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   Capítulo 613 Mi esposo es el mejor

Vives en cada latido mío Por Shi Liu Xiao Jie Palabras: 9778

Actualizado: 2020-02-14 07:46


"Es exactamente lo que voy a decirte", Jana, con un aire de suficiencia por la información que tenía, le sonrió a su marido mientras se abrochaba el cinturón y el auto de lujo comenzó a avanzar. '¡La seguridad es lo primero!', pensó. Luego miró a Zed y comenzó a decirle lo que sabía de Adolf. Al parecer, Avery quería desarrollar su carrera en el mercado chino para poder quedarse en el país y pasar más tiempo con Mario. Sin embargo, la agencia de representantes para la que trabajaba no se lo permitiría, así que ella estaba considerando dejar el mundo del espectáculo, puesto que no estaba dispuesta a estar separada de su novio. Estaba sacrificando mucho por él.

Zed siguió conduciendo el auto mientras Jana hablaba de la situación de Avery. Él la escuchó atentamente, sin apartar la vista de la carretera, ni siquiera durante la parte de las noticias alarmantes.

Cuando Jana terminó su historia, ya estaban a medio camino del Hotel Hilton y las cejas de Zed estaban arrugadas por la preocupación;

ver a su esposo tan angustiado la hizo querer abrazarlo con fuerza. "¿Hay algo que puedas hacer al respecto? En realidad no es tan grave, no creo que necesites mover cielo, mar y tierra. Quiero decir, ni siquiera Adolf sabe qué hacer; supongo que nosotros tampoco podemos hacer nada al respecto. Es una pena que Avery...", Jana no terminó su oración, pero el suspiro que siguió completó la idea.

"Quizás, solo quizás, haya una manera de salvar todo esto. Déjame ver", Zed le dijo después de pensarlo por un momento. Jana continuó suspirando después de escuchar las palabras de su marido, y luego él intentó convencerla: "Yo me ocupo de esto. Encontraré una solución, no te preocupes".

"¿Qué más puedes hacer, Zed?", Jana puso una expresión amarga en su rostro. "Quiero decir, sería más fácil si se tratara de una agencia nacional. Sé que así podrías hacer algo, pero no lo es; estamos hablando de una agencia internacional. Dios, ni siquiera Adolf, que es conocido como el mejor representante de la industria del espectáculo, puede hacer nada. No te presiones, Zed; lo único que podemos hacer ahora es dejar todo en manos de Mario. Si él no quiere que Avery deje su carrera y pierda todo por lo que ha trabajado, tendrá que encontrar una manera".

Zed miró a Jana confundido antes de volver a concentrarse en el camino. "Espera, no querrás decir que...".

"Exacto. Creo que la única forma de salvar la carrera de Avery es que Mario salga de China con ella. Mientras él esté a su lado, ella abandonará la idea de dejar el negocio", el tono de Jana era amargo, y era evidente en su rostro que no estaba contenta.

Zed suspiró profundamente: "No creo que eso suceda. Conozco a Mario; él es un caballero, a veces demasiado gentil. Puede pensar por sí mismo, es muy capaz y de ninguna manera es un hombre mediocre. Por lo tanto, ¡no pienses que esta idea funcionará!".

"Sé que Mario es un buen hombre, pero...",

los guio a su comedor, donde el director y el resto del personal se encontraban ya. Cuando Zed y Jana aparecieron, todos se pusieron de pie con respeto, y la emoción era evidente en sus rostros.

"Por favor, tomen asiento", saludó Zed al personal mientras se dirigía hacia su silla. "Ordenen lo que deseen comer, yo invito". Luego jaló suavemente la silla de Jana para invitarla a sentarse.

Hubo un grito de emoción de la multitud y Adolf miró a su alrededor, preguntando alarmado: "¿Dónde está Avery? ¿Por qué no ha llegado todavía?".

"Debe estar en camino", respondió Jana. "Mario está con ella, así que puedes estar tranquilo", agregó, sonriendo.

Adolf asintió, satisfecho, y después tomó el menú más cercano para ordenar su comida.

"¿Ella es su esposa, Sr. Qi?", preguntó el director, volviéndose para mirar a Jana y luego a Zed.

"Sí, ella es mi esposa", respondió Zed cortésmente.

El director examinó con la mirada a Jana, para luego sonreírle a Zed y decirle en un tono casi condescendiente: "La Sra. Qi es realmente tan hermosa como todos dicen. No es de extrañar que se hable en toda la Ciudad H acerca de lo mucho que la ama".

Zed frunció el ceño al escuchar el comentario;

ciertamente, no le importaba presumir a su esposa frente a los demás, pero en definitiva no le gustaba escuchar que había otros hombres hablando de ella.

El director se consideraba un hombre inteligente, y quería halagar a Zed, por lo que pensó que felicitar a su esposa sería una buena jugada, pero le salió mal. Estaba a punto de decir más, pero vio el ceño fruncido en la cara de Zed, por lo que prefirió mejor desviar la mirada hacia el menú para evitar seguir pasando vergüenza.

"¿Qué crees que estás haciendo?", preguntó Jana a su esposo al sentir la extraña tensión entre él y el director. "¡Hay mucha gente aquí! Deberías dirigirte a él con más respeto; su personal puede ver todo. No querrás avergonzarlo demasiado, o si no...".

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