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   Capítulo 1061 No quiero vivir contigo

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 8229

Actualizado: 2019-05-27 04:18


Daniel se dio la vuelta y le preguntó a Gonzalo: "Llevas tres años trabajando en tu segundo hijo. ¿Cómo va eso? Acaso ya... ¿no eres capaz?"

Daniel lo miró y le guiñó un ojo, mientras la cara de Gonzalo se volvía roja. Quería contestarle algo ingenioso, pero no se le ocurrió nada. Sin esperar la respuesta de Gonzalo, Daniel se fue.

Estrella se rió, tapándose la boca con sus manos. Su hermano era suficientemente malicioso como para dejar a Gonzalo sin palabras.

Dejó de reírse en cuanto notó la mirada airada que este le lanzó. Recompuso rápidamente su rostro, se aclaró la garganta y dijo en voz baja: "Entremos".

La voz magnética de Gonzalo se hizo oír. "Estrella..."

Estrella miró hacia el techo. Presentía que algo malo iba a suceder. "¿Qué quieres?"

"Quiero probar algo contigo..."

Su corazón se detuvo un segundo. Estrella sacudió la cabeza, con una leve sonrisa en su cara. ¡Todo era culpa de Daniel! Conocía bien a su marido, y era totalmente consciente de lo que era capaz de hacer. Rápidamente, repitió: "Gonzalo, entremos..."

Lo siguiente que supo es que Gonzalo la había agarrado por la muñeca y que acabó contra la pared, con su cuerpo presionándola. Susurró con voz seductora: "Estrella".

En ese momento, su rostro hermoso e inocente se había vuelto peligrosamente atractivo. Estrella intentó evitar su mirada y dijo: "¡Gonzalo, le aseguraré a Daniel lo abrumador que eres en la cama!"

¡Por supuesto que lo haría! Siempre estaba satisfecha con su comportamiento en la cama...

No podría pedir nada mejor. A veces, había llegado a preguntarse si usaba algún potenciador sexual.

"No necesito demostrarle nada. ¡Solo necesito probártelo a ti!"

Gonzalo abrió la puerta de la habitación e informó a todos: "¡Queridos amigos y familia, Daniel, Estrella y yo nos marchamos ahora!"

"De acuerdo. Daisy, deberías irte a casa también. Se está haciendo tarde". Lola consultó su reloj. Eran más de las 11 de la noche.

Daisy estuvo a punto de responder, pero Gonzalo la interrumpió: "Mamá, le pediré al conductor que te lleve a casa".

"¿Pero, pensaba que también te ibas?" Daisy miró a su hijo con suspicacia.

La pareja seguía viviendo con sus padres y apenas iban al departamento de Gonzalo.

"Mamá, deja de hacer tantas preguntas. El conductor te acompañará a casa".

Estrella todavía estaba fuera. Intentaba indicarle a Daisy que quería irse con ella, pero Gonzalo estaba en el campo de visión de su madre, po

e. Estaba más que dispuesto a gastar el dinero, que había ganado con mucho esfuerzo, en ella y en su hija.

Sus padres ya eran ricos, y no lo necesitarían en absoluto.

"No. Por favor, quédatelas. ¡Realmente no hablaba en serio!" Con estas palabras, Irene le devolvió las tarjetas. Se sintió obligada a escapar de allí.

Solo había estado jugando con él. Nunca imaginó que él realmente le daría sus tarjetas de esa manera. Era increíble.

"Ire". La llamó mientras corría hacia la puerta. No estaba para nada contento con su reacción.

Irene abrió la puerta y dijo: "Daniel, necesito irme a casa ahora. ¡Nos vemos!"

Simplemente, tenía 26 años y no tenía prisa por casarse. ¿Por qué se le había ocurrido la idea de casarse con Daniel?

Qué desastre...

"Si te atreves a salir por esta puerta, yo... ¡me enfadaré contigo!" Daniel no sabía cómo evitar que se fuera. Las palabras que podía utilizar no expresaban sus sentimientos. Pero ni siquiera sabía si a ella le importaba cómo se sentía.

Irene miró hacia atrás. Sus ojos brillaban cuando le explicó: "Daniel, por favor, no te enojes conmigo. Simplemente siento que estos días, no estoy pensando con claridad. Necesito ir a casa y poner orden en mis ideas".

"¿Te importaría decirme qué tienes en mente?"

"No, yo... No puedo. ¡Tengo que averiguarlo yo misma!" Irene negó con la cabeza.

Daniel caminó hacia el contenedor de basura que estaba cerca de la puerta y dijo brevemente: "Bueno, ya que no las quieres, ¡ya no necesito guardarlas!"

"¡Espera! ¡Daniel, debes estar fuera de tus cabales!" Corrió hacia él y agarró su mano para evitar que tirara las tarjetas.

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