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   Capítulo 1108 Mami nos regañó

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 8251

Actualizado: 2019-06-03 00:22


"Escuché que había una artesana altamente calificada viviendo en la parte sur de la ciudad quien es una experta en el arte de hacer ropa de cama. Incluso ha ganado premios por su bordado, así que intentaré invitarla a que venga aquí y te enseñe sus secretos". Samuel lo tenía todo planeado. Ire era su preciosa hija y le darían algo especial para que los recordara por siempre, algo que el dinero no podía comprar.

"Muy bien. Pensaré en otra cosa entonces", dijo Luna.

"Querida, ¡vayamos a dormir ahora! Ya es tarde".

"¡Buenas noches!", le respondió Luna a su marido para luego dormirse rápidamente.

Samuel apagó la lámpara de la mesilla y sostuvo a su mujer en sus brazos.

En contraste con la noche tranquila en la Mansión No. 8, en la Mansión No. 9 se producía tanto alboroto. Las gemelas estaban sumamente emocionadas, y jugaban alegremente con Daniel en el segundo piso de la casa. Ya eran las diez de la noche y todavía no se habían acostado.

Cuando Irene vio, después de bañarse, que todavía estaban despiertas y levantadas, dijo: "¡Melania, ve a la cama con tu hermana, ahora mismo! ¡De prisa!"

Melania le hizo una mueca a su madre, que todavía tenía el cabello mojado, y dijo: "Mamá, no quiero irme a la cama todavía. Quiero jugar un rato, sólo un rato, ¿está bien? ¿Papi?"

Daniel estaba a punto de meter a las pequeñas a la cama, pero al ver los ojos ansiosos de Melania, se tragó sus palabras iniciales y, en cambio, dijo: "Está bien".

"¡Sí! ¡Eres el mejor papá de todos los tiempos! ¡Dame un beso, papi!", dijo la niña.

"¡Yo también quiero un beso, papi!", dijo también Michelle, quien hizo sus juguetes a un lado, se trepó en la cama, y abrazó a Daniel con sus pequeños brazos.

Él le dio un beso a cada una de sus niñas.

Irene se sintió impotente y dijo: "Daniel, si se van a la cama demasiado tarde, ¡no podrán levantarse temprano mañana por la mañana!"

"Entonces déjalas dormir otro rato", dijo él con indiferencia mientras seguía jugando con ellas.

Las gemelas saltaban arriba y abajo gritando alegremente en la cama, mientras su padre sonreía y las miraba pacientemente.

A las once y media, las dos niñas finalmente se quedaron dormidas.

Irene también tenía mucho sueño y se acostó al lado de ellas. Mirándolas a las tres durmiendo pacíficamente, Daniel sonrió.

Al día siguiente, Irene y Daniel fueron a la tienda de vestidos de novia junto con las gemelas.

La cita era a las ocho de la mañana, pero no ll

empre terminaban peleando.

Para evitarlo, Irene había comprado dos iPads, uno para cada una de ellas.

"¿Por qué?" Antes de que ella pudiera responderle, escucharon jadear a las dos empleadas.

¡Irene miró hacia adelante y vio que lo que tanto temía había sucedido! Las dos niñas se peleaban blandiendo sus pequeños puños.

Las empleadas querían detenerlas, pero no sabían cómo, y no tuvieron otra opción que separarlas de inmediato.

"¡Melania, tú eres la hermana mayor y me tienes que complacer! ¿Cómo pudiste meterte conmigo?", le dijo furiosamente Michelle a su hermana. Ella a menudo discutía con Melania.

Si Irene no se equivocaba, Melania iba a responder: "¡Cuando estamos viendo dibujos animados ninguna es mayor o menor! ¡Nací sólo unos minutos antes que tú! ¡Tenemos la misma edad!"

Y luego Michelle contestaría: "¡Entonces llámame hermana mayor de ahora en adelante!"

"¡No! ¡No lo haré!" Y ellas podrían seguir así por siempre...

... Lo que sucedió después demostró que tenía toda la razón.

Daniel sostuvo a sus dos hijas en sus brazos y, mientras sonreía, puso a Michelle en el sofá y le dijo: "Ya estás separada de tu hermana", luego sacó su teléfono celular del bolsillo y se lo dio a Melania, a quien le dijo: "Melania, ¡puedes ver dibujos animados en mi teléfono!"

Pero esta no aceptó y apartó a Daniel, y poniendo mala cara, con una voz descontenta dijo: "Papá, ¡no puedes consentir a Michelle así! No estoy feliz..."

Daniel le secó apresuradamente las lágrimas y la consoló amorosamente. "Mi pequeña, ¿cómo podría papi consentir a una y no a la otra? ¡Ambas son mis amadas hijas! Ya no llores..."

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