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   Capítulo 4 Vamos a divorciarnos

Vives en cada latido mío Por Shi Liu Xiao Jie Palabras: 10599

Actualizado: 2019-08-10 02:41


Pero eso sólo demostraba que le tenía miedo a su esposa y que sería capaz de arrodillarse para satisfacerla.

Era difícil imaginar al Sr. Qi disculpándose por cualquier cosa.

Corría el rumor de que nunca se había disculpado por nada. Incluso si había cometido un error, él preferiría arreglar la situación antes que admitirlo.

"Cariño, vamos a casa", dijo Zed mientras levantaba a Jana en sus brazos para luego darse la vuelta y salir del club.

"Zed, tú no puedes...", Sue intentó impedir que él se fuera, pero Eva la interrumpió antes de que pudiera terminar su oración.

"¿No crees que ya fue suficiente humillación?", estaba furiosa, y le lanzó una feroz mirada a su amiga.

"Pero el vino que acaba de beber", Sue estaba ansiosa de que alguien la escuchara, pero Eva le cubrió la boca con la mano y levantó una ceja como señal de advertencia. Sin otra alternativa, Sue observó silenciosamente como se marchaban.

De vuelta en la villa, Zed volvió a su habitual actitud indiferente. Aflojándose la corbata, tomó una botella de agua helada y se dirigió al balcón.

Jana se paró junto a la ventana y lo observó en silencio. Parecía estar absorto en sus pensamientos, además de que se veía bastante molesto.

'¿Es posible que todavía ame a Eva? Si es así, entonces lo que hice fue verdaderamente terrible', Jana se sentía muy ansiosa por los eventos de esa noche. Mordiéndose las uñas, trataba de adivinar qué sucedía entre Zed y Eva. Levantó una ceja cuando notó que él ya se había bebido toda la botella de agua helada. '¿Estará tratando de calmarse con el agua fría?', pensó.

'¡Espera un minuto! ¿Querrá matarme? ¡No puede culparme por eso! Es su culpa que no me haya puesto sobre aviso'. Al bajar la mirada, se dio cuenta de que había estado agarrando las cortinas con tanta fuerza que sus uñas casi habían roto la tela. Después de la noche que acababan de tener, y teniendo en cuenta su incertidumbre acerca de los sentimientos de Zed por Eva, ella dudaba si debía mencionarle el tema de la propiedad.

Perdida en sus pensamientos, no se había dado cuenta de que Zed ya había entrado en la habitación, y cuando finalmente percibió ese detalle, aspiró profundamente y esperó a que él dijera algo, pero al no haber más que silencio, lo miró lentamente. Él estaba un poco borracho y sus ojos reflejaban una emoción con la que no estaba familiarizada.

Al tenerlo muy cerca, Jana podía oler el alcohol en su aliento. El olor no era tan desagradable, ya que estaba mezclado con la loción para después de afeitar que él usaba. Cuando miró el rostro de Zed, se dio cuenta de que sus ojos estaban desenfocados. '¿Habrá bebido demasiado?', pensó sorprendida, y aunque sabía que no debía, de todos modos preguntó: "Sr. Qi, ¿quedaste satisfecho con mi actuación de esta noche? ¿Y crees que ese terreno podría...? Mmm...".

De repente, Zed trastabilló hacia el frente. Su amplia palma fue a dar a la boca de Jana y ella ya no pudo completar su oración, y en cambio, frunció el ceño por un gran dolor.

"Zed Qi, ¿qué estás haciendo? No, no puedes hacer eso...".

Al día siguiente

El cálido sol salpicaba el suelo con los rayos que lograban colarse entre las nubes que flotaban perezosamente en el cielo. Era mediodía cuando Jana se despertó. Al ver unos documentos en la mesita de noche, estiró la mano y los tomó.

Las palabras, 'Contrato de Transferencia de Tierras', estaban impresas en la portada en caracteres grandes y de color negro. Se suponía que debía estar encantada por haberlo convencido de que le cediera la propiedad a su padre, pero no era así.

Después de hacer a un lado el contrato, arrastró su dolorido cuerpo al baño, y una vez frente al espejo, estudió su reflejo. Exceptuando su rostro, todo su cuerpo estaba cubierto por las marcas dejadas por Zed.

Ella frunció el ceño y se dio una ducha rápida antes de volver a la habitación para vestirse. Preparándose para su visita a la casa Wen, se envolvió una bufanda de seda alrededor del cuello para cubrir los chupetones de color carmín.

El padre de Jana estaba bastante complacido al ver el contrato. No dejaba de referirse a ella como "Mi buena chica", y elogió sus esfuerzos. Eso era lo mejor que había hecho ella en mucho tiempo.

"Padre, ¿me puedes dar el Folleto de Registro de Residencia ahora, por favor?". Jana se sentía optimista. Ya había adquirido el contrato según los deseos de su padre, y ese mismo día también daría comienzo el proceso de divorcio. El Folleto de Registro de Residencia era el último documento que necesitaba para poner fin a ese matrimonio nominal.

"¿Zed te lo pidió?", la cuestionó el Sr. Wen. Parecía no estar dispuesto a que su hija finalizara ese matrimonio tan rápido.

Zed se había portado como un animal la noche anterior, pues ni siquiera le había dado la oportunidad de respirar sino hasta que se encontró totalmente saciado de ella. Cuando despertó, no lo vio por ninguna parte, y ni siquiera notó en qué momento se había marchado. Eso no la sorprendía, ya que nunca había habido mucha comunicación entre los dos, pero de alguna manera esperaba poder hablar con él, pues estaba más decidida que nunca a terminar ese arreglo. Ella temía que su padre la obligara a quedarse con Zed, lo que le permitiría al Sr. Wen manipularlo usándola a ella co

mo carnada una y otra vez. ¡Si ese era el caso, se encontraría perdida!

De modo que, antes de hablar, hizo un gesto de asentimiento, "Sí, él me está esperando en la Oficina de Asuntos Civiles, así que apúrate. Me temo que si se molesta, podría cancelar ese contrato".

"Voy a buscarlo", después de escucharla, el Sr. Wen se levantó y corrió a su habitación.

Jana se sintió secretamente aliviada. Después de obtener el Folleto de Registro de Residencia, llamó un taxi para dirigirse a la Oficina de Asuntos Civiles. Cuando el taxi se alejó de la casa Wen, le envió un mensaje a Zed.

"Nos vemos en la Oficina".

Pasó toda la tarde, pero él nunca apareció. Ella estuvo esperando en los escalones de la Oficina con el Folleto apretado con fuerza entre sus manos. ¡La mañana había empezado tan bien! Su padre ya tenía el contrato que tanto quería, y ella tenía el Folleto en su poder. Ahora, todo lo que necesitaba era que Zed apareciera y la liberara de esa farsa de matrimonio, pero él no apareció y su teléfono sonaba ocupado cada vez que lo intentaba llamar. Cuando el sol de la tarde ya se había puesto y todos los funcionarios habían salido, finalmente se resignó a aceptar que no se divorciaría.

Furiosa, regresó a la casa para enfrentarlo, pero cuando entró, la vergüenza y la culpa la abrumaron. Dondequiera que ponía la mirada, veía rastros de las acciones de Zed la noche anterior. No pudo escapar a sus recuerdos, pues los veía en el sofá, en la alfombra, en el baño y en el dormitorio...

Jana se sentó a esperarlo en el sofá. Su humor era sombrío. Ahora que había adquirido el contrato, no era necesario que esa farsa continuara. No podía imaginarse teniendo que verle la cara todos los días al Sr. Qi, pues eso tarde o temprano la volvería loca. ¡Tenía que divorciarse de él!

Esperó hasta la medianoche, pero Zed no se presentó. Su ira fue mermando poco a poco, y sus ojos cansados no pudieron permanecer abiertos.

Un rato después, un auto se detuvo en el camino de entrada. Después de estacionarse, Zed se quedó mirando fijamente el volante. Numerosos pensamientos pasaban por su mente. Después de un rato, por fin suspiró y abrió la puerta del coche. Unos minutos más tarde, entró en la casa y caminó hacia el sofá, donde vio a la mujer acurrucada ahí como un gatito.

"Zed, ¿por qué no te presentaste en la Oficina el día de hoy?", preguntó Jana bostezando. Al escucharlo entrar a la casa, se había despertado, sin embargo, estaba tan cansada que sus ojos se negaban a permanecer abiertos.

"Estuve ocupado". El hombre era tan reservado que sus respuestas eran breves y concisas.

"Bien, ¿estarás libre mañana? Tenemos que arreglar el asunto del divorcio", dijo ella frotándose los ojos para ahuyentar el sueño. Después, posó su mirada en la gran roca silenciosa e infranqueable que tenía frente a ella.

Él no respondió. En cambio, se agachó y la levantó en sus brazos antes de dirigirse a la habitación, donde la colocó suavemente sobre la cama y la cubrió con una suave manta. La cama y la manta le resultaron tan reconfortantes, que Jana cerró los ojos y se quedó dormida al instante.

Cuando Zed notó el Folleto de Registro de Residencia en sus manos, frunció el ceño antes de quitárselo suavemente y guardarlo en su caja fuerte.

Al día siguiente, cuando Jana despertó, fue presa del pánico, pues el paradero del Folleto era en lo único en lo que podía pensar. ¿Dónde lo había guardado? Podía jurar que lo tenía consigo cuando Zed la llevó a la habitación. Ansiosa, lo buscó en toda la villa, pero no pudo encontrarlo. Como de costumbre, Zed ya se había ido a trabajar y no podía preguntarle nada. Estaba loca de preocupación.

'Espera. Hay que pensar detenidamente. ¿Dónde lo puse anoche?', y se obligó a repasar los pasos de la noche anterior. Su rostro palideció cuando se dio cuenta de que no tenía ningún recuerdo de dónde había colocado el Folleto. ¿Y ahora cómo iba a divorciarse sin él?

Además, si su padre se enteraba de que lo había perdido, se pondría furioso.

De repente, notó la cámara en el rincón más alejado de la habitación. Jana se había burlado de Zed por estar paranoico cuando supo que había instalado cámaras en todas las habitaciones, pero ahora, su corazón se llenó de esperanza.

Fue y encendió la computadora personal de Zed con la intención de revisar el video de vigilancia de la noche anterior, pero se sintió decepcionada al descubrir que la computadora estaba protegida por una contraseña.

Sin otra alternativa, no le quedaba más que llamarlo.

"Zed, ¿cuál es la contraseña de tu computadora?".

"¿Para qué la necesitas?".

"No puedo encontrar el Folleto de Registro de Residencia. Necesito ver los videos de vigilancia para ver dónde lo puse anoche".

"No recuerdo la contraseña".

"¿Qué? ¡Qué no la recuerdas! ¿Cómo no puedes recordar la contraseña de tu propia computadora? ¿Me estás tomando el pelo? Espera. ¡¿Acaso escondiste mi Folleto de Registro de Residencia?!". Jana estaba tan enojada que le lanzó varias preguntas sin darle tiempo para responder ninguna.

"¿Y qué si lo hice?", su voz era tranquila e indiferente.

Jana no lo podía creer, "¿Qué? ¿Por qué escondiste mi Folleto? ¿Acaso no te quieres divorciar?".

No podía entender que él ocultara ese Folleto.

"No".

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