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   Capítulo 1094 Incluso podría haber menos distancia entre nosotros

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 6849

Actualizado: 2019-06-01 00:17


Con una sonrisa astuta, Daniel gruñó: "¿Crees que me atrevería a acosarte?"

"..."

No sólo Irene, también Sally estaba sorprendida ante esas palabras.

Ella realmente la admiraba. Nunca se imaginó que existiera alguien que pudiera poner en cintura a su hermano.

"No me refiero a eso... ¡Simplemente me preguntaba cómo es que tú y Gerardo se aman tanto!", bromeó Irene sin poder evitar sonreír.

Daniel se le acercó y dijo sin vergüenza: "Yo te amo más, Irene. Incluso podría haber menos distancia entre nosotros".

¿Eh? ¿Qué había querido decir?

Desconcertada, estaba a punto de preguntárselo, pero rechazó la idea tan pronto como vio su rostro presuntuoso.

Ella sabía que estaba pensando en algo sucio.

Dieron las nueve de la noche, la hora de dormir de los ancianos y los bebés, de modo que todos se despidieron y fueron a sus habitaciones.

Irene lavó los pies de las gemelas y las llevó a la habitación de Samuel.

Samuel y Luna se quedaron jugando con ellas en la cama, mientras que Irene fue a la habitación de Milanda a buscar a Daniel.

En el momento en que abrió la puerta, se quedó inmóvil ante la escena con la que se encontró.

Milanda estaba sentada en una silla, mirando amablemente a Daniel, quien le estaba lavando los pies.

Irene se tapó la boca y se mordió el labio para contener los sollozos. Nunca se imaginó que él lavaría los pies de su bisabuela sin ayuda de nadie. Estaba avergonzada de sí misma porque ni siquiera ella lo había hecho nunca.

Se sentía muy afortunada de haber conocido a un hombre bueno como Daniel.

Entonces corrió a la habitación de Gerardo y Sally y llamó a la puerta, y fue su hermano quien abrió. "¿Qué pasa?", preguntó él.

Irene lo abrazó y le dijo: "¡Gracias, Gerardo!"

Le agradecía por haberle dado su tarjeta de identificación a Daniel de modo que pudiera ser su esposa legalmente.

Gerardo, desconcertado por ese repentino gesto, la miró y le preguntó: "Ire, ¿qué pasa? ¿Qué hice?"

"¡Siempre has sido muy bueno conmigo! ¡Te quiero mucho, hermano!", dijo

Milanda le lanzó una mirada severa y dijo: "Daniel, eres un hombre excelente y puedes darle una buena vida. Protégela por siempre, y ella nunca dejará de cuidarte".

'Protégela por siempre y ella nunca dejará de cuidarte'. ¡Qué hermosas palabras!

Milanda había sido maestra y había leído muchos libros románticos.

Cuando era joven, un hombre le había dicho esas hermosas palabras, pero él había fallecido y no le había sido posible protegerla para siempre...

Ahora tenía todas sus esperanzas puestas en las generaciones más jóvenes, no sólo en Irene y Daniel, sino también en Sally y Gerardo. Tenía la esperanza de que esas dos parejas se mantuvieran felizmente casadas hasta el final.

"Bisabuela, cumpliré tus expectativas", prometió Daniel. Él solía desdeñar las frases románticas como esa, pero ahora, al escucharlas junto a la mujer que amaba, estaba asombrado de lo hermosas que eran.

Irene bajó la cabeza; una lágrima corría por su rostro.

Dicha lágrima fue a dar al dorso de la mano de Daniel, quien le levantó la barbilla y frunció el ceño, "Irene, ¿acaso no recuerdas lo que te dije?"

Irene negó con la cabeza, "No era mi intención llorar.

Simplemente estoy demasiado conmovida".

"Entonces deja de llorar", dijo él con ternura secando sus lágrimas con su pulgar. Sus lágrimas siempre provocaban que sintiera dolor en el corazón.

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