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   Capítulo 1523 Esta vez sí que había causado un gran problema

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 9051

Actualizado: 2019-05-12 00:07


¿Cómo se había enterado Álvaro de que ella estaba en esa taberna? ¿La había seguido? ¿O le había puesto un localizador encima?

"¿Qué pasa? ¿Por qué no me avisaste antes de venir aquí?", preguntó Álvaro muy molesto. ¿No sabía ella que se podía topar con personas tanto buenas como malas? ¡Y cómo se atrevía a pedir bebida alcohólica en una taberna de mala muerte como esa!

¿Acaso no sabía de su poca tolerancia a la bebida? Álvaro estaba tan enojado que la sangre palpitaba en sus sienes.

"Ehhh... ¡Fue por culpa de Rafael!" Ángela confesó que se había encontrado con Rafael por la tarde, y él la miró fríamente. ¡Rafael! ¿Qué no le había pedido al director del Departamento de Farmacia que le diera una lección a ese mocoso?

¿Por qué estaba todavía en el Departamento de Farmacia? ...

A Ángela le daba vergüenza decir ciertas palabras, pero Álvaro sabía que de la boca de Rafael no saldría nada bueno. Después de todo, ¡una boca sucia no es capaz de producir un lenguaje decente!

'¡Sólo espera y verás como voy a castigar a Rafael!'

"¡Ven conmigo!" Álvaro agarró a Ángela por la muñeca y la levantó bruscamente.

Ella exclamó: "¡No! ¡Rafael llegará en cualquier momento!"

"Le diré que te has ido". Él apretó los dientes con ira.

Si Ángela se atrevía a beber esa copa de cóctel, ¡tal vez fuera ella la que terminaría con ciertos "arreglos"!

"Está bien. Pero ya he ordenado el cóctel, y es del más caro. Sólo espera un minuto...", protestó Ángela. Ella lo miraba con ojos implorantes cuando él tomó el vaso con determinación. "¡Eh! ¡Álvaro! ¡Álvaro! ¡No puedes beber eso! No bebas el cóctel", gritó Ángela mientras él bebía todo de un solo trago. Ángela dejó de gritar y lo miró impotente.

¡Oh no! ¿Qué había hecho? Ángela acababa de inventar una droga que silenciaba las cuerdas vocales de una persona durante un año, y la había mezclado con el cóctel.

"¡Álvaro! Déjame llevarte al hospital".

Ángela estaba tan asustada que se echó a llorar. Ella no había inventado el antídoto contra esa droga, ya que, ¿cómo iba a saber que Álvaro bebería el vino destinado para Rafael?

"¿Por qué tenemos que ir al hospital?", preguntó él en voz alta mientras miraba a Ángela, quien estaba sollozando, confundida.

¿Eh? ¿Lo había escuchado hablar? Ella dejó de sollozar y lo miró. ¿Qué había salido mal? ¿Por qué no había perdido la voz? ¿Tal vez el efecto de la droga se había retrasado?

Como fuera, había sido ella quien le había añadido la droga al vino, y no tenía el coraje de decirle la verdad. "No me siento bien. Vayamos rápido al hospital".

Ángela inventó una excusa y salió de la taberna con Álvaro pisándole los talones.

Afuera, Conrado estaba esperando junto al co

o un gran problema!

Ángela estaba tan ansiosa que no había parado de sudar, y además de eso, no podía quitarse de encima al hombre que la tenía atrapada debajo de él.

"Álvaro... Ala Grande..." Estaba aterrorizada. En un intento por quitárselo de encima, lo llamó por su nombre una y otra vez, pero él la ignoró. Excitado como estaba, interpretó sus exclamaciones como sonidos de aprobación, así que le arrancó los botones de la blusa con entusiasmo.

Ángela muchas vces había imaginado que drogaba a Álvaro para poder dormir con él, pero esos sólo eran pensamientos. ¡No se hubiera atrevido a hacerlo!

Y ahora que las cosas en verdad estaban sucediendo como se lo había imaginado, estaba aterrorizada.

Se aferró a la sábana y se preguntó qué debía hacer. Álvaro había perdido todos los sentidos.

Sin darle la oportunidad de pensar más e incapaz de controlarse, él comenzó a besarla frenéticamente. No podía esperar para hacerle el amor.

"Ángela...", volvió a llamarla tiernamente por su nombre. Su boca se cerró sobre la de ella bloqueando su grito de dolor.

...

Los dos hicieron el amor toda la noche y no se durmieron sino hasta las primeras horas del amanecer.

Por la mañana, todo estaba tranquilo. Ángela se sentía magullada y terrible debido a una noche de relaciones sexuales al mismo tiempo brutales y tiernas. Luchó por abrir los ojos, se quitó el brazo de su cuerpo y salió silenciosamente de la cama.

Sentía que sus piernas se doblaban bajo su peso, así que se apresuró a agarrarse de la cabecera de la cama para evitar caerse.

Luego, hizo un último esfuerzo por llegar al guardarropa, donde se vistió casualmente. Entonces salió de ahí con las piernas débiles y totalmente despeinada.

Al salir del apartamento, cerró suavemente la puerta con su débil brazo.

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