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   Capítulo 18 ¿Qué más quieres hacer

Vives en cada latido mío Por Natalí Palabras: 13879

Actualizado: 2019-08-17 13:19


Watson salió del estudio de su padre. Estaba resentido porque no le dio el dinero que necesitaba. Realmente no se imaginaba que se iría de ahí con las manos vacías. Además, el hecho de que su padre lo regañara lo había irritado aún más.

De repente sonó su celular. Lo sacó de su bolsillo trasero y miró la pantalla. La familia de la chica le había escrito. El mensaje fue muy claro, Watson tenía que pagar por su cinismo y su crueldad. Forzó a una niña a abortar. El remitente era el hermano que lo había amenazado la última vez.

Watson suspiró y volvió a leer el mensaje. "Lo creas o no, si no te responsabilizas de mi hermana, te haré pagar por tu estupidez".

Watson temía que fuera abordado por un miembro de la familia de la mujer. Estaba tan paranoico que había dejado de salir de casa. Le preocupaba que lo encontraran caminando por la calle y se enfrentaran a él si no les entregaba una gran suma de dinero.

"¡Vete a la mierda!".

Watson estaba de pie junto a una ventana, reflexionando sobre las opciones que tenía. Shirley, que acababa de regresar a casa, se percató de su enfado y se burló al escuchar a Watson. Ella sabía qué era lo que le estaba molestando.

"Mírate. Por tu expresión diría que te has metido en problemas otra vez. ¿Qué pasa contigo? ¿Qué pobre chica va a tener un hijo tuyo en esta ocasión?", le dijo Shirley con sarcasmo.

Watson siempre andaba metido en problemas con mujeres. Por eso mismo, a Shirley le resultaba fácil adivinar por qué su hermano estaba enojado. Como disfrutaba viendo la miseria de otras personas, Shirley se regodeaba e intentaba hacer que la situación fuera más desagradable para Watson.

Watson levantó una ceja y se volvió hacia su hermana. Luego la miró de arriba abajo. Se dio cuenta de que Shirley estaba muy maquillada y llevaba puesto una camiseta sin mangas y una minifalda vaquera. Su largo cabello rubio ondulado caía sobre sus hombros. Ella no se veía mejor que una prostituta callejera.

Al igual que Shirley conocía a Watson lo suficientemente bien como para adivinar en qué tipo de problemas se había metido, Watson sabía lo suficiente sobre Shirley para asumir dónde había estado. Probablemente había pasado el tiempo bebiendo en bares o en algún lugar ruidoso y extravagante. También era muy probable que Shirley hubiera seducido a algún desconocido al azar y hubiera compartido placer con él.

"¿Por qué tenemos que provocarnos si somos tal para cual? Sabes, todavía estoy tratando de descubrir por qué eres tan diferente a Jana. Ella lleva una vida decente. Y mírate tú".

¡Jana!

Cuando Shirley escuchó a Watson decir el nombre de su media hermana, fue como si la misma Jana estuviera frente a ella en la habitación. El simple hecho de imaginárselo le disgustaba. Odiaba profundamente a Jana y ni siquiera podía soportar escuchar a otras personas mencionándola.

"¡Ni nombres a esa perra!", soltó Shirley.

"¿Qué hizo? ¡Cuéntamelo todo!", dijo Watson con gran curiosidad. Él había escuchado a sus padres hablar sobre Jana antes de entrar en el estudio. Su padre se había puesto furioso y no pudieron terminar su conversación. Watson no había podido averiguar qué había hecho Jana para que su padre estuviera tan molesto.

"¿Por qué tendría que contártelo? ¿Qué harás después de descubrir los problemas que tienen nuestros padres? ¿Te comportarás como Zed? ¿Lo ayudarás? Lo único que sabes hacer es crear problemas. Eres un completo ignorante y ni siquiera conoces qué industrias trabajan con la compañía de papá. Estás fantaseando con ser un genio de los negocios. Yo te aconsejo que continúes con tu vida privilegiada y con el libertinaje mientras puedas. En fin, tengo mejores cosas que hacer ahora, así que, si yo fuera tú, me iría y buscaría a algunas chicas hermosas con las que coquetear", bromeó Shirley.

Watson hizo una mueca con la boca y sonrió en lugar de enfurecerse. Entonces respondió: "Hace tiempo que soy consciente de que todos ustedes me desprecian, pero si burlarte de mí te satisface, entonces adelante. Puede que uno de estos días te des cuenta de que no eres tan perfecta como crees. Siempre has estado celosa de Jana. Y al final conseguiste echarla de esta casa. ¿Pero qué le pasó? Que se casó con un apuesto millonario. Tal vez ahora sea ella la que se ríe de ti".

"Tú...". Shirley no quería discutir con Watson. Para ella, su hermano menor era solo un vividor y un vago que no valía para nada, y tarde o temprano el negocio de su padre se arruinaría por su culpa.

"¿Qué pasa conmigo? Hagamos un trato. Papá está enojado en este momento y no me atrevo a pedirle dinero. Sé que en todos estos años has debido ahorrar algo de dinero. Si me das la cantidad que necesito para resolver el problema, acudiré inmediatamente a tu rescate siempre que precises de mi ayuda. ¿Qué te parece?". Watson interrumpió con la esperanza de obtener dinero de ella, aunque no tenía intención de cumplir con su parte del trato. Solo quería reunir suficiente dinero lo antes posible para salir de la situación a la que había llegado. Su seguridad era el único problema que le preocupaba de verdad. A él le daba igual de dónde viniera el dinero.

"Zed dijo que demandaría a nuestro padre. ¿Se te ocurre cómo hacerlo cambiar de opinión? Él está planeando acusar a papá. Y la única razón por la que lo está haciendo es para complacer a Jana. Esa mujer es cruel", dijo Shirley con odio, sin ocultar la envidia que le tenía a Jana, e incluso Watson percibía los celos que sentía.

Watson entrecerró los ojos y miró a su hermana. De repente, una idea se le vino a la mente.

Después de considerar su plan, Watson caminó hacia ella y bajó la cabeza para susurrarle algo al oído.

Al principio Shirley se sorprendió, pero luego su rostro mostró preocupación.

"¿Tendrá éxito? Si no lo logramos, Zed definitivamente nos lo hará pagar. Y lo peor es que es probable que perdamos la vida", dijo Shirley con incertidumbre.

"Estate tranquila. Lo haré en secreto sin dejar ninguna evidencia que indique que nosotros participamos. Confío en mi plan, así que deberías tomar algo de dinero para pagarme". Watson sabía que Shirley estaba tentada.

Ella tenía la mirada ausente y no dijo nada. Watson se regocijó cuando se dio cuenta de que Shirley había aceptado su plan.

...

Afuera el cielo se empezó a oscurecer.

Jana estuvo tres horas en el mercado comprando las cosas que necesitaba para preparar la cena.

Como Zed le había comentado que quería comer pescado estofado y filete agridulce, Jana se aseguró de seleccionar todos los ingredientes necesarios. Él no le dejó claro a Jana qué más quería comer, dejó que ella tomara esa decisión. Por eso, Jana recorrió todo el mercado buscando ingredientes.

Tal vez los milagros pudieran volver a suceder si Zed disfrutara de la cena que le iba a preparar. Jana se motivó pensando en eso. Creía que podría convencer a Zed para que le diera la llave de su caja de seg

uridad tan fácilmente como había adquirido el contrato de transferencia de tierras la última vez. Mientras Jana meditaba sobre esa idea, creyó que sería mejor obtener su Folleto de Registro de Residencia directamente de Zed.

Una vez que tuviera el Folleto, podría divorciarse de él. Jana se sentía enérgica y encantada con esos pensamientos positivos y esa gran esperanza. Después de hacer la compra regresó a la mansión de Zed cargada de bolsas. Entró en la cocina y comenzó con los preparativos.

Jana limpió en primer lugar el pescado y luego utilizó un poco de vino para eliminar el olor no deseado...

Ella era una cocinera muy hábil y no se demoraba con los preparativos.

Mientras ponía algunas ollas en los fogones y espolvoreaba hierbas y condimentos, descubrió que la sensación de prepararle la cena a alguien no le disgustaba tanto. Al estar cocinando con un propósito específico, no se sentía cansada. Es más, se veía feliz.

Jana no sabía cuándo volvería a casa Zed, solo esperaba terminar la cena antes de que llegara. Ver una mesa llena de deliciosos platos lo complacería y comenzaría la velada con una atmósfera estupenda. Pero se sorprendió cuando se dio cuenta de lo que pensaba y esperaba.

¿Podría estar contenta con eso? Jana se preguntó si le gustaría estar todos los días planeando y cocinando para Zed y luego pasar la noche disfrutando juntos de sus platos favoritos.

Jana se sentía feliz imaginando una vida así.

Fue una pena que sus pensamientos sobre su inevitable divorcio con Zed irrumpieran en su mente. También empezó a pensar en la relación de Eva y Zed. No estaba segura sobre qué sentía Zed hacia ella, aunque era probable que todavía tuvieran sentimientos el uno por el otro. Tales pensamientos enfriaron el estado de ánimo de Jana al sentir que su vida imaginada nunca se haría realidad. Jana no pudo evitar soltar un largo suspiro.

Cuando Zed regresó a casa, la vio en la cocina. Ella llevaba un delantal puesto encima de la ropa, con largo cabello castaño atado de manera desordenada.

Estaba ocupada cocinando y no se dio cuenta de que Zed había llegado.

Él disfrutaba mirándola. Se apoyó contra la puerta de la cocina y cruzó su brazos sobre el pecho. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios mientras veía a Jana de un lado a otro entre los fogones y la encimera, cortando, pelando y poniendo ingredientes en ollas a fuego lento. Zed se sorprendió a sí mismo cuando pensó que Jana era una buena esposa y sería una buena madre.

La sonrisa de Zed se convirtió en una sonrisa burlona al recordar que sus colegas lo habían estado molestando ese mismo día. Había adelantado varias reuniones y había declinado invitaciones a cenar que le habían hecho sus socios y clientes. Le había pedido a Jana que cocinara para él y tenía la intención de cumplir su promesa de cenar juntos. Al enterarse de sus planes hogareños para la noche, los socios y clientes de Zed habían comentado de broma que le tenían miedo a su esposa. A Zed no le importaba en absoluto. Incluso había conducido a casa rápidamente para no hacer esperar a Jana.

¡Y había merecido la pena! Zed podía notar el calor que Jana traía a su mansión. Al igual que la luz del sol, su presencia había comenzado a descongelar el hielo y la nieve de su corazón. Él podía sentir que su corazón se estaba ablandando.

Zed agradeció las circunstancias que habían llevado a Jana a su vida. La expresión fría habitual de su rostro había desaparecido y ahora sus ojos brillaban de felicidad.

Al día siguiente, Jana se despertó por el insistente sonido de su teléfono. Cuando se dio la vuelta para revisar su celular, se asombró al ver que era mediodía. Pero se sorprendió aún más cuando vio que Eva la estaba llamando.

Jana respondió con cautela. Eva, sin embargo, comenzó a hablar con un tono agresivo. En medio de toda la verborrea, Jana pudo entender que Eva quería quedar con ella porque tenía algo importante de que hablar. Jana sabía de qué se trataba, así que accedió sin dudarlo. Después de acordar la hora y el lugar, Jana colgó.

Se iban a encontrar en una hora en el SD Café, en el corazón de la ciudad.

Como no disponía de mucho tiempo, corrió al baño para vestirse.

Cuando se miró al espejo, Jana se sorprendió porque se veía cansada y demacrada. Tenía incluso ojeras bajo sus atractivos ojos color avellana. Entonces frunció el ceño al darse cuenta de lo mal que se veía y maldijo a Zed por su aspecto. Había sido ingenua al pensar que la cena saldría como ella había planeado. Si hubiera sabido que Zed no se conformaría con solo cenar, se hubiera preparado mejor. Ella realmente creyó que una buena comida casera satisfaría a Zed.

La noche anterior Jana no supo que Zed estaba de pie detrás de ella hasta que terminó de saltear el plato final de verduras verdes.

Cuando vio que había llegado a casa, fue alegremente a llenar un tazón con arroz para Zed antes de servirle la comida en su plato. El servicio ofrecido por Jana fue extremadamente atento.

Ella esperaba mantener una conversación agradable mientras cenaban, y aprovechar para plantearle el tema del divorcio. No obstante, Zed se limitó a sonreír. No dijo nada durante toda la cena. Él solo disfrutó tranquilamente de la comida, ni felicitó ni criticó a Jana.

Ella, por otro lado, se sintió nerviosa todo el rato porque no sabía lo que Zed estaba pensando. Ante su silencio, ella dudaba de si podría obtener finalmente su Folleto de Registro de Residencia.

Jana estuvo a punto de preguntarle en muchas ocasiones a Zed si le devolvería el Folleto después de la cena, pero cuando observó que se concentraba en comer, no quiso molestarle. Por eso esperó pacientemente a que terminara de cenar. Después de que Zed bajara los palillos, Jana le dijo con entusiasmo: "He cocinado el pescado estofado y el filete agridulce tal y como me pediste. Aunque el sabor no sea tan bueno como los manjares que has podido comer antes, los preparé con todo mi corazón. Así que...".

"Y, por eso mismo, ¡he decidido recompensarte con un abrazo!", dijo Zed seriamente.

¡De hecho, lo hizo! Se levantó de la silla, caminó hacia Jana y la abrazó con fuerza.

Jana se quedó estupefacta. Le tomó mucho tiempo recuperar la compostura. ¿Qué estaba pasando? ¿Solo un abrazo? ¿Eso fue todo?

¡No! Jana había trabajado muy duro para preparar esa cena. ¿Cómo podía terminar así? Ella quería conseguir su Folleto de Registro de Residencia, así que sacó inmediatamente la cabeza de los brazos de Zed, logró sonreír y dijo: "No quiero un abrazo. Lo único que quiero es...".

"Ah, ¿uno no es suficiente? ¡Entonces te abrazaré toda la noche cuando nos vayamos a la cama!", interrumpió Zed antes de que Jana pudiera terminar su frase.

"No, yo no...".

Zed levantó las cejas e interrumpió a Jana de nuevo. "¿Qué más quieres? ¡Me temo que no puedo satisfacer tus necesidades hoy porque las heridas de tu cuerpo aún no se han curado!".

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