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   Capítulo 1602 Eso es amor verdadero.

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 8706

Actualizado: 2019-05-27 04:17


"Sí, he preguntado por su información. Ella ha ido a trabajar como de costumbre estos últimos días", respondió Conrado.

Álvaro asintió e instruyó: "Investiga los antecedentes de Susana Bao y también los de Nita. Quiero saber todo sobre ellas". Sospechaba que Nita le había dado instrucciones a Susana para que ella lo hiciera.

Eso era muy posible.

"Está bien Sr. Gu".

"¿Alguna noticia sobre Alonso? ¿Ha hecho algo sospechoso?", preguntó Álvaro. Tenía que obtener más información sobre Alonso Geng. Mientras tanto, quería emplear y entrenar a Mariso Jia como su reemplazo.

"Alonso es muy misterioso. Hice arreglos para que alguien lo vigile, pero todavía no he podido averiguar dónde vive", dijo Conrado. Una vez hizo una broma sugiriendo que podían tomar un poco de cerveza en la casa de Alonso. Pero él sólo sonrió y lo descartó.

'¿Misterioso?', esa no era una característica que un asistente debía tener. Álvaro dijo: "Haz arreglos para que lo investiguen más personas".

"Si, Sr. Gu".

Al mediodía siguiente, después de que terminaron de almorzar, Álvaro y Ángela abandonaron el lugar.

Debido al accidente de la noche anterior, Ángela había tenido que tirar todo lo que tenía en su casillero y necesitaba comprar artículos nuevos, por lo que Álvaro la llevó a un centro comercial.

Cuando llegaron, ella vio una tienda de bebidas en la carretera y bajó del auto primero. Álvaro condujo el auto hasta el estacionamiento.

Momentos más tarde, Ángela salió de la tienda sosteniendo una taza de té Mousse Tie guanyin* en la mano. Cuando vio a Álvaro, tomó un sorbo y colocó la taza frente a los labios de él.

(* TN: Tie guanyin, una especie de té oolong chino)

Álvaro pasó los brazos alrededor de su cintura, bajó la cabeza y tomó un sorbo con la misma pajilla.

A Ángela eso la divirtió mucho, por lo que se burló de él, "Sr. Gu, el gran doctor, ¿no se supone que eres germáfobo?".

"Depende".

Ángela no estaba satisfecha con esa reacción, así que mientras pellizcaba su mejilla, ella se burló un poco más, "¡A ver, dame una sonrisa! ¿Cómo puedes poner cara seria mientras dices algo dulce?".

Álvaro río disimulada y tontamente. Agarró su mano y amenazó, "¡Deja de pellizcarme la cara o te castigaré!".

"¿Castigarme? ¿Cómo?", preguntó Ángela.

Álvaro luego le susurró al oído: "Por ejemplo, por la noche, en la cama, yo te...".

Ángela se sonrojó de inmediato. Ella golpeó sus brazos con las palmas de sus manos en señal de protesta y dijo: "¿Cómo puedes ser tan desvergonzado?".

Con una mirada inocente, Álvaro levantó las cejas y preguntó: "¿Qué hice? ¿Po

taba consciente de ello, pero no quería renunciar a Álvaro. Él era su yerno ideal. Nunca podría encontrar a otro hombre tan brillante como él.

Samanta se quedó en silencio. Se concentró en recortar las plantas. Después de un largo rato, dijo en voz baja: "Como Álvaro ya tiene otra chica a quien ama, entonces puede hacer lo que quiera. De todos modos, hay una buena probabilidad de que Raquel ni siquiera vuelva..."

Las lágrimas corrían por su arrugado rostro. Raquel era su única hija. Se sentía deprimida por el hecho de que no podría tener a su hija a su lado cuando fuera mayor.

"No, Samanta". Conchita dejó sus herramientas, le tomó las manos y dijo: "No pierdas la esperanza". ¡Acabas de decir que hay pistas de su paradero, por lo que aún debe estar viva!".

Samanta sacudió la cabeza repetidamente y dijo: "Si Raquel fuera una persona normal, no haría tantos aspavientos. ¡Pero ella tiene una enfermedad del corazón! El doctor me dijo que no viviría mucho tiempo. Así que no sé si ella todavía..." Samanta colapsó y continuó entre sollozos, "Sólo deseo poder verla de nuevo. Mientras ella esté viva, ¡nada más importa!".

Después de estas palabras, Samanta se desató en llanto.

Conchita suspiró y la consoló, "No llores. Siempre estaré aquí para hacerte compañía. ¡Te visitaré con más frecuencia de ahora en adelante!".

Aunque sabía que no podía reemplazar a Raquel, Conchita le había dicho esas palabras a Samanta para que se sintiera mejor.

Samanta asintió y dijo: "Ya estoy considerando la posibilidad de adoptar un niño, sólo para que alguien nos acompañe a Alberto y a mí por el resto de nuestras vidas". El niño también podría distraerla de pensar en Raquel. No quería seguir llorando todos los días.

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