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   Capítulo 1520 No te vayas a retractar

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 8683

Actualizado: 2019-05-11 02:02


Ella decidió acusar a Álvaro una vez que regresara a casa. ¡Él y Ángela se habían unido para hacerle bullying, pidiéndole que recogiera las sobras, lavara los platos y limpiara la cocina! ¡Cómo se atrevían!

¡Le pediría a su mamá que le diera una lección a esa astuta pareja!

Desde la cocina se podían escuchar gritos de angustia y frustración, acompañados del ruido de platos que se rompían. Ángela, que ya estaba en los brazos de Álvaro, comenzó a preocuparse.

"No te preocupes por ella", le dijo Álvaro atrayéndola hacia él cuando ella trató de zafarse de su abrazo para ver qué estaba pasando en la cocina.

"Pero parece que está rompiendo los platos...", protestó Ángela.

"No importa. Ya no romperá ninguno una vez que haya practicado un par de veces". Como Ángela había preparado la cena que, por cierto, Lulu había disfrutado mucho, debía ayudar a lavar los platos. ¡No existe tal cosa como una cena gratis! Todos tienen que hacer su parte del trabajo y ella no podía comer sin contribuir.

En realidad, eso no era lo más importante. Sólo hacía falta ver lo que le había hecho a Ángela un poco antes, ¿cómo podía ella tener el valor de compartir el fruto del trabajo de ella?

Ángela asintió 'Lulu, tu hermano es rico. A él no le importan los platos que rompas. Buena suerte', pensó para sí misma.

Después de una hora, Lulu, agotada por el trabajo, salió de la cocina. Aunque su mal genio se había calmado un poco, se puso furiosa apenas vio la escena que se desarrollaba en la sala de estar.

Ella estaba sumisamente apoyada en el pecho de su hombre, y él la apapachaba mientras veían una película. Las manos de ella sostenían los bocadillos que ambas habían escogidoo antes en la tienda. Luego, ella comió un bocado y le dio otro a él.

Aunque `parecía que a él en realidad no le gustaban mucho los bocadillos, tampoco se negaba a comerlos.

Justo cuando Ángela estaba a punto de poner la última rebanada de durian seco en la boca de Álvaro, Lulu saltó hacia ellos gritando. "Esas son mis rebanadas de durian. ¿Por qué se las comieron todas?", los cuestionó. "¡Tiranos! ¡Bestias!", le gritó a la pareja.

Como Álvaro no estaba interesado en comer más rodajas de durian, en silencio observó a Lulu tomar la fruta de la mano de Ángela y echársela a la boca.

Ángela no estaba muy feliz. Ella fingió patear a Lulu y enojada le dijo: "Se lo iba a dar a tu hermano. ¿Por qué me lo quitaste y lo engulliste?"

"¡Yo lo escogí!", respondió Lulu agresivamente.

"Fui yo, ¿de acuerdo?", replicó Ángela con los ojos bien abiertos.

Aunque en el fondo ambas sabían que hab

ndo había visto esa foto.

"¡Sí! ¡Porque en ese momento no sabía que Álvaro me haría lavar los platos! Mamá, tú nunca me obligas a hacer esos trabajos, ¡pero míralos a ellos! Debes ponerles un hasta aquí por mi bien. ¡Por favor!", suplicó Lulu.

Para su sorpresa, su madre negó con la cabeza y preguntó: "Ángela hizo la cena, ¿no es cierto?" Ella también había visto la foto y sabía que la chica con el delantal haciendo una mueca, era Ángela.

"¡Sí!" Lulu miró a Taina confundida, preguntándose por qué había preguntado de repente sobre la cena.

"Ángela cocinó la cena, y Álvaro estaba ocupado en el hospital. Entonces, ¿qué hay de injusto en que una glotona como tú limpie la cocina?", preguntó Taina encogiéndose de hombros. Lulu era una chica perezosa. Con más de veinte años, nunca podría cocinar algo como lo hacía Ángela. Incluso, cosas pequeñas como lavar los platos podían hacer que reaccionase de forma exagerada.

... Lulu se calló al instante al escuchar las palabras de su madre, pues ella también pensaba que estaba exagerando.

"Pero a ti no te caía bien Ángela, mamá", dijo ella, todavía queriendo dar pelea.

"No. Y aún no me agrada". Sin embargo, Taina tampoco la odiaba.

"Pero...", sin estar convencida del todo, Lulu continuó discutiendo, "¡Álvaro también comió gratis! ¿Por qué él no tuvo que lavar los platos?"

"Eso fue porque tú estabas allí. Quién sabe quién lave los platos cuando los dos están solos", sonrió Hugo, quien hasta ese momento se había mostrado renuente a dar una opinión.

Debido a que Ángela parecía tener el mágico poder de hacer que su hijo la tratara de una manera tan especial, entonces una imagen como la de Álvaro lavando los platos no era tan difícil de imaginar.

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