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   Capítulo 1572 Sentía demasiado dolor

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 8552

Actualizado: 2019-05-21 01:01


Álvaro apartó los ojos de la maravillosa dama y se encontró con los de la mujer que hasta ese momento se había estado atragantando con su té helado de Long Island.

Luego, se acercó a ella y le dio una palmadita con ternura en la espalda. "¡Ángela, que descuidada eres! ¿Cómo pudiste ahogarte con los líquidos?".

... ¡Todas las mujeres presentes se sorprendieron enormemente por esa repentina reacción!

Se decía que el gran médico, Álvaro, era tan inexpresivo como Daniel. ¡Pero ahora, él estaba consolando a una chica en público!

Álvaro frotó los puntos de acupuntura en los hombros y la columna vertebral de Ángela, y ella dejó de toser.

"¿Cuándo llegaste aquí?", ella no pudo evitar preguntarle, casi teniendo otro ataque de tos debido a la sorpresa.

Álvaro sólo sonrió ante su evidente mirada desconcertada. "Acabo de llegar".

Aunque lo dijo con simpleza, en realidad significaba mucho. Sin embargo, Ángela no lo supo hasta más tarde.

Álvaro la levantó en el aire. "Te he estado buscando. Es muy importante...".

'¿Qué?', Ángela reflexionó. Cuando ella estaba a punto de irse con Álvaro, alguien preguntó: "Doctor Gu... ¿Usted... le dio... esa... perla del Mar del Sur... a Ángela?".

Álvaro miró a Ángela, le cogió la mano y sonrió: "Sí. Ella ama las perlas. Entonces, quiero darle la mejor perla del mundo, de modo que pueda mantenerla siempre y pensar en mí, en su amante y su novio, en caso de que hubiera alguna pregunta sobre quién soy yo".

Eso era lo que Álvaro quería hacer.

Todas esas mujeres no pudieron evitar gritar cuando escucharon su respuesta: "Oh, Dios mío... ¡Qué dulce es el Doctor Gu! ¡Estoy loca por él!".

"¡Estoy tan celosa de Ángela! ¡Quiero preguntarle cómo conseguir a Álvaro! ¡Él es un gran tipo!"

"¡Dios mío! ¡Los buenos siempre se van con otras mujeres! ¡No es justo!"

...

Ángela se perdió en los celos de los demás. Poco después, hizo lo que Álvaro le había dicho y se levantó, dando cinco o seis largos pasos por el hermoso sendero del jardín. Ella se despidió y se fue de la Ciudad de Rosal con él.

Ángela no sabía que él había llevado su avión privado hasta que salieron de la casa de cristal.

Estaba emocionada por eso y abordó el avión con Álvaro. Sin embargo, una vez que se acomodó en el asiento, él se quedó callado.

Luego, cuando el avión despegaba, llamó a Daisy. "Tía, habla Álvaro... Así está la cosa. Ángela me mintió y me engañó para robarme lo más importante de mi vida. Entonces, vine para llevármela a la Ciudad J ahora mismo... Por favor, no te preocupes, tía.

uido mintiendole sobre eso!

'Le hablé sobre eso, ¿de acuerdo? ¡No le mentí!', en ese momento, ella pensó que la había malinterpretado. '¡Dios mío! ¿Cómo pudo torturarme de esta manera? ¡Es tan injusto!'

"... Siento demasiado dolor. Les has dicho a todos que hemos roto, excepto a mí. No llores porque no te debo nada en el mundo..." Ángela tarareaba débilmente una canción pop. La canción era Demasiado Dolor de Tao Jingying.

"¿Siente dolor?" Álvaro murmuró.

En el baño

En la gran bañera redonda, Ángela yacía de lado canturreando la canción mientras se bañaba en el agua de color rosa claro. La sangre se había reducido a un ligero goteo.

Tal vez Álvaro pensó en algo, porque tragó saliva y miró a Ángela en la bañera, limpiando sus heridas.

Ella era una maravilla absoluta, y él estaba tan loco por ella...

Que quería abrazarla y tener sexo con ella todos los días...

"¿Demasiado dolor?", preguntó.

Ella asintió con la cabeza sin mirar atrás, "¡Por supuesto!", ella siguió tarareando la canción sin abrir los ojos y no se dio cuenta de que estaba hablando con él. O quizá si. Ella había estado hablando con alucinaciones cuando él estaba en el trabajo.

De repente, Ángela gritó fuerte porque alguien la sacó del agua. Cuando descubrió que se trataba de Álvaro, se detuvo y se calmó: "¡Me diste un susto de muerte! ¿Cuándo entraste?", ella aparentemente no tenía idea de en qué momento él había entrado en el baño.

Álvaro la puso en una silla plegable, la cubrió con una toalla de baño y abandonó la habitación por completo.

"¿Por qué te sientes adolorida?", preguntó desde la otra habitación, acariciándose, preparando su cuerpo para la siguiente ronda de torturas.

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