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   Capítulo 1570 Un millón al menos

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 9187

Actualizado: 2019-05-21 00:38


Dentro de la sala redonda de vidrio en la parte posterior de la Ciudad de Rosal

Fuera de la habitación, había innumerables rosas de colores meciéndose con el viento.

Las rosas no sólo eran hermosas, sino que también representaban el profundo amor de Daniel hacía Irene... y habían sido elegidas específicamente para ese propósito.

La Ciudad de Rosal ya tenía un estatus mítico desde el pasado por ser una ciudad de leyendas orientada hacia el amor.

E Irene era como la diosa de la leyenda, quien era envidiada por todas las mujeres de la tierra.

Ángela, que llevaba un vestido de dama color púrpura claro, miró las rosas florecientes y le dijo a la mujer que estaba a su lado: "Ire, mira lo romántico que es Daniel. ¡Está tan enamorado de ti que decoró la Ciudad de Rosal de esta manera!".

Irene respondió con una dulce sonrisa en su rostro y dijo: "Ángela, vamos. Escuché que el Sr. Gu acababa de darte una rara perla del Mar del Sur como regalo. Y según tu hermano Daniel, ¡la perla vale más de mil millones en efectivo!".

¿Qué? ¿Más de mil millones? Ángela sabía que la perla era preciosísima y podía apostar que valía al menos decenas de millones, pero nunca se le ocurrió que valiera más de mil millones...

"¿Más de mil millones? ¿Me estás tomando el pelo? Álvaro es sólo un doctor. ¿Cómo podría tener tanto dinero?", Ángela se preguntaba con pertinencia.

Irene igual había tenido sus dudas antes, así que se refirió específicamente a Daniel, quien le había dicho que "Álvaro podía ganar al menos un millón con una sola cirugía. Es un sucio carnicero". Por supuesto, ese era el precio por salvar las vidas de los súper ricos.

"Álvaro es verdaderamente un doctor digno de su reputación. No se siente obligado a cobrar a los muy pobres por una cirugía, así que cuando van a buscar atención médica, él hace todo por ellos de forma gratuita".

"Además de los ingresos de las cirugías, también tiene algunas patentes de invención, algunas de las cuales son realmente asombrosas y tienen un precio de venta de cientos de millones al menos".

"Además, también participa en muchos foros, conferencias y programas, lo que también le proporciona una cantidad considerable de ingresos".

"De cualquier modo, también es uno de los dueños del Hospital Yao, llevándose las acciones de su abuelo, de Aarón y de Diago. Digamos que los dividendos de un año han sido suficientes para que él compre un automóvil de lujo".

...

¡Era por eso que más de mil millones no eran más que una gota de agua en el océano para Álvaro!

Después de explicarle a Ángela todos los pormenores de los ingresos de Álvaro, Irene la miró con expresión confundida y le preguntó: "¿No lo sabías, Ángela?"

"Ehh...", Ángela se había quedado sin habl

ían todo lo posible por adularla y hacerla feliz.

"Primera Dama, se ve llena de energía. A pesar de su edad real, ¡asumiríamos que apenas tiene 20 años!".

"Sí, sólo mire esa blusa color púrpura claro que lleva. ¡Combina tan bien con su piel clara!".

...

Al escuchar sus cumplidos, la Primera Dama simplemente respondía con una sonrisa generosa pero ligera. Ella asentía con la cabeza ante ellas, pero no se molestaba en usar alabanzas cuando trataba de responder con amabilidad. Era una mujer que merecía ser alabada, no al revés.

Cuando vio a las tres mujeres que se acercaban a ella juntas, agitó su mano suavemente y dijo en voz baja: "Vengan, señoritas".

Al escuchar eso, todos se giraron para ver a las tres mujeres.

Estrella, que era la mayor de las tres, tomó la iniciativa y dijo: "Primera Dama, es un gran honor para nosotras asistir a su fiesta de té".

"¡De nada, Sra. Si! Ven aquí y siéntate con tu cuñada, y ¿esta es la Srta. Si?", La Primera Dama preguntó con una sonrisa generosa y codiciosa dibujada en su rostro.

Debido a que la Primera Dama siempre había vivido en el País C, al igual que Estrella e Irene, ya se habían familiarizado entre sí. Pero era la primera vez que se encontraba con Ángela, quien vivía muy lejos, en la Ciudad J.

Ángela asintió con la cabeza y sonrió: "Hola, Primera Dama. Mi nombre es Ángela".

"Ya lo veo. El País C debe ser el lugar de nacimiento de las más bellas damas! Sólo mírense ustedes tres. Se ven increíbles..." Al escuchar lo que la Primera Dama había dicho, los demás invitados a la fiesta hicieron eco de sus sentimientos y se mostraron de acuerdo con la esposa del presidente.

De repente, las tres mujeres comenzaron a recibir numerosos elogios, como si fueran tres hermosas rosas, o como si ellas mismas fueran las esposas del presidente...

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