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   Capítulo 14 Una visita de la exnovia de Zed

Vives en cada latido mío Por Natalí Palabras: 9428

Actualizado: 2019-08-15 02:40


Zed miró a Jana. Se sentía confundido; sin embargo, una parte de él estaba eufórica pues si Jana quería discutir con él, significaba que se sentía bien. Al observar que no había sufrido lesiones de consideración ni angustia mental a consecuencia de su más reciente experiencia, disminuyó la preocupación que tenía.

"¡Yo! Dije que quiero el divorcio. Habíamos llegado a un acuerdo al respecto, ¿verdad?".

Jana se sentía un poco indefensa. Hacía días, habían hablado del divorcio e incluso, habían acordado ir a la Oficina de Asuntos Civiles. Sin embargo, Zed no se había presentado a la primera cita, y ese mismo día, se había apoderado del Folleto de Registro de Residencia de Jana y lo había escondido. Sin él, ella no podía divorciarse.

"¿Llegamos a un acuerdo? No que yo recuerde", contestó Zed levantando las cejas y con una sonrisa seductora.

A Jana le causó asombro su picardía y no podía dejar de pensar en lo guapo que se veía al sonreír. Sus delicadas mejillas y sus profundos ojos la cautivaron. 'Soy muy afortunada de ser su esposa', se dijo sorprendida por este pensamiento. La ansiedad y el nerviosismo aumentaron y no podía mirarlo.

Entonces, fijó su mirada en el piso y respondió sumisa: "Sí, llegamos a un acuerdo. Lo hemos discutido muchas veces. ¡Hasta convencí a mi padre para que me entregara el Folleto de Registro de Residencia! ¿Por qué me estás haciendo esto?".

"Bueno, ¿y eso qué?", respondió él rascándose la barbilla fingiendo que meditaba. "Quiero reconsiderarlo. Si tú insistes, tienes libertad de buscar un abogado que se encargue de los papeles de divorcio, pero no los firmaré".

"Tú...". Jana no encontró palabras para responder, y pensó: '¡Zed es un cretino!'.

Estaba indignada por lo que le había dicho, pero cuando se recobró, analizó que no le convenía pelear con él. Su padre aún no había comprado las tierras que anhelaba; por eso, Jana estaba segura de que su familia le causaría problemas una vez más.

Sintió algo de consuelo al recordar un antiguo refrán que dice que 'el que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija'. Jana sabía que Zed sería 'el buen árbol' perfecto. Ella estaba en desventaja, sin dinero y sin apoyo. Por ende, necesitaba de su protección para fortalecerse.

"¿Qué tengo que hacer para convencerte de seguir adelante con el divorcio? Juro que no pediré nada. No necesito tu casa, ni tu auto, ni tu dinero. Lo único que quiero es el divorcio", dijo con suavidad. Estaba sonrojada porque sus pensamientos la avergonzaban, pero estaba feliz de haber pensado en otra alternativa.

Zed la miró con desdén antes de marcharse actuando como si nada hubiera sucedido.

'Hmm, no seas presumido. Ya veremos porque te haré firmar esos papeles tarde o temprano', pensó Jana.

Entonces, para calmar la ira que sentía le hizo muecas a sus espaldas.

Él, que ya casi llegaba a la puerta, intuyó los gestos de Jana y, por instinto, se volvió para mirar a su esposa. Ella, que no se esperaba esa reacción, se tapó la cara con rapidez con la bolsa de hielo evitando hacer contacto visual con él.

Entonces, Zed salió de allí con el corazón lleno de alegría.

Jana no se atrevió a abrir la boca hasta que estuvo segura de que Zed se había ido. Una vez sola, pudo pensar con claridad. 'Zed mencionó que había regresado por algo, pero se fue con las manos vacías'.

Tenía la impresión de que él no estaba siendo del todo honesto con ella. Frustrada, tiró la bolsa de hielo a la mesa de centro.

A pesar de estar enojada con Zed, el detalle que había tenido para con ella la había conmovido. Había tenido la amabilidad de prepararle la bolsa de hielo para su lesión.

...

Al llegar a la oficina, lo primero que hizo Zed fue pedirle al secretario que llamara al abogado. Le describió a este lo acontecido fuera de su villa y, después, le solicitó que enviara una notificación legal al señor Henry Wen.

Una vez resueltos tales asuntos, pudo, por fin, tomar unos momentos para reflexionar y calmarse.

'Jana es una buena chica. Tengo que estar seguro de que nadie le haga daño, aun cuando las personas que quieran perjudicarla sean de su familia. ¡Y si alguien se atreve a lastimarla, recibirá su merecido!'.

Zed estaba decidido a protegerla. Su rostro reflejaba frialdad al pensar en el padre de Jana y en sus actos.

De repente, un ruido del exterior lo interrumpió, por lo cual frunció el ceño.

Un momento después, escuchó que el secretario le hablaba con amabilidad a una visita y le decía: "Señorita Xu, usted no puede pasar a la oficina sin autorización".

"¿Por qué no? Su jefe y yo hemos sido amigos muchos años. Además, llamé antes de venir".

Zed se encogió el entrecejo al oír la voz de Eva Xu p

or toda la oficina.

Se preguntó: '¿Qué hace ella aquí?'.

"Señorita, señorita", rogaba el secretario.

"¡Pum!", se escuchó cuando la puerta se estrelló contra la pared ya que Eva la había abierto con mucha fuerza entrando a toda prisa a la oficina de Zed. El secretario, que la había seguido hasta ahí, estaba tenso porque le preocupaba que el señor Qi lo amonestara por no haberle impedido que entrara.

"Señor Qi, lo siento, pero nada de lo que dije bastó para detenerla", dijo disculpándose.

Zed se recostó en su silla, levantó la barbilla y analizó a las dos personas que habían entrado en su oficina.

Eva se alegró al ver que Zed la observaba. "Zed", dijo haciendo uso de todo su encanto.

Esto era un paso calculado, pues al llamarlo por su nombre en lugar de adherirse al título formal, señor Qi, su intención era recordarle la relación muy cercana que tuvieron alguna vez. Esta no era la primera vez que el secretario pasaba por algo así. El señor Qi era un joven exitoso y muy guapo, también. Por eso, a través de los años, muchas damas habían inventado toda clase de pretextos para conocerlo, pero, casi siempre, su jefe le pedía que las alejara.

Pero esta vez, tenía la impresión que Eva era un caso especial. ¿Por qué tendría tal sensación el secretario? Por dos razones: la primera era que la forma en que estaba vestida era fabulosa; y, la segunda y aún más importante, era que se había dirigido a él por su nombre lo cual indicaba que había una relación personal más profunda entre ellos.

Al darse cuenta de esto, intentó salir de la oficina con discreción, pero Zed lo detuvo antes de que se marchara. "Recuerdo que te dije que nadie debía entrar a mi oficina sin mi permiso. ¿Lo has olvidado?", le preguntó al secretario, pero era evidente que el comentario era para que Eva lo oyera. La increpaba de forma indirecta a causa de su entrada intempestiva a la oficina.

El secretario la miró, pero al darse cuenta de que ella no pensaba irse, no supo qué hacer.

Eva se sintió terriblemente insultada y palideció de la humillación.

"Zed, vine aquí por ti", le dijo para engatusarlo asumiendo que Zed, como otros hombres, se sometería a su persistencia.

Sin embargo, para su sorpresa, él se mantuvo indiferente y frío como el hielo.

Zed respondió: "¿Vino aquí por mí? Señorita Xu, si lo hizo para discutir un asunto personal, no tenemos nada que hablar. En cambio, si su visita es de negocios, póngase en contacto con mi secretario primero, por favor, para que revise mi agenda y arregle una reunión oficial cuando me encuentre disponible. Sin importar sus razones, no ha sido correcto que entrara a mi oficina sin tener cita".

Zed se comportaba como si no la conociera a pesar de que Eva pretendía que tenían una relación personal muy cercana.

El secretario se sintió muy satisfecho con lo que el señor Qi había dicho, y pensó: 'Todo el mundo sabe que el señor Qi se casó con la señorita Wen, la hija del dueño del Grupo Wen. A pesar de que se rumora que es matrimonio por conveniencia, el acuerdo beneficios al señor Qi. Pero si el hecho es que él no necesita al Grupo Wen para nada, entonces tiene que haberse casado con Jana Wen por amor'.

"Zed, yo...".

Eva estaba muy molesta por el duro trato que estaba recibiendo. El encuentro no estaba saliendo como lo había planeado. Se sentía despreciada y no podía entender por qué Zed se comportaba de tal forma.

Y peor aún, ¿lo estaba haciendo frente al secretario a propósito? Esto la hizo sentirse más humillada y en medio de un dilema. Por un lado, no quería hablar con más confianza frente al secretario; por el otro, no deseaba irse sin poner en marcha su plan.

Zed le preguntó: "Bien, señorita Xu, ¿tiene algo más que decirme?".

¿Señorita Xu?

¡Señorita Xu!

¿Por qué Zed insistiría en dirigirse a ella con tanta formalidad? Eva estaba desconcertada. Frunció los labios y los ojos se le llenaron de lágrimas.

Ante aquella reacción, el secretario movió la cabeza en señal de impotencia. Como caballero, no soportaba ver a una mujer llorando aunque fuera una extraña.

No obstante, Zed no era como él. El secretario no tenía la más mínima idea de cómo comportarse con alguien como Eva.

"Zed, ¿me permites decirte algo, por favor? Solo déjame hablar un segundo, ¿está bien? No te quitaré mucho tiempo", dijo Eva con la voz quebrada.

De inmediato, el secretario dirigió su mirada a Zed, pero a él no le importó lo que Eva decía.

Entonces, cuando el secretario miró a Eva, hizo contacto visual directo con ella.

A ella se le llenaron de lágrimas los ojos, lo cual lo hizo sentirse incómodo pues parecía implorarle su ayuda. Lamentablemente, no podía hacer nada por ella.

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