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   Capítulo 1489 ¿Por qué estaba mintiendo

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 9498

Actualizado: 2019-05-05 00:17


De repente, alguien dijo: ¡Dios mío, es Álvaro, mira, está llegando!, wow...", su euforia era tan fuerte que no pudo evitar soltar un grito.

Otra mujer dijo: "¡Sí, realmente es él, míralo, se está quitando los lentes!, es tan guapo, ¿a poco no parece un sueño hecho realidad?, me ha quitado el aliento, ¡me gusta muchisimo, no sé que hacer!, mi corazón late más rápido...".

"¿Por qué tanta adulación?", Ángela pensó con enfado, frotándose las orejas. ¿Que no hay alguien más guapo?, las mujeres siempre lo encontraban irresistible, todos los días se encontraba con algún detalle de sus admiradoras hacia Álvaro, como flores y cartas; su paciencia había llegado al límite. Ella no podía imaginarse a sí misma volviéndose tan loca como ellas por un chico guapo. Estas chicas estaban tan dementes como inmaduras.

Además ella mantenía una linda amistad con él, generalmente, Ángela le silbaba a Álvaro cuando lo veía o bromeaba con él en los pasillos. Pero ahora, ella no quería verlo...

para su mala suerte, Álvaro la llamó en ese momento con un auténtico tono de enojo.

Nancy se dio cuenta de algo, ella lo miró, luego a Ángela y después otra vez a él, pensó que querían hablar, así que soltó a su amiga y le dijo: "Este... mejor me voy, los veo más tarde".

Álvaro se limitó a asentir con la cabeza y regresó su mirada hacia Ángela para decir algo, pero ella fue demasiado rápida. jaló a Nancy y no la dejó irse. Ella se volteó y la miró de frente, Ángela le susurró: "no te vayas todavía, por favor", ella entendió la magnitud de la situación así regresó rápidamente a su lado.

A él tampoco le importaba, y le preguntó a Ángela que había querido preguntar desde un principio, "¿qué te dijo mi madre?".

"Ella dijo que el café en la Cafetería Rivas es bastante bueno", dijo Ángela con el rostro pálido, "y que mañana estará haciendo frío, que será mejor que me abrigue... eso es todo", cuanto más divagaba, más se dispersaba de sí misma. Álvaro la fulminó con la mirada, cada vez más despectivo con cada palabra, "¡Ángela Si!", gritó él. por fin, aquí estaba el tono de voz enérgico que tanto temía.

Ángela y Nancy se quedaron inmóviles mientras lo escuchaban gritar, tratando de no aparentar miedo, pero el corazón de Ángela estaba envalentonado por eso, ella miró a Álvaro y le gritó con fuerza para igualar su volumen: "¿por qué no le preguntas a tu madre lo que dijo?, ¿por qué me preguntas a mí?, yo no dije nada, ¿de acuerdo?, ¿por qué estás enojado conmigo?".

"¡Ay por Dios!", pensó Nancy, quién no podía creer lo que sus ojos estaban viendo, nunca imaginó que Ángela podría exaltarse tanto. La jaló de la manga y dijo: "Cálmate, cálmate...", Álvaro la miró y le dijo tranquilamente: "no estoy molesto contigo", todo lo que quería saber era lo que su madre le había dicho, lo que hacía que ya no quisiera vivir con

ntía que se ahogaba, no saldría ilesa de la tempestad.

Álvaro se mantuvo en silencio por un rato hasta que finalmente dijo: "no, no lo haré".

Allí estaba, la respuesta que tanto anhelaba, Ángela sintió que el mundo se le vino encima.

Sus manos temblaban, pero ella agarró la bolsa con firmeza, ¿por qué?, se preguntó, ¿por qué estaba mintiendo?, ¿o fue su madre?, ¿cómo iba a decirle?, de acuerdo, dijo para sí, ella sabría la respuesta mañana por la noche, en un día más, todo quedaría claro.

Ángela no levantó la cabeza, se mordió el labio inferior y dijo: "Gracias, me voy", con las manos congeladas, agarró sus cosméticos y miró hacia la puerta.

"¡Ángela!", él la llamó, parecía desolado bajo el halo de luz arrojado por la farola, "¿qué?", ella se dio media vuelta, porque podía sentir el llanto estallar en su pecho, pero no quería que la viera así...

Álvaro no respondió enseguida, él solo se quedó mirando su espalda. Él quería ver su rostro, y entregarle sus cosméticos fue el pretexto perfecto, él quería verla, la extrañaba.

Pero parecía que ella no quería verlo.

"Regresa y duerme bien", gritó a la pared que estaba detrás de ella, "no olvides tu promesa, te esperaré mañana en casa".

Ángela sonrió y le habló con tranquilidad, "¡lo sé y no lo olvidaré, será mejor que vuelvas a casa, hace mucho frío!", después de decirle eso, empujó la puerta de vidrio y

caminó hacia el interior del edificio hasta que perdió de vista a Álvaro, luego entró en el ascensor. Ángela se apoyó contra la pared y se sintió aliviada.

Pero chorros de lágrimas rodaban por sus mejillas de forma incontrolable, no podía comprender su propio corazón. Álvaro no le había hecho nada, entonces, ¿por qué estaba llorando?

...

La noche siguiente, pidió horas libres, estaba de mal humor. Álvaro quería que se tomara sólo una hora de descanso, pero ella insistió en tomar dos.

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