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   Capítulo 994 ¿Qué tal si te compro una muñeca

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 8196

Actualizado: 2019-05-16 00:17


Como Daniel no quería molestarse en dar explicaciones, por eso buscó en Internet el verdadero significado de mil millones de proyectos cooperativos y le entregó su teléfono para que lo leyera.

Luego, se fue al baño.

Muy pronto, se escuchó un rugido, "¡Daniel Si! ¡Eres un gran mentiroso! ¡Oh Dios mío!"

Tres años atrás, cuando Gonzalo se enteró de que había firmado un contrato con Daniel sobre un proyecto de cooperación valorado en mil millones de dólares, él puso una sonrisa astuta en su rostro. No era de extrañar. ¡Irene finalmente entendía el porqué de aquella reacción!

Dicho proyecto no tenía que ver con el dinero, sino con... con...

Mientras cubría con sus manos su cara roja como un tomate, también la hundió en su almohada.

Al cabo de un rato, volvió a leer el contrato. La letra pequeña especificaba que si Irene incumplía el contrato, Daniel, como la otra parte, tenía derecho a acusarla.

Irene se volvió loca. ¡Se preguntó cómo podía haberse vendido de semejante manera!

¡Y lo que era peor, no ganaba ni un centavo! Realmente quiso echarse a llorar.

Luego, sacó su teléfono y llamó a Gonzalo. Este llevaba a su esposa a la cama, cuando sonó su celular. No iba a contestar, pero Estrella le dijo que era una llamada de Irene.

Tuvo que responder. "Ire".

"¡Gonzalo! ¿Cómo pudiste permitir que Daniel me hiciera esto? ¡Siempre he confiado en ti! ¡Has abusado de mi confianza! ¿Por qué no me dijiste que Daniel me había tendido una trampa?" Gritó Irene, sin pararse a respirar.

Gonzalo todavía estaba confundido acerca de lo que estaba pasando y del motivo por el que le abroncaba. Puso su mano delante de su pecho y dijo: "¡Ire, siempre estoy de tu lado! ¡Lo juro por Dios!"

"¡Mierda! En nuestra reunión de hace tres años, cuando te enteraste del contrato, ¿por qué no me dijiste que tenía un defecto?" Recordó que Gonzalo había sonreído astutamente en aquel entonces.

Cuando mencionó el contrato, Gonzalo comprendió lo que estaba pasando. Volvió a poner la misma sonrisa y dijo: "Ire, ¿qué te parece si te entregas a Daniel ahora?"

"¿Entregarme a él? ¡Ven acá! ¡Te lo entregaré a ti en vez de a mí! Daniel es fuerte. ¡Ven y pruébalo tú mismo!" Dijo Irene. De repente, rió por lo bajo y pensó que si alguien tenía que ayudarla a soportar la tortura de Daniel durante toda la noche, mejor que fuera un hombre.

Gonzalo agarraba a su esposa y dijo por teléfono: "¡Ire, no seas obscena! ¡Ve con Daniel y

r ni su compresa higiénica...

"Daniel... Querido... Da... niel... Da... niel..." Seguía llamándole, con un tartamudeo. Él apareció entonces en la puerta del baño.

"¡Oh! ¡No tienes vergüenza!" Irene se sentó en el inodoro. Cuando vio a Daniel, agachó inmediatamente la cabeza y se cubrió los ojos.

'¡Hombre desvergonzado! ¿Porque estás desnudo...?' Se preguntó.

"¿Qué pasa?" Preguntó con voz tranquila, sin nigún tipo de vergüenza.

No había parado de llamarlo mientras se estaba duchando.

"No tengo mi... y tampoco... Por favor, ve a comprarme algunos..." Tartamudeando, le describió lo que quería. Daniel finalmente entendió de qué estaba hablando.

"¡De ninguna manera!" Se negó en rotundo.

"Lo has comprado para mí antes. ¿De qué tienes miedo ahora?" Irene seguía tapándose los ojos mientras estaba parado allí.

Daniel se apoyó contra la puerta y dijo: "¡El pasado es pasado, ahora es ahora, las cosas son distintas!" Como Irene le estaba torturando, decidió vengarse.

Irene estaba enojada. Apartó las manos de sus ojos. En un primer momento, quiso gritar, pero tenía que aprender a ser menos vergonzosa.

A pesar de que ella realmente se avergonzaba de la situación...

Bajó los párpados y se miró los dedos de los pies. Luego dijo: "Si no vas a comprarlo, ¡llamaré a otra persona para que lo haga!"

En el instante siguiente, una sombra se acercó a ella. Ella levantó la cabeza...

¡Pero qué tragedia!

"Da... niel... tú... ¿No tienes ropa? ¿No puedes vestirte?" Se limpió la boca con fuerza, tratando de frotar la parte donde había tocado su cuerpo.

¡Ah! ¡Estaba a punto de volverse loca!

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