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   Capítulo 909 El favor de Susan

La Novia Sustituta Por Mi Lu Palabras: 9938

Actualizado: 2019-12-23 00:12


"¿Cómo pudo hacer esto? ¡Me muero de hambre!".

"¡Estoy totalmente de acuerdo! ¿Le agrada meternos en problemas? ¿No se siente culpable por matarnos de hambre?".

Por todo el salón la gente comenzó a quejarse. Todas eran mujeres bonitas y jóvenes con cuerpos seductores. Y aunque eran colegas de Sheryl, siempre la trataban con crueldad. Siempre señalaban sus errores y nunca perdían una sola oportunidad para denostarla o hacerla quedar mal, en especial cuando Holley estaba cerca. Susan pensó que no estaban siendo razonables, por lo que trató de explicarles: "Disculpe, señorita Ye. No quiero ser descortés, pero Sheryl no vino porque no se siente bien. ¿Qué le parece si le transmito su mensaje más tarde?".

"¡De ninguna manera!", le gritó Holley con una mirada de furia. "Susan, no olvides que soy tu jefa", le advirtió. "Será mejor que pienses con cuidado antes de decir tus próximas palabras. Tu trabajo es hacer lo que te pido que hagas y no tienes permitido actuar sin mis órdenes. ¿Entiendes? ¡Ve y

dile a Sheryl que venga de inmediato!". Susan quería oponerse, pero se contuvo. Se sintió impotente frente a Holley. Suspiró derrotada, asintió en silencio y fue a la habitación de Sheryl.

Cuando ella entró, Sheryl notó la expresión sombría de su compañera. Le contó lo que había sucedido. Cuando le dijo que había tratado de defenderla, Sheryl se sintió realmente conmovida por lo que hizo para proteger su reputación. Apareció en su rostro un gesto de agrado. Ya no quería que se preocupara por ella. "Muchas gracias por contarme lo que pasó, Susan. Voy a ir contigo. Solo dame un par de minutos para cambiarme".

Sheryl no tenía ninguna prisa. Se movió como un caracol y se quitó la ropa lo más despacio que pudo. Se sentía tan bien saber que Holley la estaba esperando. Era una rara oportunidad para ponerla en ridículo; ¿cómo podía dejar pasar eso?

Le hubiera encantado hacerla esperar más tiempo, pero no quería involucrar a Susan en sus asuntos. Para su sorpresa, a pesar de que tardaba tanto en cambiarse, Susan tampoco tenía intención de apurarla. En cambio, preguntó con un poco de preocupación en la mirada: "Sheryl, ¿estás segura de que puedes hacer esto? No tienes que venir si no te sientes bien. Holley no puede culparte por esto. No es tu culpa".

"No te preocupes, estoy bien", respondió con una gran sonrisa. No le temía a Holley. Bien podía decidir no aparecer frente a ella si así lo deseaba. Pero entonces, Holley se enojaría y definitivamente desahogaría su enojo con Susan. A Sheryl le gustaba esta mujer amable y de buen corazón, así que, no podía dejar que eso sucediera.

"Claro, si tú lo dices. Pero si no te sientes bien, ¡avísame de inmediato!", le dijo con una sonrisa triste. Sheryl asintió, devolviéndole una sonrisa cálida.

Entraron al elevador poco después, y cuando empezó a moverse, Sheryl comenzó a preguntarse por qué Susan estaba dispuesta a desobedecer a su jefa para defenderla. Giró la cabeza para mirarla

oy y den lo mejor durante las horas de trabajo mañana".

"No la defraudaremos, señorita Ye", aclamó a coro la multitud con vítores.

Cuando llegaron al restaurante, todas quedaron impactadas por la hermosa y extravagante decoración del restaurante. Las mesas elaboradas estaban cubiertas de vajilla delicada con diversos menús, en especial mariscos, abundantes en la Ciudad M. ¡De hecho, era un lugar muy sofisticado para cenar! No había duda de que Holley había gastado una gran cantidad de dinero para complacer a su personal.

Sin embargo, Holley no probó ninguno de los platos de mariscos. En cambio, se apegó a la comida casera.

Susan estaba sentada al lado de Sheryl y notó que no probó la ostra. "Sheryl, prueba la ostra. ¡Está realmente deliciosa! Pruébala".

"No, no me gusta la ostra. Ten, puedes comerla", Sheryl le entregó su porción.

La felicidad de Susan era muy obvia en su rostro, aun así simuló negarse con cortesía. "No me importa tomarla, pero ¿estás segura de que no la quieres?". Sheryl asintió y se le iluminó el rostro. Fingió comerla sin voluntad, pero cuando Sheryl le dio la siguiente porción, la terminó en un instante y parecía que ansiaba lamer el plato hasta dejarlo limpio.

Sheryl no pudo evitar reírse de ella.

Holley notó que Sheryl no había comido en absoluto. La observó un rato y, luego, al fin le preguntó con amabilidad: "Sher, ¿por qué no comes nada? ¿No son de tu agrado los mariscos de aquí?".

"Oh no, no es eso", Sheryl sonrió y dijo: "Nada más no me siento tan bien hoy. Tengo que cuidarme de no comer demasiado. No quiero terminar con un dolor de estómago cuando regrese. Eso afectaría la actividad de mañana".

Holley asintió y la elogió: "Eres muy considerada en todo".

Luego, se volvió hacia las demás. "Coman tanto como puedan hoy y pidan lo que quieran también. No se preocupen por la cuenta. Pago yo. Por lo tanto, no desperdicien esta rara oportunidad de saciarse con los mariscos famosos de la Ciudad M".

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