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   Capítulo 1097 Ciudad de Rosal

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 8269

Actualizado: 2019-06-01 01:27


... Irene miró al hombre y dijo: "Está bien, lo sé. Cuida con tu herida y no olvides tomar tu medicamento a tiempo. Daniel, si no lo haces, ¡te juro que me enojaré bastante contigo!"

Él puso los ojos en blanco, pero finalmente asintió y prometió: "Está bien, lo haré".

"Ya puedes irte", lo urgió ella, quien lo vio entrar en el coche y alejarse.

Conforme el automóvil de Daniel se alejaba más y más, Irene recordó de repente que él le había dicho que sus anillos estarían listos en medio mes.

¡Desde entonces, sólo había pasado una semana! Ella suspiró, 'Ni modo... ¡Tendré que esperar otra semana!'

Un momento después entró a su pastelería seguida de cerca por Rio. Como no había podido hacerse cargo del negocio en los últimos días, Daniel había contratado gente para que se encargara de renovarlo. Al entrar, descubrió que el lugar ya había sido remodelado, de modo que ya podía empezar a comprar equipo y ponerlo en su respectivo lugar.

Tampoco tenía que preocuparse por contratar empleados, porque Daniel también se había encargado de ello. Habría suficientes trabajadores en el momento en que ella decidiera abrir su negocio.

Irene le dio una vuelta al lugar y luego salió a comprar equipo y otras cosas que hacían falta.

Esa misma mañana, cuando se disponían a salir de su casa, Daniel le exigió que usara su tarjeta de crédito para comprar el equipo para la tienda.

Irene se había negado, pero él dijo: "Ya tienes 27 años. ¡Si sigues usando el dinero de tu padre, él se enojará y romperá lazos contigo!"

... ¡Por supuesto, ella sabía que el "padre" al que se refería era Samuel!

También comprendió que no lo decía en serio. Incluso era posible que Samuel se alegrara de que su hija todavía dependiera de él.

'¡Bien!', después de pensarlo, finalmente decidió usar el dinero de Daniel. De todos modos a él le sobraban recursos. Incluso si se gastaba millones de dólares, a él no le importaría en absoluto.

Después de comprar algo de equipo y de salir del mercado, ella notó un edificio en construcción. Ya estaba casi terminado, y había sido nombrado 'Ciudad de Rosal'.

Se veía espléndido desde fuera. Estaba decorado con dibujos de rosa en el exterior y adornos en forma de rosa en el interior. La decoración se mantenía fiel a su nombre.

Le pidió a Rio que detuviera el auto en el lado opuesto de la carretera, y desde ahí observó a los trabajadores cepillar la pintura. Se preguntaba cuándo habían comenzado a construir este ed

omo pedirle que le comprara el hotel.

"No, será en otra ocasión... ¡Nos besaremos en otra ocasión!", dijo.

"Está bien. ¿Qué te parecen diez besos al día? ¿Qué piensas?", preguntó Daniel.

"No, Daniel, hablo en serio. De verdad no lo quiero... Ah..." En un instante, él besó sus labios rojos a la fuerza.

Después de un largo rato la dejó ir y le dijo: "Entonces seré yo quien te bese, ¿de acuerdo? Cada beso vale cien millones".

Él lo pagaría.

"..."

En ocasiones podía ser muy terco y juguetón...

"Dime, ¿por qué me pediste que viniera a tu compañía?", dijo ella cambiando el tema de repente. No volvería a mencionar el hotel frente a él. De todos modos él terminaría olvidándolo, ya que siempre estaba muy ocupado.

Daniel miró su reloj de pulsera y vio que eran las cinco y diez, así que dijo: "Vamos. Te llevaré a un lugar".

"¡Bien!" Ella lo siguió fuera de su oficina.

Cuando Rafael los vio salir, saludó: "¡Hola, Sr. y Sra. Si!"

"... ¡Hola Rafael!", Irene le devolvió el saludo. Lo saludó con la mano y pensó que él realmente trataba bien a Daniel, que siempre lo obedecía sin chistar. Y ahora, a ella siempre la llamaba Sra. Si.

Daniel le dijo, "Ve y prepara mi auto. ¡Te esperamos en la entrada de la empresa!"

"¡Sí, Sr. Si!"

Rafael inmediatamente tomó las llaves del auto y caminó hacia el ascensor.

Esta vez, Daniel conducía un Lamborghini rojo. Ella no sabía que él tuviera un auto deportivo de ese color.

"¿A dónde vamos? ¿Iremos a cenar? Vayamos por nuestras hijas", le dijo Irene al hombre que estaba a su lado mientras miraba por la ventanilla del coche. Daniel se veía muy feliz ese día.

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