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   Capítulo 1686 Mi bebé

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 8486

Actualizado: 2019-06-13 12:24


Sin importar quién fuera el padre del niña, su madre era Raquel, ciertamente Samanta trataría a su nieta con amor y paciencia.

Raquel asintió y le preguntó: "Mamá, ¿por qué papá no vino contigo?".

Samanta dudaba en hablar sobre Alberto, no podía soportar decirle a su hija la verdad acerca de lo que estaba pasando. Alberto estaba enojado y decepcionado de Raquel por lo que había escuchado de Álvaro y por eso no quería visitar a su hija. "Tu padre ha estado muy ocupado en el trabajo últimamente, intentaré convencerlo de que pase un poco más de tiempo con nosotras en cuanto llegue a casa", dijo Samanta.

Raquel se dio cuenta de la verdad sobre su padre cuando notó la perpleja expresión de su madre, ella asintió decepcionada y respondió: "Gracias mamá, lamento hacer que ambos se preocupen por mí".

"No importa Raquel, yo... sólo te deseo que seas muy feliz... en el tiempo que te queda...", Samanta siguió llorando y estaba demasiado desconsolada como para decir una palabra.

El médico le había dicho que incluso con la mejor medicina y el mejor apoyo disponible, Raquel sólo tendría medio mes para vivir, como máximo, él también les había comentado que era hora de pensar en prepararse para su funeral.

Raquel miró a su anciana madre con expresión angustiada y chilló: "Mamá, lamento no haber sido la hija que esperabas y siento mucho haberte decepcionado", si pudiera volver a vivir su vida de nuevo, a ella le gustaría ser la madre de su madre para poder asumir el deber de cuidarla durante toda la vida.

Al mirar a la bebita que dormía profundamente en sus brazos, Raquel se sintió afortunada y aliviada de que su hija fuera el próximo pilar emocional de sus padres.

De esta forma, ella podría dejar el mundo con consuelo en su corazón, sabiendo que sus papás estarían allí para cuidar por siempre de su pequeña.

"Yo estoy bien, ¡pero me molestó demasiado que Nita fuera puesta en libertad tan rápido!", definitivamente Samanta demandaría a Nita y a Alonso por sus acciones.

Raquel se sorprendió por la noticia y le preguntó: "Mamá, ¿cómo pudieron dejar ir a Nita?", esto no debería haber ocurrido.

Francisca pudo demostrar ante los tribunales que Nita estaba mentalmente enferma y por lo tanto, pudo escapar de las sanciones legales contra ella y fue puesta en libertad, sin embargo, Álvaro siguió presionando a la policía para que continuara con sus investigaciones para perseguir sus responsabilidades penales.

Los ojos de Raquel se llenaron de odio en cuanto se enteró de la liberación de Nita, e

ía muy mal como para ingerir algo y por lo tanto había perdido mucho peso.

Todos los días, Álvaro probaba diferentes métodos para hacer que su esposa comiera más. Incluso invitó a una docena de chefs especializados en diferentes tipos de comida, ellos preparaban un extenso menú con alimentos variados especialmente para Ángela.

En una calurosa tarde de verano, ella se despertó de su siesta y se levantó de la cama, aturdida.

Junto a su habitación estaba el estudio donde su padre, su hermano y Álvaro estaban discutiendo con la puerta abierta. Al darse cuenta de esto, Ángela se frotó los ojos y entró, su conversación llegó a un abrupto final tan pronto como ella se metió en la habitación.

"¡Ángela, estás despierta!", Álvaro se levantó de la silla, se acercó a ella y le sonrió dulcemente a su esposa. Él tenía la intención de meter el largo cabello de su mujer detrás de su oreja.

Pero Ángela esquivó su mano y se distanció de su marido.

Esto no le importó a Álvaro, ya que se había acostumbrado a la indiferencia de su esposa en los últimos días. "¿Tienes hambre? ¿Qué se te antoja de comer? Haré que lo preparen para ti", dijo Álvaro en un tono meloso tratando de consentir a su amada.

Gonzalo sacudió la cabeza y suspiró profundamente cuando los vio.

Él descubrió que su cuñado era muy paciente con su hermana. Ángela estaba decidida a dejarlo, mientras que Álvaro estaba resuelto a recuperar su corazón.

Después, ella se sentó al lado de su padre y tomó su brazo, miró a Álvaro y dijo: "Me gustaría comer uvas rojas, ¿se puede?". "¡No hay problema!", respondió él, no obstante, su esposa seguramente debía tener otras peticiones...

¡Por supuesto que sí!

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