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   Capítulo 5 ¿Está buscándose un novio

Vives en cada latido mío By Shi Liu Xiao Jie Palabras: 12974

Updated: 2019-08-11 00:07


"¿Qué?", Jana no podía creer lo que Zed acababa de decir. Estaba completamente aturdida.

'Él... ¿No me dará el divorcio?'.

"Tú... ¡No puedes retractarte tan fácilmente! Estuviste de acuerdo con divorciarte, además de que...", hablaba con frases rotas. La respuesta de Zed había sido tan inesperada que su mente se volviera en un caos. La ansiedad la había inundado, y descubrió que no podía hilar sus pensamientos con claridad.

En respuesta a su ansiedad, él sonrió maliciosamente y respondió: "Debo hacerme responsable de ti".

Frustrada, Jana levantó las manos en el aire y las sacudió violentamente mientras hablaba, "No, no tienes que hacerlo. ¡Puedo hacerme cargo de mí misma!".

"Pero yo no me siento bien con eso". Mientras tanto, él encendió su computadora y la cámara 'en vivo' que tenía instalada en su casa, luego seleccionó el cuadro de la sala de estar. Frunció el ceño cuando vio a Jana paseándose frente al sofá. Se mordía las uñas y parecía preocupada.

"De hecho, yo soy muy abierta de mente. En cuanto a ti, no creo que seas un nerd con la mente nublada, ¿verdad? La sociedad ya no es tan conservadora. Hoy en día, es común que las personas hagan el amor consensualmente sin tener en cuenta formalidades como el matrimonio. Entonces, Zed, completemos el proceso de divorcio, pues así ninguno de los dos se verá limitado. Es una situación perfecta donde ambos salimos ganando".

'¿Limitado?', El hombre frunció el ceño. Su descuidada elección de palabras y la forma en que había descrito su arreglo encendió la furia dentro de él. Aunque trató de controlar sus emociones cuando habló, se podían sentir rastros de su ira, "Desafortunadamente, en verdad soy un tipo con la mente nublada, Sra. Qi. Por favor ten lista la cena. Volveré pronto".

Bip, bip, bip...

El sonido de la llamada desconectándose dejó a Jana muy confundida y bajó la vista hacia el teléfono.

'¿Qué demonios estás planeando, Zed? ¿Sigues bromeando sobre el divorcio?'. Furiosa e indefensa, necesitaba descargar su ira, así que agarró el cojín del sofá más cercano y golpeó repetidamente la pared con él.

'Espera, debería calmarme y pensarlo cuidadosamente. ¿Qué demonios está tratando de hacer este imbécil? ¿Estará pensando que obtuve la tierra con demasiada facilidad y, por lo tanto, estará tratando de ponerse a mano por todos los medios posibles?', continuó caminando por la sala mientras murmuraba para sí misma.

'Zed es un demonio de rostro frío. ¡Es imposible adivinar lo que está pensando! Lo único que puedo hacer ahora es seguirle el juego hasta que firme los papeles del divorcio por su propia voluntad'.

Habiendo decidido cuáles serían sus siguientes acciones, se dirigió rápidamente a la cocina, donde preparó laboriosamente cinco platos con carne y verduras, además de una olla de sopa.

Se sentía cómoda en la cocina. Era el lugar en el que había pasado la mayor parte de su infancia y adolescencia. Todo comenzó cuando tenía unos cuatro años. Poco después de que sus padres se divorciaron, su padre se casó con Joy Yi. Un año más tarde, Joy dio a luz a un par de bebés, lo que llenó de felicidad a su padre. Sin embargo, para Jana, los dos bebés recién nacidos significaron responsabilidades adicionales y más tareas domésticas. Desde entonces, fue tratada como una trabajadora doméstica. Al cumplir 15 años, sus tareas habían pasado de limpiar y picar las verduras a preparar las comidas completas.

Los desafíos que enfrentó en sus primeros años continuaron en su vida universitaria. Cuando se acercaba a su graduación, soñaba con irse de casa y encontrar un trabajo lejos de su familia. ¡Incluso trató con vehemencia de buscar oportunidades de trabajo en diferentes ciudades! Pero las cosas no salieron según lo planeado, ya que su padre arregló inesperadamente su matrimonio con Zed Qi, por lo que nunca logró revertir su situación. Simplemente había dejado a un hombre malo y controlador por otro igual.

Zed entró por la puerta justo cuando su mujer ponía la olla de sopa sobre la mesa. Esto la tomó por sorpresa, pues era como si él hubiera programado su llegada justo para esa comida. Sentada a la mesa, Jana descubrió que había perdido el apetito. Después de escoger su comida descuidadamente, se sentó con los palillos suspendidos en la mano. Su mente estaba ocupada con pensamientos sobre el divorcio. ¿Cómo forzaría a Zed a cumplir sus acuerdos anteriores? Lo miró varias veces, y parecía que estaba a punto de pedirle algo.

"Hmmm... Zed, sobre el Folleto de Registro de Residencia, ¿me lo puedes devolver?".

Como nadie había hablado desde que él llegara, esa pregunta rompió el silencio en la mesa del comedor, y Jana no pudo evitar tocar el fondo del tazón con sus palillos. Estaba tan nerviosa y sus movimientos eran tan descoordinados que parecía que iba a romper el cuenco.

"No se debe hablar mientras se come", respondió él secamente antes de seguir comiendo. Ella frunció el ceño y estudió a su marido. Al parecer estaba hambriento, a juzgar por la velocidad a la que engullía su comida.

Resignada, suspiró. No tenía sentido discutir con él, así que, tragándose su ira, asintió antes de continuar con su comida.

Zed probó todos los platillos que ella había preparado. Le gustó tanto la sopa que se sirvió dos raciones.

"Ya que sólo somos dos, puedes hacer una comida más sencilla en el futuro. Todos estos platillos son demasiado para nosotros", comentó después de terminar su comida.

'¿En el futuro? ¿Está realmente decidido a no divorciarse? ¿Cómo se atreve a utilizar la palabra futuro?'. Jana ya no soportaba sus juegos, de modo que levantó la voz, "¿Qué quieres decir, Zed? Tenemos acordado un divorcio y no te puedes retractar. No tienes derecho a arruinar mi futuro. Estoy ansiosa por salir de esta situación y encontrar un verdadero novio...", mientras hablaba, ella lo había tomado del brazo. Estaba tan abrumada con la idea de pasar el resto de su vida con ese hombre sin corazón que estaba a punto de echarse a llorar.

"¿Un verdadero novio?". '¡En realidad está considerando buscarse un nuevo novio! Debe pensar que ya no tengo manera de hacerla sufrir más, y el abandono con el que lo dice es la prueba'.

Él se sacudió las manos de ella con brusquedad y con demasiada fuerza, y como resultado, Jana perdió el equilibrio. Ella vaciló al borde de su silla y por una fracción de segundo, Zed pensó que caería, así que sin pensarlo, se estiró y la sostuvo hasta que estuvo segura. Aunque est

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aba enojado, se preocupaba por ella y no la soltó hasta que estuvo seguro de que estaba a salvo.

Zed entrecerró los ojos y los posó sobre ella. Al establecer contacto visual con él, notó la fuerte advertencia que representaba esa mirada. Después él dijo: "Eres una mujer casada. Si me engañas, eso me convertiría en un cornudo. No soportaré algo así. ¡Si algo así sucede, te juro que estarás condenada!".

Jana se estremeció ante esa amenaza, sin embargo, pronto recuperó el control sobre sí misma. Aclarando su mente, enderezó su cuerpo y habló con autoridad: "Si no quieres ser un cornudo, entonces divorciate de mí lo antes posible. ¡No puedo garantizarte fidelidad en una relación falsa!".

"¿Falsa? ¿Tienes alguna prueba de ello?", dijo él poniéndose en pie y acercándosele amenazadoramente. En unos segundos, su cara estuvo a la distancia de un dedo de la de ella.

No era necesario recordarle que se habían casado legalmente, que habían comparecido ante la autoridad correspondiente, y que habían completado todos los procedimientos requeridos para un matrimonio. Eso sin mencionar que ya habían consumado su matrimonio. No había manera de que ella pudiera afirmar que el suyo no era un matrimonio real.

"¿Por qué? ¿Por qué ya no quieres cumplir con nuestro acuerdo? ¿Por qué cambiaste de opinión tan repentinamente? No nos gustamos en absoluto, y tú no sientes nada por mí". Jana estaba desconcertada por las acciones de Zed. En todo ese tiempo, no había podido encontrar una explicación plausible del porqué él querría continuar con esa farsa. No había otra manera de obtener respuestas, más que preguntándole directamente, y así lo hizo. Había dejado escapar todas sus preguntas. Consciente de que él no tomaría muy bien ese comportamiento, se puso demasiado nerviosa y no osó mirarlo. Sabía que sus ojos serían tan profundos como el mar y tan oscuros como el cielo nocturno.

"Simplemente hago lo que quiero".

Zed se dio la vuelta y caminó hacia el dormitorio después de esa descuidada y poco satisfactoria respuesta.

Jana parpadeó varias veces tratando de entender lo que él acababa de decir. Sí, se creía más que los demás, y también era frío y engreído, ¿pero realmente pensaba que tenía derecho a jugar con una vida humana?

De manera satírica le dijo, "Por supuesto, si tú eres el gran jefe, Zed. ¡Tienes poder, tienes dinero, y puedes hacer lo que quieras!". La ira que corría por sus venas había provocado que temblara de manera irrefrenable, de modo que apretó y cerró los puños varias veces para intentar calmarse. Pero nada de eso ayudó y siguió susurrando maldiciones a la figura que se alejaba.

Furiosa con el resultado de las cosas, intentó racionalizar. En su mente, argumentaba que no tenían ninguna razón para seguir unidos, y ella tampoco tenía ninguna razón para ser amable con él. El Folleto, aunque importante, no le impediría seguir adelante.

Habiendo aclarado su mente, Jana tomó una decisión, así que sacó su maleta y empacó algunas cosas de primera necesidad.

Después se dirigió a la casa Wen. Cuando llegó y abrió la puerta, vio a Shirley, su media hermana, sentada en el sofá y fumando. Jana la estudió. Su cara estaba cubierta por una gruesa capa de maquillaje que la hacía lucir horrible. Parecía que su media hermana no había cambiado en todo el tiempo que había estado ausente. Al darse cuenta de que tenía compañía, Shirley levantó la vista. Cuando la vio, se burló con desdén: "Mira quién ha vuelto. Zed debe ser muy despiadado al echarte tan pronto. ¿O quizás hiciste algo para merecerlo?".

Jana ignoró sus burlas y se dirigió a su habitación. En el momento en que abrió la puerta, se sorprendió por lo que vio, pues su cama estaba llena de cajas de entrega de varios tipos. Mientras miraba a su alrededor, se dio cuenta de que toda su habitación estaba hecha un desastre.

"El ama de llaves vendrá hasta mañana. Creo que no tendrás dónde dormir antes de que venga a limpiar. Además, no esperaba que regresaras tan pronto, pero el sofá es un buen lugar para dormir, ¿no crees?". El tono burlón y los comentarios sarcásticos de Shirley acabaron de hundir su espíritu. Ella se giró para mirar a su hermanastra sólo para encontrarla dando una profunda calada a su cigarrillo antes de tirar casualmente la ceniza en el suelo.

"¿Y por qué tendría que dormir en el sofá? Esta es mi habitación y tú has provocado ese lío. Si no lo limpias, usaré tu habitación. Tal vez incluso mueva ese desastre a tu habitación cuando salgas de casa", estaba haciendo todo lo posible por razonar con ella.

Molesta, Shirley arrojó la colilla encendida hacia Jana. Con rápidos reflejos, esta última levantó la mano para evitar que la colilla la golpeara en la cara, y aunque logró bloquearla, le quemó la mano. Jana gimió cuando la sensación punzante de la quemadura se dispersó a través de su brazo.

"¡Qué divertido! Jana Wen, simplemente no puedes ganar, ¿verdad? Sería mejor si te dieras cuenta de que nada en esta casa, ni siquiera un grano de polvo, te pertenece. ¿Cómo te atreves a decir que esa es tu habitación? Debes haber olvidado cómo es que esa habitación terminó siendo tuya. Bien, te lo recordaré. Yo te la regalé, y como ahora estás casada, ya no eres bienvenida, de modo que no hay espacio en esta casa para ti. ¡Sólo vete de la casa!". Shirley, la malhablada, no se detuvo allí. Atreviéndose a más, tomó la escoba que estaba apoyada contra la pared, la levantó rápidamente y golpeó a Jana con ella. "Ush... Ush", dijo ella como si ahuyentara a un perro callejero.

Desde el momento en que su padre se casó con Joy Yi, Jana se había refrenado y había sido comprensiva y cooperativa con su familia. Años y años de burlas, golpizas y maldiciones la habían desgastado, pero ahora, el dolor que sentía, tanto a nivel físico como emocional, la enfureció tanto que ya no pudo soportarlo más, así que cogió la escoba y la arrancó de las manos de Shirley, quien no había esperado tal reacción. Una esquina de la escoba que estaba astillada hirió su palma, entonces miró a Jana con ojos asustados, sin poder creer que su hermana, que siempre había sido dócil, se hubiera rebelado contra ella. Cuando Shirley intentaba arrebatarle la escoba, vio a sus padres que se acercaban, así que se sentó rápidamente en el suelo y se echó a llorar, como si la hubieran estando molestando.

"Por favor ya no me pegues. Por favor, hermana Jana. Lo siento. Todo es mi culpa", y logró escabullirse entre exagerados sollozos.

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