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   Capítulo 1566 No lo desperdicies

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 8447

Actualizado: 2019-05-20 02:59


Álvaro miró el menú por curiosidad y por pomposidad; eso fue, por supuesto, antes de que viera de reojo a las dos mujeres, que charlaban incesantemente sobre nada, como solían hacerlo. Luego le mostró el menú al gerente y dijo: "Un vaso de whisky. ¿Qué quieres beber, cariño?", le preguntó a Ángela. Pensó que sería mejor preguntarle su opinión a ella.

Como Ángela era de peso ligero y se emborrachaba después de un vaso de vino, no le haría mal beber un poco de alcohol saludable; de hecho, eso es lo que Álvaro esperaba porque eso significaba que sería más fácil de manejarla en el dormitorio. Si ella quisiera beber más, él le negaría el acceso a su tarjeta de crédito y él tampoco bebería alcohol.

En ese momento Ángela estaba avergonzada. Estaba sorprendida de que él se dirigiera a ella tan directamente.

Irene le hizo una mueca y se burló de ella: "¿Por qué no le dices a tu querido Álvaro lo que quieres beber?".

Ángela se sonrojó de inmediato, luego tomó el menú con fingida calma para disimular su timidez. "Quiero beber esto", y señaló algo en el menú. Era una bebida carbonatada.

La razón por la que la había elegido era ejemplar. Se sentía feliz ese día y no necesitaba alcohol para alejar su estado de ánimo. Ella era bipolar.

Cuando el gerente se fue, asintiendo una docena de veces como era costumbre, Daniel jaló a Irene a su lado y Ángela iba a sentarse al lado de ella, pero álvaro tiró de su brazo y la retuvo. Entonces ella tuvo que sentarse a su lado.

Ángela estaba absolutamente mortificada por estar sentada tan cerca de Álvaro y por tener que exhibirse tan cerca de él con otras personas presentes. Ella trató de moverse y liberarse de su agarre, avergonzada. Álvaro, sin embargo, tenía otros planes, y le impidió irse. Extendió su brazo derecho hacia ella, y la apretó con fuerza mientras la envolvía con un brazo alrededor de su hombro y levantaba ligeramente su barbilla con su mano fuerte para que ella estuviera obligada a mirarlo.

Álvaro le hizo una señal para que viera a las demás personas. Cuando se dio la vuelta, ella vio algo embarazoso.

No sabía lo que Irene acababa de decirle a Daniel, pero fuera lo que fuera, los había excitado a los dos, porque ahora se estaban besando con cariño.

¡Guau! "Eres un amor, Ire..." Entonces ella se quedó callada. Lo que quiso decir a continuación había sido interrumpido por el beso de Álvaro.

"Han preparado un ambiente tan romántico para nosotros. ¡No lo desperdicies!", Álvaro dijo con intención orgiástica; sólo faltaban el

a él, había dos hombres hechos de hielo en este mundo. Uno era Daniel del País C, y el otro era Álvaro, de la Ciudad J.

Antes de que Ángela encontrara las palabras para responder a su pregunta, Álvaro ya había respondido por ella: "Porque Ángela tiene buen gusto".

Gerardo, Ángela, Daniel e irene se quedaron en silencio.

Más tarde, la puerta se abrió una vez más y Gonzalo entró seguido por Estrella. Gonzalo intentó sentarse entre Ángela y Álvaro para separarlos, pero Estrella lo detuvo y le dijo: "¡Gonzalo, no hagas eso!".

En su camino hacia allí, Gonzalo habia estado hablando de lo mucho que apreciaba a Álvaro y de lo mucho que quería que Ángela se casara con él, pero ahora estaba planeando deliberadamente ciertas maquinaciones para separarlos irrevocablemente, ¡al carajo el decoro! Estrella encontraba espantosa su hipocresía.

Gonzalo la obedeció y se sentó a su lado con el brazo alrededor de su cintura.

Gerardo estaba recostado en el sofá y preguntó: "¿Por qué me pediste que viniera aquí? ¿Sabes las ganas que tengo de golpearlos ahora?". No podía soportar a las tres parejas que lo rodeaban; la ausencia de su esposa sólo se hizo más acentuada, y se sintió enfermo al verlos flirtear.

Daniel encendió su cigarrillo y respondió: "Alguien vendrá a acompañarte, no te preocupes".

Dos hombres entraron en la habitación justo cuando terminaba de decir su frase críptica.

El hombre de la izquierda tenía el pelo arenoso y un perno en la oreja izquierda. Llevaba una chaqueta negra casual y zapatos deportivos blancos de Vans.

Le resultaba familiar a Ángela. Tenía el pelo y los ojos de color púrpura... Los ojos de Álvaro se enfriaron al verlo.

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