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   Capítulo 15 Cariño, ¿qué hay para cenar

Vives en cada latido mío Por Natalí Palabras: 9113

Actualizado: 2019-08-16 00:15


El secretario sabía que Eva quería que él saliera de la habitación para poder hablar en privado con Zed. Y eso era algo que no iba a pasar. El señor Qi era el CEO de la compañía y él, siendo secretario, no estaba en posición de decirle al CEO qué tenía que hacer.

Eva se molestó cuando no recibió respuesta del secretario, pero no podía hacer nada al respecto. Seguía pensando en la noche en que Zed y Jana estuvieron juntos. ¿Por qué Jana? Cada vez que lo pensaba se sentía más enojada. Jana era una mujer tan simple y vulgar que no había manera de que Eva pudiera aceptar que Zed le prestara atención en lugar de a ella. Eva había decidido durante la fiesta de cumpleaños que tenía que sabotear la relación entre Zed y Jana antes de que él se enamorara de verdad de ella.

"Zed, te prometo que no te voy a robar mucho tiempo. Solo quiero decirte unas palabras. Eso es todo".

Eva rompió a llorar mientras su voz transmitía la tristeza que sentía.

Zed entrecerró los ojos y la miró. Sabía que ella no aceptaría su decisión tan fácilmente, por eso pensó en tomar una medida diferente. Cogió su teléfono y marcó un número, fingiendo que no había oído lo que Eva había dicho.

"Zed ...". Eva bajó la voz y sollozó su nombre.

...

El teléfono sonó dos veces

Y Jana respondió la llamada. En un primer momento se sorprendió al ver que era Zed, pero después lo justificó pensando que quizá él había entrado en razón e iba a aceptar el divorcio. Sería genial porque así se libraría de ese hombre.

Después de dudar por un momento, Jana le preguntó: "¿Estás de acuerdo con el divorcio?". Ella consiguió hacer su pregunta antes de que Zed pudiera pronunciar una palabra. Sonó sincera e impaciente.

Cuando Zed escuchó la pregunta de Jana, finalmente dejó de fruncir el ceño y una feliz sonrisa apareció en su rostro. Parecía que estaba hablando con alguien que era importante para él, alguien por quien Zed sentía mucho cariño. La expresión fría que generalmente adornaba la cara de Zed había desparecido.

Y verlo así enfureció a Eva. Zed nunca la había tratado de esa forma antes.

"Cariño ...".

Cuando escuchó a Zed hablando de esa manera, Eva supo que no tenía nada que hacer.

El secretario sonrió ante la táctica del señor Qi. Había visto a personas que sabían tratar con mujeres difíciles, pero nunca como lo hacía Zed.

Comprendiendo que no había nada que pudiera decirle, Eva sintió que necesitaba salir de la habitación. Ella sabía con certeza que la persona que estaba hablando por teléfono con Zed era Jana.

"Regresaré temprano hoy. Tal como lo prometí estaré en casa tan pronto como salga del trabajo. Mmm, me gustaría comer pescado estofado, filete agridulce".

Zed hablaba con Jana sobre cosas cotidianas como si estuviera solo en su oficina.

Lo que Eva no sabía era que los comentarios de Zed habían dejado a Jana completamente desconcertada.

¿Cariño? ¿Pescado estofado? ¿Filete agridulce? ¿Qué problema tenía? ¿Se golpeó la cabeza y se volvió loco?

"¿Te divorciarás de mí si te hago pescado estofado y filete agridulce?", preguntó ella cautelosamente. No tenía idea de por qué Zed le estaba diciendo esas cosas y la verdad era que no entendía qué tenían que ver con el divorcio.

"Dijiste que si me porto como me pediste, cocinarás platos especiales para mí".

Jana miró el teléfono confundida. El número que aparecía en la pantalla era definitivamente el de Zed. Sin duda era su voz. ¿Pero por qué estaba diciendo eso? Jana se preguntó si estaba tratando de insinuar algo sutilmente.

¿Portarse como ella le pidió?

Jana repasó rápidamente todas las conversaciones que había mantenido con Zed en los últimos días. Finalmente recordó el incidente en el que le había pedido a Zed que cancelara el proceso de transferencia de tierras. ¿Estaba hablando de eso?

"¿Qué tal si te cocino un plato adicional de cerdo estofado?".

Al oír eso la boca de Zed se retorció y respondió: "La carne de cerdo estofada es muy grasosa, me gustaría comer algo más ligero ...".

Eva no podía seguir soportando esa humillación. Entonces, llena de rabia, pataleó y salió de la habitación.

Al cabo de un rato, Zed sonrió con satisfacción.

El secretario, reacio a interrumpir a Zed, retuvo su sonrisa, se dio la vuelta para salir de la oficina

Y luego cerró la puerta sin hacer ruido.

Jana todavía estaba negociando con Zed al teléfono. Si Zed quería que ella le cocinara a cambio del divorcio, ella felizmente lo complacería. Por eso se ofreció a prepararle los platos que sabía que seguro le iba

n a gustar.

"¿Te parece la carne de cerdo estofada demasiado grasosa? No pasa nada, si no te gusta cocinaré otros platos. ¿Qué tal unas verduras? ¿Te gusta la lechuga, la avena desnuda o las espinacas?".

Zed cerró los ojos y sonrió.

Jana parecía estar de humor. Ella continuó hablando sin esperar a que Zed respondiera.

"¿Y la col? ¿Qué más te gusta? Iré al mercado y luego prepararé la cena".

Zed permanecía en silencio mientras imaginaba a Jana en la cocina cocinando todos esos maravillosos platos. Fantaseaba con el momento en que llegaría a casa y se sentaría ante una mesa llena de platos preparados por ella.

El solo hecho de imaginarse la escena hizo que Zed sintiera una inmensa felicidad.

Si algún día Jana pudiera cocinar para él por su propia voluntad... ...

"Oye, ¿sigues ahí?".

La voz de Jana hizo que Zed volviera a la realidad.

Él se detuvo un poco antes de responder con un tono plano: "¡Lo que quieras!".

Jana no detectó el matiz de su respuesta. Realmente pensó que Zed quería que ella misma eligiera entre las opciones que le había dado.

"Vale, te prepararé algo especial para cenar. Ahora iré al mercado. ¿Tienes algo más que decirme?".

"¡No!".

Aunque Zed seguía hablando en un tono plano, no quería que la conversación terminara. Su propósito era alejar a Eva y lo había logrado, sin embargo, él había extrañado a Jana y disfrutaba hablando con ella.

"Voy a colgar. ¡Espera! ¿Lo que me prometiste sigue en pie?".

"¿Qué te prometí?".

"Me prometiste que si te preparo la cena y te hago estofado de pescado y filete agridulce, vas a ...".

"¿Cenamos juntos? Claro, por supuesto, lo recuerdo".

Zed interrumpió a Jana antes de que ella pudiera mencionar el divorcio de nuevo. Luego colgó la llamada rápidamente sin dejarle a Jana la opción de rebatirle.

Jana se quedó mirando el teléfono un buen rato sintiéndose confundida por la conversación que había tenido con Zed. Trató de darle sentido, pero no lo conseguía. Ella sacudió la cabeza.

'¿Está Zed ... de acuerdo con el plan o no?'.

¡Era tan confuso! Aunque pensándolo bien, él había prometido cenar con ella, lo que significaba que ella todavía tenía la oportunidad de hablar sobre el divorcio.

En el peor de los casos podía repetir lo que había hecho la última vez.

De repente Jana sintió que su objetivo en la vida era complacer a ese hombre desagradable para obtener su libertad después del divorcio.

¿Podía ser más rara esa vida matrimonial?

... ...

Mientras tanto, en la casa de Wen, Henry estaba sentado mirando fijamente su escritorio en su estudio. Estaba completamente ensimismado. Permanecía perdido en sus pensamientos, con un sobre en sus manos.

El sobre contenía la notificación legal que Zed le había pedido a su abogado que enviara.

Henry no se terminaba de creer que Zed realmente se la hubiera enviado junto con el vídeo de vigilancia.

La notificación era bastante clara. Zed le solicitaba a Henry que se disculpara con Jana, de lo contrario lo acusaría de asalto intencional.

En el vídeo de vigilancia, como una prueba, aparecía Henry abofeteando a Jana.

Henry conocía el poder y el estatus de Zed, quien podría dificultarle las cosas a Henry si quería darle una lección, incluso sin ese vídeo como evidencia. Y no había nada que Henry pudiera hacer para librarse.

Si hubiera sabido que algo así sucedería, no habría ido a la mansión para encontrarse con Jana. Aunque hubiera perdido la oportunidad de hablar con su hija, al menos no se habría encontrado metido en ese lío, y lo único que habría perdido habría sido la tierra. Sin embargo, ahora las cosas no eran tan simples.

La cara envejecida de Henry se veía aún más triste.

¿Debería disculparse con Jana en persona?

Henry no se había imaginado nunca en su vida adulta que terminaría en esa situación.

Se maldijo a sí mismo por haber sido incapaz de controlar su temperamento. Después de todo, fueron sus acciones las que lo llevaron a esa desgracia.

"¡Ah!".

Un largo suspiro hizo eco repentinamente en su silencioso estudio.

Joy había permanecido de pie en la puerta, observando a Henry a través del pequeño espacio entre la puerta y el marco. Desde ese ángulo, puso observar claramente la cara de Henry.

Habían estado cenando juntos alegremente unos minutos antes, cuando de repente sonó el teléfono. Al ver que la cara de Henry se ponía blanca, Joy supo que algo andaba mal.

Y, más tarde, viéndolo sentado en su estudio malhumorado, Joy estaba más segura de que algo había sucedido.

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