ManoBook > Romances > Vives en cada latido mío

   Capítulo 24 Sonrojándose

Vives en cada latido mío Por Natalí Palabras: 8996

Actualizado: 2019-08-21 00:15


Henry Wen no esperaba que Watson le dijera palabras tan rebeldes.

Tenía la intención de resolver el asunto cuando Watson admitiera su error y prometiera solucionar todo lo que había provocado. Se había planteado incluso obligarle a pedirle perdón a Jana. Teniendo en cuenta lo bondadosa que era, una disculpa podría tranquilizarla.

Qué clase de hombre era Watson...

"Sal de aquí. Vete. A partir de ahora no vuelvas a llamarme papá", le gritó Henry histéricamente. Su envejecido rostro se puso rojo del esfuerzo.

Shirley, que había estado de pie junto a ellos todo el tiempo, no se atrevió a hacer ni un solo ruido. ¡Ni siquiera se movió! Tenía miedo de que su padre se desquitara con ella. Por eso se limitó a observarlos sin decir una palabra.

Parecía que no podía hacer nada más que esperar a que su padre se calmara y su madre volviera a casa, para que Henry y Joy pudieran hablar y decidir cómo lidiar con la situación que había generado Watson.

"De acuerdo. Me marcharé. ¿Acaso piensas que estoy orgulloso de ser hijo tuyo?", dijo Watson con una sonrisa burlona antes de darse la vuelta y salir de la casa.

La habitación de repente se quedó en silencio, hasta tal punto que Shirley podía escuchar la respiración agitada de su padre.

Al cabo de un rato, ella finalmente reunió el coraje para dar un paso adelante. Tomó cuidadosamente la escoba de la mano de su padre y susurró: "Papá".

Henry estaba perdido en sus pensamientos y pareció no haberla escuchado.

...

Estando en el hospital, Jana preguntó quejándose: "¿Cuándo me van a dar de alta?".

Ya estaba aburrida de jugar con el celular. De pronto, pareció darse cuenta de algo muy importante y miró al hombre que estaba a su lado con una gran sonrisa.

Durante su estancia en el hospital, Zed Qi le había estado haciendo compañía. Incluso cuando se presentó algún problema urgente que necesitaba ser atendido por él en la empresa, le solicitaba a su secretaria que le enviara los documentos al hospital.

Por eso, cada vez que Jana, estando acostada en la cama, se sentía aburrida, se daba la vuelta para hablar con Zed. No importaba qué hora del día o la noche fuera, él permanecía sentado a su lado tramitando los documentos en silencio.

Ella tenía que admitir que se sentía atraída por hombres que de verdad se dedicaban a su trabajo.

Jana miró en varias ocasiones a Zed con picardía y descubrió que le fascinaba.

En ese momento, sus largos y delgados ojos se entrecerraron. Para ella, esa expresión resaltaba la elegancia y el encanto de su rostro. Eso, sumado a la leve y astuta sonrisa que tenía en sus labios, hizo que quedara realmente maravillada y que no consiguiera detener los pensamientos traviesos que le venían a mente.

Aunque fue solo por un momento.

"Entonces, ¿cuándo me van a dar el alta?", preguntó de nuevo a Zed, quien no le había contestado antes.

"El médico dice que todavía estás demasiado débil para salir del hospital", respondió Zed con un tono frío.

"Pero yo ya me siento bastante bien como para irme. Mira, estoy bien". Ella siguió quejándose al no obtener la respuesta deseada.

"¿Lo estás?".

Zed levantó las cejas y miró a Jana. Había tenido esa discusión con ella tantas veces que ya no se tomaba en serio sus preguntas.

"Al fin y al cabo se trata de mi cuerpo. ¿Quién mejor que yo sabe cómo me encuentro?", murmuró Jana.

Para convencer a Zed, Jana sonrió como una flor cuando florece. Cuando vio que Zed no reaccionaba, le dijo en un tono más llano: "Estoy bien. ¡De verdad! No hay nada de qué preocuparse. Si no me crees, puedes comprobarlo. Solo me rasguñé la pierna. Todo lo demás es una herida superficial. Además, llevo mucho tiempo en el hospital. Incluso si hubiera sido algo grave, ya debería haber sanado, ¿no?".

Al escuchar eso, Zed se sumió en un silencio pensativo.

El corazón de Jana se aceleró cuando interpretó su silencio como un indicador de que estaba considerando si creerle o no. Su rostro instantáneamente se puso radiante de alegría y expectación.

Si Zed estaba de acuerdo con ella en abandonar el hospital, podría encontrar un trabajo y luego buscar una casa...

¡Y eso significaba que conseguiría deshacerse por completo de su familia y de Zed Qi!

Zed levantó las comisuras de sus labios. Su sonrisa transmitía claramente qué clase de pensamientos se le estaban pasando por la cabeza. Zed dejó lentamente el documento que tenía en la mano, se puso de pie y caminó hasta su cama. Entonces se inclin

ó y se detuvo justo delante de su cara.

A Jana se le cortó la respiración solo de pensar en lo que Zed estaba a punto de hacer. Cuando él se acercó, ella luchaba por seguir respirando.

¡Dios mío!

"Qué... ¡Qué estás haciendo!", farfulló Jana. Ella trató de tranquilizarse, pero se dio cuenta de que estar tan cerca de él se lo hacía difícil.

Zed levantó las cejas nuevamente y dijo con una voz ronca, que le hacía parecer más atractivo:

"¿Qué crees que estoy haciendo?".

"Yo...".

¡Qué vergüenza! ¡Tan abrumada estaba Jana que no podía articular palabra!

Ella trató de calmarse, sin embargo, su corazón latía cada vez más rápido. Sus pálidas mejillas también se sonrojaron.

"¿Tú qué?", murmuró Zed con los ojos entrecerrados.

"Yo... ¡Nada! ¡Me voy del hospital! Yo... Me encuentro bien y no me gusta estar aquí. Hay un olor desagradable a medicina por todos lados".

Jana encontró al azar una excusa que ponerle. La excusa se adaptaba a su propósito, pues sabía que cuanto antes dejara el hospital, antes podría acabar con esos problemas.

Además, Eva todavía necesitaba su ayuda.

Zed permaneció en silencio mientras analizaba la cara de Jana con sus ojos llenos de ternura. Tenía una mirada sincera y apasionada.

"¿De verdad?", murmuró mientras sus ojos se clavaban en sus suaves labios. "No voy a dejar que salgas del hospital hasta que el médico me diga que estás lo suficientemente bien".

Su voz era tan magnética que Jana no pudo evitar sentirse fascinada.

Ella creía que moriría de la impresión si siguiera hablando con él.

"Pero...". La mente de Jana estaba tan impactada por lo que Zed iba a hacer que tomó su declaración como si fuera a estar de acuerdo con ella. Jana sintió un rayo de esperanza, entonces preguntó:

"¿Pero qué?".

Zed miró a Jana de manera insinuante.

Ella se sonrojó al saber qué pensamientos corrían por la mente de Zed. Para él todo estaba siendo un juego. Usaba su acercamiento y su encanto seductor para evitar que ella pensara con claridad. ¡Y estaba funcionando!

De hecho, funcionó. La sonrisa de su rostro se amplió y dijo: "Pero si puedes demostrarme que estás realmente bien, entonces confiaré en que te has curado por completo".

Jana lo miró tímidamente, su mirada transmitía incredulidad. Eso no era lo que ella pretendía que pasara cuando le pidió a él que lo comprobara.

"¿En serio?".

Zed se acercó lentamente hasta que apenas quedó espacio entre sus labios. "Mmm", gimió él.

"¿Cómo... Cómo quieres que te lo demuestre?", exhaló Jana.

"Se me ocurre una idea", murmuró Zed.

En ese momento Jana creyó que el corazón se le iba a salir del pecho.

Antes de que ella pudiera procesar lo que él había dicho, Zed extendió la mano y la agarró con cuidado por los brazos. Luego la presionó sobre la cama. Después de sujetarla, él sonrió y dijo: "¿Qué te parece así?".

El repentino movimiento de Zed la asustó. Ella ya estaba nerviosa cuando él empezó a coquetear. Su cálido aliento hacía que le recorrieran escalofríos por todo el cuerpo. Toda esa situación conmovió el corazón de Jana.

"¡Con eso es suficiente, señor Qi!".

Jana trató de hablarle de manera contundente. Sabía que Zed estuvo muy cerca de besarla. Con el sentido que aún le quedaba, Jana sabía que tenía detenerlo.

Sin embargo, Zed se echó a reír de pronto y dijo sarcásticamente: "¿Qué creías que iba a hacer? ¿Te estás sonrojando? ¿Estás avergonzada?".

"¡Yo no estoy sonrojada!".

A pesar de la manifestación de Jana, Zed sabía que estaba mintiendo. Conocía muy bien qué tipo de reacción provocaba en Jana, pero decidió no sacar a la luz su mentira. Entonces se sentó y luego dijo suavemente: "En realidad, iba a decirte que siempre y cuando no te veas pálida, aceptaré tu petición. Justo antes de sonrojarte, seguías con la cara pálida. Como ya dijo el médico en su momento, eres demasiado débil. Por lo tanto, debes permanecer en el hospital para recuperarte".

¿Débil? Zed mencionaba con frecuencia a Jana que no se había recuperado por completo. Pero ella, teniendo en cuenta cómo se sentía, pensaba todo lo contrario. Por eso no importaba cuántas veces le dijera Zed que era débil, a Jana no le convencería. Este hecho hizo que Zed tratara de enfocarlo de manera diferente con el propósito de convencerla.

'¡Espera! ¿Estaba tratando de demostrarme lo débil que soy? ¿Se supone que todas esas provocaciones tenían ese objetivo? ¿En serio no iba a intentar besarme? ¿Entonces, pensé de más?'.

(← Acceso rápido del teclado) Anterior Contenidos (Acceso rápido del teclado →)
 Novels To Read Online Free

Escanea el código para descargar la aplicación Manobook.

Subir

Compartir