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   Capítulo 1074 Qué escena de amor tan dulce

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 8352

Actualizado: 2019-05-29 00:19


Aterrorizado, el hombre terminó rápidamente de hablar y salió corriendo como alma que llevaba el diablo.

Mientras miraba su espalda, la enfermera se echó a reír. ¡Qué cobarde!

Gonzalo entró en el quirófano. Se puso su bata del médico esterilizada y ordenó a sus ayudantes: "Sujetad sus manos y primero, extraed un poco de sangre para hacer análisis..."

Necesitaba saber qué tipo de drogas le habían inyectado antes de poder administrarle cualquier tratamiento.

"Sí, Sr. Gonzalo", respondieron.

Como ya sufría una tortura lenta y dolorosa, Irene ni siquiera sintió nada cuando la aguja fue pinchada en su vena.

Fuera de la sala, Gerardo intentó llamar a Daniel de nuevo, pero su celular continuaba apagado.

Gaspar corrió hacia él y, mientras jadeaba en busca de aire, le preguntó: "¿Cómo está Irene ahora?"

"¡Acaba de entrar al quirófano!" Gerardo estaba muy impaciente en aquel momento, porque Daniel todavía no había regresado.

Gaspar no volvió a preguntar, sino que se sentó a su lado en el banco, esperando noticias sobre el estado de Irene.

"¿Dónde está Hogin?" Preguntó Gerardo. Mientras mencionaba su nombre, sus ojos ardían de rabia.

¡Si Daniel no se deshacía de Hogin, él mismo tomaría medidas para sentenciarlo a cadena perpetua!

"¡Está atado con una cuerda en el maletero de mi auto!" Respondió Gaspar. Tenía a algunos de sus hombres vigilándolo.

Media hora más tarde

Se abrió la puerta del quirófano, y Gonzalo salió primero.

Gaspar y Gerardo se acercaron de inmediato y uno de ellos preguntó: "¿Cómo se encuentra?"

"¿Se siente Irene mejor?" Preguntó el otro.

Gonzalo les contestó: "Le he administrado un tratamiento para eliminar la droga de su organismo, pero no ha sido totalmente efectivo. Su estado es más estable ahora, pero podría sufrir una recaída en cualquier momento... En conclusión... Aún es necesario que Daniel la ayude".

Terminando sus palabras, Gonzalo echó un rápido vistazo a Gaspar, cuya cara se había ensombrecido de repente.

Momentos después, sacaron la camilla de Irene. Ahora, su vista era más nítida pero miraba al techo sin entender donde estaba, recordando lo que le había ocurrido unas horas antes.

Debajo de la colcha, agarraba su ropa fuertemente con sus manos.

"Ire, ¿sigues...?" Gerardo quería preguntarle si aún se sentía mal. Pero se detuvo. No hacía falta, todavía debía sentirse fatal ya que la droga aún no había sido eliminada completamente de su cuerpo.

Junto con las enfermeras, Gerardo em

o seductor...

Cuando Daniel abrió la puerta de la habitación, esto fue lo que encontró. ¡Qué escena tan dulce y romántica!

El hombre presionaba a la mujer, y las manos de esta agarraban sus brazos...

Gaspar fue arrastrado por una poderosa fuerza antes de que un rotundo puñetazo volara directamente hacia su cara.

La comisura de sus labios se hinchó al instante y sangró.

"Daniel..." Susurró Irene. Pero su murmullo no lo serenó.

Con los ojos ardiendo de rabia, Daniel arrastró a Gaspar por el cuello, lo arrojó contra la pared y volvió a darle un puñetazo.

Gaspar lo esquivó con un brazo, pero muy pronto, llegaron más golpes que no pudo evitar.

Irene hizo un esfuerzo por incorporarse, pero no podía mantenerse en pie y pronto, se arrodilló en el piso.

"Daniel... Detente..."

Con un rostro sombrío, Daniel soltó a Gaspar y levantó a la mujer del suelo. Luego la tiró sin ninguna contemplación sobre la cama.

¡Decidió que debía proclamar su derecho sobre Irene!

Sacó su teléfono de su bolsillo y llamó a Rafael. Mirando fijamente a Gaspar, que se estaba limpiando la sangre de la boca, Daniel ordenó: "¡Rafael, en diez minutos, tráeme las cosas de la parte de abajo de mi caja fuerte a la habitación 802 del Hospital Privado Chengyang!"

"Sí, Sr. Si. Ya estoy en camino", respondió Rafael.

Después de colgar, Rafael corrió a toda velocidad desde el piso 22 hasta la oficina del Director General en el piso 88.

Dentro de la habitación privada de paciente

Daniel miró fríamente a la mujer que seguía murmurando en la cama. ¡Había regresado a toda prisa del País Z solo para ver la actuación que Irene le había preparado!

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