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   Capítulo 8 No importa lo desvergonzada que sea, sigo siendo tu hija

Vives en cada latido mío Por Natalí Palabras: 5040

Actualizado: 2019-08-12 01:30


Habiéndole pedido a Zed que se retractara de la cesión de la propiedad, Jana ya esperaba que algo así sucediera.

Bien, bien, bien.

¡No esperaba menos de su padre!

De repente sintió que la palabra "padre" le resultaba bastante irónica.

"No te quedes callada. Dime qué hiciste. ¿Le dijiste algo a Zed? ¡Qué desvergonzada eres! ¡Sólo te regañé un poco y te atreves a hacerme algo tan bajo! Te lo advierto, si no recuperas ese pedazo de tierra, considérate sin hogar".

Incluso a través del teléfono, Jana podía sentir la rabia de su padre debido a su tono de su voz, y creyó que si la tuviera frente a él, definitivamente la estrangularía.

"¿Quedó claro?".

Ella no respondió ni emitió sonido alguno, y su padre asumió que no lo estaba escuchando, por lo que levantó la voz y gritó: "Eres una desvergonzada, ¿me oyes?".

Jana respiró tranquila y respondió con indiferencia: "¿Quién es desvergonzado?".

"Eres una...", su padre hizo una pausa, su lengua estaba trabada. Nunca hubiera pensado que ella le hablara de esa manera. Estaba demasiado sorprendido como para pronunciar una sola palabra.

Jana sonrió y continuó usando ese tono frío e indiferente.

"¿Te refieres a mí? ¿Desvergonzada? No importa lo desvergonzada que sea, sigo siendo tu hija".

Esa declaración hizo que su padre estallara de furia: "¡Me odio a mí mismo por no haberte estrangulado cuando naciste!".

Esa cruel declaración hacía que sonara como si Jana fuera el más grande error de su vida, y ella sintió que su corazón se hundía. En el pasado, solía sentirse triste cuando su padre decía algo así de cruel, y solía pensar que estaba siendo injusto y se preguntaba por qué trataba a Shirley de manera diferente a pesar de que ambas eran sus hijas, pero en este punto era como si estuviera anestesiada, así que se burló: "No lo entiendo. Si me odiabas tanto, ¿por qué dejaste que mi madre me diera a luz?".

Había un dejo de burla en su tono de voz.

El Sr. Wen no podía entender cómo había cambiado tanto. Al menos hasta antes de ese momento, no se había atrevido a hablarle de esa manera.

'¿Será a causa de Zed? ¿Creerá que él la va a apoyar? Pfff, incluso si él está de su lado, ¡ella lo conoce gracias a mí!'.

Entre más lo pensaba, más furioso se ponía. Independientemente de sus razones, él continuó gritándole por teléfono: "¡Será mejor que Zed me devuelva ese pedazo de tierra lo antes posible! O sino…".

"¿No me permitirás entrar a la casa? ¿O me desconocerás como tu hija?", Jana lo interrumpió. Esa

repentina interrupción provocó que él perdiera el hilo de sus palabras. Antes de que pudiera siquiera responder, Jana volvió a decir: "No te preocupes, toma la decisión que creas más adecuada, ¡siempre y cuando te haga feliz!".

Después de estas palabras, colgó sin darle a su padre la oportunidad de responderle.

En el otro extremo de la linea, el bip del teléfono se siguió escuchando por un rato mientras el Sr. Wen trataba de encontrarle sentido a todo.

'¡Sin duda ella tiene los pantalones bien puestos! Ahora hasta se atreve a hablarme en ese tono. ¿Qué es lo que intentará hacer contra mí en el futuro? Seguro que intentara derrocarme, ¿no es así?'.

El Sr. Wen se enojaba más cuanto más se le fijaba esa idea en la cabeza. Inconscientemente apretó el teléfono con más fuerza, como si este fuera su hija atrevida. Con sólo aplicar un poco más de fuerza, podría aplastarla hasta hacerla añicos.

Shirley volvió a casa sólo para ver al Sr. Wen lleno de furia, y le preguntó con cautela, "Papá, ¿qué pasó?".

"¡Todo es culpa de esa ingrata hija, Jana!".

'¿Jana? ¿Pues qué hizo?'.

Shirley no estaba al tanto de toda la situación, pero para que su padre se hubiera enojado hasta ese grado, probablemente no se trataba de algo trivial.

No pudo evitar sonreír un poco ante ese pensamiento, pero sólo por un breve instante, porque de inmediato su sonrisa se desvaneció y fue reemplazada por la preocupación y el descontento.

"¿Cómo pudo hacerte esto? Como sea, ¡sigues siendo nuestro padre!".

Como espectadora, ella sólo estaba ahí para hacer las cosas más grandes. A ella le convenía que corrieran a Jana de la casa.

Sin darse cuenta, el Sr. Wen se enfureció todavía más después de escuchar las palabra de consuelo de Shirley. La miró con los ojos bien abiertos, y parecía como si estos fueran a disparar fuego en cualquier momento.

"¿Padre? ¡No soy su padre! ¡Me acaba de decir que rompamos relaciones y que nunca volverá a casa!".

Shirley sintió un dejo de felicidad, pero se aseguró de no mostrarlo.

"Papá, cálmate. ¿No se tratará de algún malentendido?". Después de una pausa, ella continuó: "¿Es porque la golpeaste anoche? ¡Pero fue ella quien comenzó la pelea!".

Con una mirada agraviada e inocente, pretendía ser tan delicada como un loto blanco.

El Sr. Wen la volteó a ver y le respondió claramente: "Esto no tiene nada que ver contigo".

Shirley sabía que su padre no era capaz de enojarse con ella, y eso la hizo querer destruir aún más la imagen de Jana.

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