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   Capítulo 1072 Su abuelo se encargaría por él

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 7479

Actualizado: 2019-05-29 00:07


Sabina había tenido la misma idea que Hogin. Creía que tan pronto como Irene tuviera relaciones sexuales con otros hombres... con lo arrogante que era Daniel, nunca lo toleraría. ¡Una vez que esto sucediera, todo terminaría entre ellos!

Ignoraron por completo el grito histérico de Irene, y le inyectaron un líquido frío en el cuerpo.

Poco a poco, Irene se sentía más débil y caliente.

Los otros pandilleros fueron echados por Hogin, y solo permanecieron tres en la habitación: Irene, recostada en la cama, sin fuerzas, Hogin, ansioso por tener relaciones sexuales con ella, y Sabina, que se regodeaba con la difícil situación de su rival.

Sabina sacó de una bolsa la cámara de vídeo que había preparado con antelación, la colocó en un ángulo adecuado y se preparó para grabar.

"Hogin, ¡maldito bastardo!" Lo insultó Irene.

El médico retiró la jeringa después de ponerle la inyección.

Tenía tanto calor que quería quitarse la ropa.

"Si aún tienes fuerzas para maldecir, hazlo", dijo Hogin. No tenía prisa. No empezaría con ella hasta que sus fuerzas se agotaran. Entonces, podría hacer lo que quisiera.

"¿Qué me has inyectado?" Preguntó Irene. Intentó levantarse, pero sus brazos estaban tan débiles que simplemente volvió a caer en la cama.

Su goma del pelo se había perdido y su largo cabello caía hasta la cintura, cubriéndole la espalda.

Junto con su ropa excepcional, parecía una dama madura y elegante.

"¿Qué había en la jeringa? Por supuesto, ¡algo que puede hacerte feliz!" Dijo Hogin, descaradamente. Sabina puso sus brazos alrededor de su pecho y luego miró a la mujer en la cama.

Tenía que admitir que Irene era una verdadera belleza. No era de extrañar que Daniel estuviera tan loco por ella.

Ahora, estaba aún más sorprendida por su belleza.

"¡Hogin! ¡Maldito seas! A pesar de que he dejado la Puerta Tianye, todavía tengo un respaldo poderoso. Si te atreves a ofenderme hoy, ten por seguro que morirás en un par de días". Irene advirtió fríamente al hombre que la deseaba.

Su advertencia, aunque severa, sonaba débil, y a Hogin no podía importarle menos.

Estaba convencido de que, pasara lo que pasara, su abuelo se encargaría por él.

"¿No sabes que a todos los hombres les gu

"¿Cómo está Ire?"

Gonzalo estaba concentrado en tomarle el pulso e ignoraba completamente a los dos hombres que luchaban en el suelo.

Dos minutos después, le contestó a Gerardo: "Ire ha sido drogada. Tenemos que llevarla de inmediato al hospital para que le hagan más pruebas".

Irene arrancó la colcha y murmuró: "¡Daniel... ven a salvarme!"

Gonzalo la volvió a cubrir con la colcha y luego la sostuvo en sus brazos. La droga comenzó a hacer efecto, e Irene no pudo evitar restregarse con Gonzalo.

Este no lo dudó más y salió corriendo de la habitación, llevándola en brazos.

Gaspar había golpeado la nariz y las orejas de Hogin hasta el punto que sangraban. Gerardo lo apartó y le dijo: "¡Llevémonos a Hogin primero!"

Para ellos, la prioridad absoluta había sido Irene. En cuanto a Hogin, ya tendrían tiempo de torturarlo.

Les pidieron a dos de sus hombres que lo ataran y lo sacaran del edificio.

El resto de pandilleros fueron llevados a la comisaria de policía por los agentes que llegaron más tarde a la escena.

Gonzalo llevó el automóvil por la carretera a 150 km/h, mientras que Gerardo abrazaba a Irene en el asiento trasero.

"Ire, vamos al hospital. Todo irá bien", dijo Gerardo. A Gerardo le dolió el corazón cuando vio las marcas de mordeduras en el labio y el brazo de su hermana.

"Daniel, eres tú... Daniel", murmuró Irene. Ahora, se encontraba mareada por los efectos de las drogas. Miró a Gerardo, pero no podía distinguir nada con claridad.

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