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   Capítulo 1023 Tan feliz de solo pensarlo

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 8832

Actualizado: 2019-05-22 00:07


Irene, negó con la cabeza y dijo, "¡Olvídate de mí! ¡Ve primero tú!" Ella también buscaba la forma de escapar de esto.

Los guardaespaldas abandonaron el callejón en el momento en que vieron que el cuello de Irene, lastimado con un cuchillo, sangraba un poco.

Llevaron a Irene a un auto y luego, una vez adentro, Hogin se sentó complacientemente a su lado.

Cuando abandonaban el callejón, más de una docena de autos guiados por Daniel comenzaron a perseguirlos.

Mediante la localización del teléfono celular de Irene, Daniel logró seguirlos de cerca durante todo el trayecto.

En el auto

Despreocupado, Hogin iba apoyado en el asiento trasero, y se entretenía con un cigarrillo en la mano cuando dijo, "¡Srta. Irene, quién hubiera pensado que terminarías estando a mi alcance! Jaja, estoy tan feliz de solo pensarlo".

El hombre de repente estalló en una carcajada impetuosa y maliciosa que duró un buen tiempo.

El conductor miró por el espejo retrovisor y al ver que una docena de autos los seguían, informó rápidamente a su jefe. Sabía que no eran de Gris Luna. "¡Jefe, nos están siguiendo!"

Pero a Hogin no le importó en absoluto y le dijo, "¡Piérdelos!"

"¡Sí, jefe!"

En silencio, Irene miraba por la ventana y no prestó atención a lo que Hogin decía.

Se preguntaba quién vendría a rescatarla.

"¡Jefe, no pude perderles el rastro! ¡Pensé que lo había logrado pero nos alcanzaron de nuevo!" Dijo el conductor.

Hogin miró a Irene con perspicacia e intentó agarrar el bolso que tenía en su mano.

Irene, por supuesto, no quiso dárselo y le preguntó, "¿Por qué quieres quitarme el bolso? Ni siquiera puedes atreverte a agarrarlo por si lo manchas con tus dedos sucios".

No hacía tanto tiempo que Rafael había enviado el bolso por medio de una tienda. Era un regalo de Daniel.

Más importante aún, si ella no estaba equivocada, era el hecho de que los autos ubicados detrás de ellos eran de Daniel. Por poco, ella había logrado comunicarse con él por teléfono.

No dejaría que Hogin encontrara su celular justo cuando llamaba a Daniel.

"¡Zorra! ¡Dame el bolso!" Luego, él sujetó con fuerza el bolso.

Irene estuvo a punto de recuperarlo pero Hogin le dijo fríamente, "Si no te preocupas de ti misma, ¿podrás al menos hacerlo por tus hijas?"

Cuando escuchó la amenaza en aquellas palabras, Irene se dio por vencida.

Afortunadamente, su celular ya había sido bloqueado y tenía la pantalla negra cuando lo sacaron del bolso.

Pero Hogin no era ningún estúpido. Revisó los registros de llamadas y encontró que la última llamada saliente fue a Daniel, que era justo lo que había pensado.

Cuand

pañía del Daniel?

Siempre había tratado de evitar cualquier conflicto con Daniel, ¡pero ahora parecía que no podía evitarlo!

Se indignó y gritó, "¡Entonces, pídele a Daniel que renuncie a la tierra y que lo haga por Irene!"

Gaspar echó un vistazo al costoso auto de lujo que estaba a su lado y respondió con desdén a Hogin, "¡Entonces deberías contactarlo tú mismo!"

Sabía que Hogin no tenía las agallas como para ofender a Daniel.

La cara de Hogin estaba ahora lívida de furia. Sabía también que si hubiera tenido el descaro de ofender directamente a Daniel, ¡no habría llamado a Gaspar antes!

Colgó y luego arrojó el teléfono en la mesa.

Hizo un gesto y en un minuto, todos sus asistentes y guardaespaldas abandonaron rápidamente la habitación. Solo quedaban ellos dos en la sala de estar.

Hogin se acercó a la mujer y la miró de reojo diciéndole, "Llama a Daniel ahora mismo y dile que renuncie a ese pedazo de tierra por tu seguridad. Si no puedes convencerlo de que lo haga, bueno, ¡entonces te mataré!"

Sin que él se diera cuenta, Irene, discretamente, se alejó de él y dijo, "No tengo un teléfono; ¿cómo puedo contactarlo?"

Hogin sacó su teléfono del bolsillo, lo desbloqueó y luego se lo pasó a ella. Y le exigió, "¡Llámalo, ahora!"

El no alcanzó a comprender la importancia que tenía realmente esta mujer en la vida de Daniel, y tampoco sabía de lo que este era capaz de hacer por ella.

Irene miró alrededor de la sala y corroboró que estaban solos.

Después de quitarle el teléfono, fingió marcar el número de Daniel y repentinamente, en un descuido de él, ella golpeó el brazo vendado de Hogin con el celular.

"¡Ay!" Hogin gritó de dolor e Irene aprovechó la oportunidad para correr hacia la puerta de la casa.

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