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   Capítulo 1035 ¡Nos pondrás a todos en peligro!

La Novia Sustituta Por Mi Lu Palabras: 10891

Actualizado: 2020-01-17 00:24


"Somos familia, así que no tienes que agradecernos", respondió Andy con tranquilidad, y después de un breve momento de silencio, miró a Sheryl y agregó: "No te preocupes. Te informaré tan pronto como sepa algo".

"Muchas gracias", dijo Sheryl una vez más, asegurándose de expresar su gratitud. Un momento después, se despidió de Amy y luego se fue a Dream Garden. Cuando llegó, se sorprendió al encontrarse con Charles, quien estaba parado en la puerta, esperándola.

Ella no podía creerlo, y llena de culpa le echó un vistazo a su reloj. "Es demasiado tarde. ¿Por qué sigues despierto? No tenías que esperarme", dijo. Después de un día tan largo, Sheryl se sentía más que exhausta, y lo menos que necesitaba en ese momento era una sorpresa. Y descubrir que Charles tampoco había dormido definitivamente fue una sorpresa.

En ese instante, Charles tomó la mano de Sheryl y dijo: "Me enteré de que...", pero se detuvo, puesto que no estaba seguro de cómo proceder. Sin embargo, alzó la mirada y vio a Sheryl a los ojos, encontrando así la forma de decir lo que quería expresar. "Me enteré de lo que le pasó a Sue", continuó, pero Sheryl no respondió. Mantuvo sus ojos fijos en ella y agregó: "No te preocupes, tengo a alguien investigando este asunto. Te mantendré informada sobre cualquier cosa que descubra".

"Gracias", logró decir ella suavemente. El cansancio en su voz hizo eco en los oídos de Charles.

En algún lugar del este de la ciudad, la luz de la luna iluminaba el techo de un garaje desierto.

Sue sintió un dolor agudo que le atravesaba la parte baja del cuerpo. De repente, se dio cuenta de que se debía a que tenía las manos atadas detrás de la espalda. Para mitigar el dolor trató de enderezarse y, afortunadamente, funcionó. Sin embargo, sabía muy bien que no sería por mucho tiempo. A pocos metros estaban sentados Allen y Peggy. Peggy había encontrado unas papas, y las puso a cocinar enseguida. Después de colocarlas cuidadosamente en un plato improvisado, le ofreció un poco a Allen: "Hijo mío, come algo, aunque sea un mordisco. Es solo cuestión de tiempo antes de que nos vayamos de este maldito lugar".

"¡Por última vez, deja de obligarme a comer esas cosas asquerosas!", exclamó él apartando los brazos de su madre. Algunas de las papas, que todavía desprendían vapor, cayeron sobre las manos y los brazos de Peggy antes de terminar en el suelo. Peggy lanzó un grito agudo de dolor, y al escuchar esto, Allen se dio cuenta de que la había lastimado. Sintiéndose culpable, inmediatamente fue a ayudarla. "Mamá, ¿estás...?", dijo al mismo tiempo que revisaba su piel en busca de quemaduras o heridas. "¿Estás bien?", le preguntó finalmente.

"Sí, estoy bien", respondió ella sin titubear al mismo tiempo que sacudía la cabeza. Sostuvo el plato con fuerza, en el cual ahora había menos comida que antes. Y esbozando una gran sonrisa, agregó: "No es nada. Es solo que estaban muy calientes. Pero no te preocupes, me sentiré mejor en un rato".

Allen lanzó un profundo suspiro de alivio. "Si quieres cómete lo que queda", dijo, e hizo un gesto a las papas restantes. "De todos modos, no tengo hambre", aclaró.

"Sé que debes estar harto de comer lo mismo todos los días", dijo Peggy, dejando escapar un soplo de resignación

"¡Cállate!", Peggy no la dejó terminar, estaba realmente furiosa; tanto, que su respiración ahora era irregular, así que tuvo que tomar un momento para calmarse. Después de un rato, sus labios se curvaron en una sonrisa. "Tengo la impresión de que no tienes nada de hambre. Está bien, más comida para nosotros".

Y ahora con una sonrisa sardónica, se puso de pie y dijo: "Si hubiera sabido que ibas a terminar siendo una persona tan despiadada, te habría matado en el mismo instante en que te di a luz. Allen es tu hermano, no puedo creer que quieras meterlo en la cárcel en lugar de ayudarlo".

"Yo...", dijo Sue sin saber qué decir o hacer, e intentando ignorar los comentarios hirientes de su madre, continuó: "Mamá, realmente estoy tratando de ayudarlo. ¡No puede seguir haciendo este tipo de cosas una y otra vez!". Pero al escuchar estas palabras salir de su propia boca, sus emociones se apoderaron de ella y el dolor se convirtió en rencor. "¡Esto es por su propio bien! ¿Por qué no puedes entenderlo? ¡Sé que amas a Allen con toda tu alma! ¡Pero también sé que no puedes ser tan estúpida como para ignorar la realidad!".

"¡Perra!", Allen, que acababa de entrar al garaje, corrió hacia Sue. Había escuchado, fuerte y claramente, lo que esta acababa de decir, y lleno de furia, la abofeteó. Enseguida, la voz de Allen llenó el garaje. "¡Me voy por un rato y sacas el coraje de hablar así con nuestra madre!", al decir esto, se rio entre dientes, y después agregó: "Oh, creo que estás cansada de vivir. Pues deja que te ayude con eso".

De repente, Sue comenzó a sentir que se estaba quedando inconsciente; y su cuerpo, como tratando de protegerse, intentó hacerse un ovillo. Al mismo tiempo, dentro de su cabeza había un sonido fuerte y doloroso. Y antes de que pudiera reaccionar, Allen ya había comenzado a patearla. Afortunadamente, las primeras patadas aterrizaron en sus piernas, no en su vientre.

El cuerpo de Sue se sacudió involuntariamente con cada patada, pero esto no logró que Allen se sintiese satisfecho. Estaba a punto de darle otra cuando Peggy lo apartó y le dijo: "Suficiente. Si continúas, arriesgarás su vida, y también las nuestras".

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