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   Capítulo 1133 No. 296, ¡Se puede ir! (Romance)

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 9817

Actualizado: 2019-04-01 00:07


En el País Z había un hotel de cinco estrellas llamado Península Internacional, en él, junto a la ventana de la habitación 2208, se encontraba una mujer usando un suéter de estilo cárdigan en tono vino. La habitación estaba en el piso 22, era una suite presidencial. Su cabello estaba recogido por un prendedor en la parte superior de su cabeza, y sostenía en su mano una copa de vino, de una botella recién abierta.

La mujer era linda, con largas y rizadas pestañas que brillaban bajo el sol. La punta de su nariz era ligeramente respingada, y un lápiz labial color carmín adornaba sus herméticos labios fruncidos.

Un par de finas gafas con armazón negro se balanceaban delicadamente en el puente de su nariz, otorgándole un aspecto elegante y profesional.

Varias nubes negras comenzaron a avecinarse sobre el cielo aún azul.

Ese oscuro escenario le recordó la misma fecha exactamente de un año y medio atrás.

Los rayos comenzaron a iluminar el extenso horizonte, y de inmediato la mujer supo que llovería en cualquier momento.

La mujer recordó aquel desdichado día, durante su condena en la prisión de mujeres al oeste del País A.

El custodio entró a la celda escoltado por dos policías mujeres. Una de las policías gritó: "¡Reclusa número 296, puede irse!"

La prisionera de inmediato soltó el bordado en el que estaba trabajando, y este cayó al piso.

Durante el último año y medio, ella había escuchado esas palabras tantas veces. Cada vez, esperaba que la policía mencionara su número de reclusa. Sin embargo, nunca lo nombró, no lo hizo, hasta el día de hoy.

"Se puede ir." Claramente, entendió lo que quería decir.

Había recuperado su libertad. Después de todo lo que había sufrido en prisión, podía irse a casa.

Poco después, el enorme portón de la entrada de la prisión se abrió lentamente. Una chica vestida con ropa de tono verde oscuro, caminó a través de la puerta. Su antigua figura robusta desapareció, después de haber estado condenada un año y medio prisión, perdió algo más que la libertad, su cuerpo ahora era más delgado.

Por otro lado, su rostro se conservaba redondo a pesar de su gran pérdida de peso.

Cerca de la puerta, se encontraba una pareja sosteniendo un paraguas. El hombre tenía un aspecto majestuoso, y la mujer era simplemente elegante. Se podía apreciar que ambos eran de mediana edad, sin embargo, no se notaba en ellos el paso del tiempo.

La mujer mayor se acercó a la chica al verla salir. "¡Oh, cariño mío, no puedo creer cuánto has sufrido!"

Suavemente acarició con su mano el rostro de la chica. Su rostro siempre fue redondo, un poco regordete, sin embargo, ya había perdido esa forma, ahora era delgado.

Las sencillas y acogedoras palabras que escuchó Sofía Lo fueron como un vaso de agua en medio del desierto.

"Tía, (forma china de mostrar cortesía y educación, no hay parentesco), usted fue quien pudo sacarme de aquí". La mujer mayor inclinó la

reo en tu palabra. Es prácticamente imposible que seas capaz de matar a alguien. Pero todo ha quedado atrás. Deberías olvidarlo y no volver a pensar en eso. Hablaré con tu tío para que investigue el incidente donde murió tu madre."

"Gracias, tía. Aunque... hay una cosa más que me gustaría pedirle." Sofía le imploró.

Wendy tomó su mano y le dio unas suaves palmaditas en el dorso; "Dime cariño."

"Desde el accidente de mi familia, no he tenido noticias de mi hermano, parece que ha desaparecido". Su hermano solo tenía 18 años, ella aún lo veía como un pequeño, era un niño en sus ojos.

Wendy comprendió lo que quería. Yonata, quien se encontraba sentado a un lado, tomó su celular y comenzó a hacer varias llamadas.

Esa misma tarde, en compañía de Wendy, Sofía se dirigió al hospital psiquiátrico en Jia Town.

Jay Lo, quien solía ser un cortés y agradable profesor de universidad, parecía otra persona y lucía un aspecto demacrado. El brillo en su mirada se había esfumado.

Su cabello estaba descuidado y su ropa estaba completamente sucia.

Nadie había pagado su estancia en el hospital, así que al no recibir ni un centavo, el hospital renunció a su cuidado.

A pesar de que Sofía trató varias veces comunicarse con él, no dio señales ni respuestas. Sofía estaba a punto de darse por vencida cuando de pronto Jay la miró, comenzó a reír y la señaló de manera burlona; "¡Mírate, te ves tan tonta cuando quieres llorar! Eh, eh".

Después de verlo reaccionar, Sofía no pudo menos que llorar con la emoción y gritó con todas sus fuerzas.

Yonata se encargó de todos los trámites necesarios para transferir a Jay. A partir de ese momento, lo atenderían en el mejor hospital psiquiátrico de todo el País A. Yonata se ocupó de buscar a los mejores neurólogos del país para que examinaran a Jay.

En el cuarto día en la casa de los Li, Wendy tocó la puerta de la recámara de Sofía y le pidió que le prometiera un cosa en particular.

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