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   Capítulo 1129 Es un niño

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 7529

Actualizado: 2019-06-06 00:17


En la sala de parto, la bolsa de líquido amniótico de Irene se rompió, y una doctora experimentada la ayudó a dar a luz a su bebé.

Daniel se dio la vuelta para evitar que Gonzalo entrara y gritó: "¡Fuera!"

Gonzalo protestó, "Pero soy médico..."

"Ya tenemos una médica aquí. ¡Fuera!", insistió Daniel.

Impotente, Gonzalo se quitó la mascarilla y salió de la sala.

Mientras veía a Daniel entrar, Irene no podía soportar el dolor y gritaba: "¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Duele!"

Al escucharla, Daniel le gritó a la ginecóloga: "¡Sé amable!"

Esta estaba tan asustada que le temblaban las manos.

¿Cómo podía responsabilizarla? El dolor de Irene no era culpa suya.

Irene se aferró a su mano, negó con la cabeza y dijo: "No, no es por ella... Ah... ¡Duele!"

Irene se había preparado mentalmente para ese día. En caso que Daniel no estuviera allí, había decidido ser fuerte y dar a luz al bebé en silencio.

Pero ahora que había vuelto, toda su fuerza se había desvanecido. Simplemente, quería gritar bien alto todo el dolor que estaba sintiendo...

Daniel le puso su muñeca en los labios y dijo: "Ire, abre la boca y muérdeme".

Irene sufría tanto que no se negó. Lo mordió con fuerza, tratando de soportar el dolor del parto.

Cuando notó el sabor de la sangre, aflojó de repente su bocado.

Daniel levantó la manga de su otro brazo y le pidió que hiciera lo mismo, pero Irene se negó. Dijo: "No... ¡Ay! No es necesario... El bebé nacerá pronto".

Pero, en realidad, el dolor se hizo más fuerte.

La doctora le dijo: "Sra. Si, por favor empuje más fuerte. Ya puedo ver la cabeza del bebé".

...

Irene estaba agotada. Sintió que toda su energía ya se había desvanecido, pero solo la cabeza del bebé estaba fuera.

Recordó que no había sido tan lento con las gemelas...

Las palabras de la doctora provocaron la curiosidad de Daniel. Sin soltar la mano de Irene, se movió unos pasos. Su corazón se estremeció cuando vio al bebé salir.

Irene siguió las indicaciones de la enfermera y siguió inspirando y expirando de manera regular.

Un par de minutos después, el bebé finalmente nació.

La expresión de Daniel era casi la misma que la de Gerardo cuando había presenciado el parto de Sally.

Este hombre habitualmente s

la cama. Agarró la mano de Irene y la puso sobre sus labios.

La habitación se quedó en silencio. Mirando a su esposa, el corazón de Daniel se llenó de amor y tristeza.

Se culpó a sí mismo por no haber elegido un mejor momento para llevar a cabo sus planes. No estuvo a su lado cuando estaba embarazada.

Y durante ese tiempo, también había sufrido el dolor de perder a su bisabuela. Se preguntó cómo había pasado por todas esas dificultades mientras él estaba lejos.

Y ahora, el dolor de dar a luz... Daniel se sintió mal, dado que había sufrido mucho por su culpa.

Unos momentos después, Irene abrió lentamente los ojos. En lo más profundo de su conciencia, sabía que Daniel había regresado y estaba haciéndole compañía, así que ya no quería dormir.

Cuando abrió los ojos, Irene vio que la estaba mirando con afecto.

Se incorporó en la cama y se arrojó a sus brazos, diciendo: "¡Cariño!"

El corazón de Daniel se estremeció. La abrazó con fuerza, como si quisiera que sus dos cuerpos formaran solo uno.

"¡Te extrañé tantísimo! ¿Por qué no me hiciste ni una sola llamada? ¿Por qué no volviste para verme?"

Enterrando su rostro en sus brazos, Irene se enfrentó a él con voz apagada. ¡Lo había echado tanto de menos!

Daniel tenía miles de palabras en la mente, pero al final, solo pudo decir: "¡Lo siento!"

Irene negó con la cabeza. Sabía que Daniel no había hecho nada malo, al contrario, por su bien, había arriesgado su vida luchando contra Aitor Gong en el País Z...

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