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   Capítulo 1554 Quería perseguirla

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 9956

Actualizado: 2019-05-18 00:17


El hombre que se encontraba inmóvil en su colorida chaqueta era plenamente consciente de que todos los presentes provenían de una larga lista de personas influyentes. A través de su propia asamblea, se sintieron intimidados, así que no se atrevió a ofenderlos, tuvo que confesar la verdad de inmediato porque esto era lo correcto en esta situación. "Bueno, fue Benito quién nos pidió", comenzó educadamente, "investigar la vida laboral de Ángela y acompañarla de regreso... Él nos dijo que lo que más le atraía de ella era que parecía ser el tipo de persona que sabía cómo divertirse... Y por eso deseaba divertirse... con ella".

"¡Estás mintiendo, nunca dije nada por el estilo! ¡Retráctate en este instante!", Benito se convulsionó rigurosamente desde su posición atado en la cama, de pronto se liberó de una sacudida y se puso de pie frente a su delator, enseguida, se lanzó a los golpes contra el hombre.

Álvaro le dio una órden a Conrado mirándolo con frialdad y éste se dispuso a separar a los dos hombres.

Cuando el hombre pudo volver a respirar y se sintió cómodo para continuar con su historia, dijo: "Fue cuando llegamos al hospital..." Y a partir de aquí, el hombre fue libre de decir su verdad y lo hizo con mucha calma, todas las fechorías que Benito había hecho salieron a la luz de una forma sutil para preservar la virtud de los hechos. Cuando el hombre terminó, todos en la sala se volvieron como estatuas romanas, quietos y silenciosos.

La deliberación no tomó mucho tiempo para saber quién era el que tenía razón y el que era culpable, era obvio para todos.

El rostro de Helen palideció. Las acaloradas miradas cayeron como dagas sobre su hijo, pero aún así tenía que hacer algo para salvar su reputación y su dignidad. "No importa lo que él diga", negoció ella, "¡ella no debería empujar gente al lago! ¡Mi hijo se salvó por pura suerte! ¿Te imaginas lo que habría pasado si nadie lo hubiera rescatado? ¿Conoces algo llamado asesinato? ¡Yo, su madre, nunca volvería a verlo de nuevo!".

"Cuando se convierta en una asesina, será capaz de pedir disculpas", dijo Álvaro con nervios de acero, "Por ahora, ella no te debe nada". No había una pizca de arrepentimiento detrás de la mirada helada de Álvaro, todo lo que había allí era indiferencia e imparcialidad, no había cabida para la opinión de los demás, dijo su parte y finalmente sacó a Ángela de la sala.

Minutos después fueron seguidos por Taina y, de a poco, los otros se fueron de a dos.

Quedándose a solas con Tamar, Patricio y Benito, Helen, se volvió loca y rompió las tazas y la tetera, el estruendo del metal hizo eco en todo el pasillo.

Tamar caminó hacia Helen y apretó su brazo con firmeza, "Mamá, escucha: No tienes que estar tan enojada, ¿de acuerdo?, vamos a dejarlo todo atrás, realmente no tiene sentido enojarse".

Lo que Tamar insinuaba era que los errores de Benito no podían ser discutidos, que ella había criado a un hijo insolente y que era hora de que su madre lo

ía a los guardaespaldas que se hicieran cargo, a ella siempre le gustaría resolver sus propios problemas usando Kung Fu.

"No intentes resolver tus problemas sola la próxima vez, si te encuentras con alguien como Benito otra vez, dile a los guardaespaldas que lo echen. Yo me encargaré del resto por ti", la puerta del ascensor se abrió de golpe y salieron.

"Esta bien, lo haré", Ángela le prometió apresurada. ¡Para evitar causarle problemas a Álvaro, tenía que empezar a traer guardaespaldas!

Después de dejar a Álvaro, Ángela corrió y se dirigió al departamento de Investigación y Desarrollo.

Al llegar, alguien estaba allí exigiendo que se detuviera y se regresara, ella se dio la vuelta, era el profesor Cheng. Era extraño normalmente la ignoraba, ¿por qué la llamaba ahora?

Ángela lo saludó con suma cortesía y una expresión de confusión en su rostro.

"Dime, ¿Tú inventaste esto?", le exigió a ella de inmediato, haciendo a un lado sus modales. Sacó una botella de vidrio detrás de su espalda, había líquido azul en su interior. Sí, Ángela tuvo que admitir que estaba familiarizada con eso. Era el fruto de su trabajo, la súper droga en la que había estado trabajando durante los últimos días. "¡Fiu!" Ella corrió hacia él: "Profesor Cheng, ¿por qué se lleva mis pertenencias sin mi permiso?".

Pero él no sintió una pizca de arrepentimiento, en cambio, se guardó la botella de vidrio en el bolsillo y la saludó con la mano, "Dime, ¿cómo hiciste para inventar esto? ¿Qué te inspiró, eh?".

Era totalmente imprudente que un profesor actuara de manera tan interrogativa con Ángela. "¡No te lo diré!", dijo ella, enfureciendo cada vez más, "¡Es secreto comercial!". ¡Si ella lo terminara, podría solicitar otra patente eventual!

Stéfano Cheng pensó por un momento: "Está bien si no quieres decirme, pero si tienes alguna duda, no pienses que te ayudaré".

Ahora Ángela se sentía avergonzada, porque acababa de hacerle una consulta antes de ir a ver a Benito.

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