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   Capítulo 1039 El Sr. Jorge ha salido con ella, hoy

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 6683

Actualizado: 2019-05-24 01:00


El camisón sensual que le había dado a Valentina era un regalo que había comprado para Estrella junto con Ángela.

Cuando Irene se enteró de que Gonzalo quería otro bebé, inmediatamente pensó en hacerle ese regalo a su mujer. Pero ahora que se lo había dado a Valentina, necesitaba comprar otro para reemplazarlo.

Ángela también llevaba una bolsa. "Oh, mira, tengo aquí un peine de madera perfecto para ti. ¡Feliz cumpleaños, Valentina!"

Hacía mucho tiempo que Valentina no recibía un regalo de cumpleaños. "Muchas gracias", dijo con los ojos llorosos.

"De nada. Ve y disfruta de tu tiempo con Martín. ¡Os dejaremos solos, tortolitos!" Irene le dio un codazo a Valentina para acercarla a Martín, que estaba detrás de ellas. Fue un golpe tan fuerte que Valentina se habría caído si Martín no la hubiera agarrado.

Después de ver lo que había hecho, Irene se sintió tan avergonzada que agarró a Ángela apresuradamente y dijo: "¡Vosotros dos, pasadlo genial!"

Ambas se marcharon cual ráfaga de viento. Valentina las vio irse con una sonrisa agradecida.

"Lo siento..." La disculpa de Martín salió de la nada, confundiendo a Valentina. Se apartó de sus brazos y lo miró.

Martín nunca había actuado tan íntimamente con ella en público.

Consciente de su confusión, Martín se explicó: "No estaba siendo considerado contigo. No volverá a repetirse".

Mirando el lugar donde Irene estaba hacía unos minutos, se quedó pensativo. Se sintió aliviado al saber que alguien más la estaba cuidando bien. Ya no era su responsabilidad hacerlo.

Siguiendo su mirada, Valentina supo lo que pensaba Martín.

Interrumpiendo cuidadosamente sus pensamientos, le dijo: "No pasa nada. Vámonos".

Si no fuera él quien la hubiera rescatado en el hotel años atrás, no se habría dejado aguantar todo esto.

Pero no tenía opción.

Martín la miró por detrás y se dijo que Irene tenía ahora su propia felicidad, y en vez de pensar en ella, debería centrarse en su familia, y especialmente en la mujer q

prendió a aguantar el alcohol.

Recordó cómo sufrió una hemorragia gástrica...

Aquellos hombres ni siquiera se molestaron en llevarla a un hospital. En lugar de eso, hicieron venir a un médico hasta la cueva y la trató allí.

El horror brotaba en la mente de Irene. Trató de olvidar el incidente.

Pero desafortunadamente, no lo consiguió. Recordó al hombre enmascarado con el cabello plateado que le susurraba: "Mata a Gaspar y a Berto..."

"¡NO!" Gritó y dejó caer la copa de vino al suelo.

El líquido salpicó por todas partes, pero el vaso cayó sobre la alfombra y no se rompió...

Saltó de la silla, presa del pánico, mirando alrededor de la oficina, oyendo el latido de su propio corazón.

¿Dónde estaba Daniel? ¿Dónde estaba?

¡No quería estar sola!

Era como si el aire dentro de la habitación la asfixiaba. Empezó a quedarse sin aliento. Se agarró el pecho y se sentó en el suelo.

"No volveré allí... ¡NO!" El miedo hizo que su voz se volviera ronca y su rostro pálido.

Cuando Daniel volvió a su oficina, vio a Irene en el suelo. Sorprendido, se dio la vuelta rápidamente para entregarle los papeles a Estela.

Esta nunca había visto a Irene tan blanca.

No sabía que tuviera alguna enfermedad.

"Ire, ¿qué te pasa?" Daniel levantó a la temblorosa mujer del suelo y la sostuvo en sus brazos.

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