de su oreja, empezó a gritar sin parar.

Hogin miraba fijamente el bisturí, pensando que lo sucedido había sido una clara señal de advertencia por parte de Gonzalo. Sacado por la ira, pisó con fuerza el acelerador y, en segundos, su auto salió violentamente del estacionamiento.

Irene estaba a punto de seguir a su hermano hacia el auto de este, pero Gerardo le tomó la mano y luego la empujó adentro del auto de Daniel.

"¡Necesito un tiempo a solas con Sally!"

...

¡Qué absurdo! Irene frunció el ceño al escuchar su breve pretexto.

Daniel echó un vistazo a la indecisa Irene y dijo, "¿Y ahora qué? ¿No estás contenta de sentarte en mi auto?"

¡Qué mujer era ella! Su auto valía millones de dólares y aún así a ella no le llamaba la atención.

Irene luego cambió la cara. Pensaba en el comportamiento heróico que él había tenido, y sintió que sería injusto de su parte hacerle muecas. Rápidamente, ella explicó, "No soy infeliz. ¡Solo estoy un poco molesta porque mi hermano no quería que subiera a su auto!"

Daniel se sintió bien al escuchar su aclaración.

De repente se ladeó hacia ella. Irene, firmemente sentada con su espalda recta en el asiento del acompanante, recordaba lo que él había dicho en el restaurante... Ella lo miró atentamente y le preguntó, "¿Qué quieres?"

Daniel se echó a reír y mientras le ayudaba a colocarse el cinturón de seguridad, le dijo, "¡No quiero que me pongan una multa de tránsito solo porque no usas el cinturón de seguridad!"

Irene se sintió aliviada, y le sonrió burlonamente, "¿Usted Daniel Si, director ejecutivo, tiene miedo de recibir multas de tránsito?"

"Claro que sí. ¡Soy un buen ciudadano respetuoso de la ley!"

...

El tono narcisista de su voz dejó muda a Irene. ¿Daniel había dicho que respetaba la ley?

¡Ella no le creía nada!

Cuando estaba haciendo arrancar el motor, Daniel rápidamente la miró y con frialdad le dijo, "Cuando te fuiste, a Gerardo y a tu padre les tomó mucho tiempo y esfuerzo localizar tu paradero".

Irene sintió culpa al escuchar aquellas palabras y murmuró, "¿Por qué mencionas esto ahora?"

"Gerardo es uno de mis mejores amigos y tú eres su hermana menor. Sé a ciencia cierta que él se preocupa mucho por ti". Durante el primer año,

uería ni que Martín, Gaspar o Estela volvieran a interferir en su relación con Irene.

El rostro de Irene se había puesto rojo, entonces alejó la mano de él y giró la cabeza hacia la ventanilla del auto.

Hasta cierto punto, ella deseaba que volvieran a estar juntos, pero le preocupaba que él siguiera siendo el mismo Daniel de antes, a quien le molestaba diariamente desde hacía tres años.

Su reacción le causó angustia ya que pensó que ella había rechazado su propuesta. Con un tono de voz frío le dijo, "¡Irene, no me hagas perder el control, sino hablaré por separado con Martín y Gaspar!"

Para tenerla, él lo daría todo. ¡Si fuera necesario, haría que ellos fueran arrojados al océano como alimentos para los peces!

"¡Daniel! ¿Podrías por lo menos ser razonable? ¡Esto no tiene nada que ver con Martín o Gaspar!" ¡Otras mujeres eran la única razón por la cual su relación iba y venía constantemente!

Daniel movió su auto hacia adelante y dijo, "La forma en que te refieres a ellos es muy íntima. ¿Cómo es posible que nunca fueras así de amable conmigo? ¿Eh?"

Detuvo el auto y la miró rápidamente con frialdad. 'Parece que está bastante molesta', pensó alegremente Daniel.

'¿Nunca había sido así de agradable conmigo? ¿Íntimo?' Irene se ruborizó, hizo un puchero con la boca y le dijo, "¡Siempre fui amable contigo, y mucho más que eso, también tuve intimidad contigo!"

Su adorable mirada lo hizo reír.

"Toma una siesta", dijo.

Condujo el auto hasta el peaje y luego pagó. A toda velocidad avanzaron por la autopista y se dirigieron hacia el centro de la ciudad.

Mientras iba apoyada en el asiento del auto y observaba por la ventanilla cómo pasaban los paisajes, Irene sintió dudas sobre regresar tan pronto a la ciudad.

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