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   Capítulo 1258 Te creo

La Novia Sustituta Por Mi Lu Palabras: 11423

Actualizado: 2020-03-02 00:12


Tan pronto como Melissa pronunció esas palabras, perdió el conocimiento y su cabeza cayó en los brazos de Charles, cuyos ojos se abrieron grandes por el miedo. "¡Mamá!", gritó con rabia y pánico. Luego levantó la cabeza y comenzó a rugir, mirando a su alrededor en busca de ayuda: "¡Nancy! ¿Dónde estás? ¡Llama una ambulancia! ¡De prisa!".

Al escuchar el rugido de pánico de Charles, Sheryl recobró de inmediato el sentido y bajó las escaleras a toda prisa. Nancy corrió hacia ellos también y la escena que encontró la hizo entrar en estado de shock; por un momento, se quedó sin palabras y sin saber qué hacer.

Cuando vio la sangre, se cubrió la boca con la mano y tartamudeó, mirando a Sheryl: "¿Qué...".

Sheryl le echó un vistazo y la interrumpió: "Nancy, no hay tiempo que perder; ve a ayudar a Charles a llevar a mamá al auto, yo manejaré".

Y sin esperar la respuesta de Nancy, corrió a toda prisa al estacionamiento subterráneo para subir al asiento del conductor en el auto; no había tiempo para llamar al chófer, y sería mejor conducir ella misma. Después de todo, esto era una emergencia.

Tan pronto como Sheryl logró estacionar el auto a la puerta, bajó la ventanilla y vio a Charles saliendo de la casa con su madre en los brazos. "¡Rápido!", gritó ella.

Charles no respondió, pero continuó moviéndose lo más rápido que podía mientras cargaba a su madre. Nancy se apresuró a abrir la puerta trasera del auto para que Charles dejara a Melissa en el asiento y le pusiera el cinturón de seguridad, luego ajustó la altura antes de cerrar la puerta.

Sheryl frunció el entrecejo al ver que Charles se quedaba parado afuera del auto. "¿No vienes?", le preguntó.

Él solo levantó la cabeza y la miró profundamente, como si estuviera sumido en sus pensamientos. Unos segundos después, se dirigió hacia el lado del conductor sin decir nada.

Sheryl lo miró confundida y, antes de que pudiera decir algo, Charles le ordenó fríamente: "Sal".

"¿Qué?", Sheryl preguntó, sin saber a qué se refería con eso; ¿quería ser él quien condujera hasta el hospital?

Charles le lanzó una mirada fría que la obligó a salir del auto de inmediato y, en cuanto estuvo fuera, él tomó el asiento del conductor y le cerró la puerta en la cara. Sheryl corrió hacia el asiento del pasajero, pero antes de que siquiera pudiera entrar, el auto arrancó de repente, dejándola ahí.

Si su pie hubiera estado solamente un centímetro más adelante, el auto le habría pasado completamente por encima. La arrancada fue tan repentina, que lo único que ella pudo hacer fue dar un paso hacia atrás para esquivar el auto y observarlo alejándose.

Este solo tardó un instante en desaparecer de su vista, dejándola

petrificada ahí mismo, sin saber cómo sentirse. Lo único en lo que podía pensar era en la expresión en los ojos de Charles antes de que entrara al auto. Su mirada fue tan fría que se sintió como una lanza atravesando su corazón, el cual se rompió en mil pedazos, sin poder sacar esa mirada de su mente. No podía creer que una mirada pudiera pasar de coqueta y amorosa a mortal en menos de una hora. Sintió que su cuerpo comenzaba a temblar inconscientemente. Levantó la cabeza y cerró los ojos para absorber el brillo del sol en su cuerpo, pero sin importar cómo se pusiera, no lograba sentir su calor. Lo único que podía sentir era un escalofrío recorriéndole la espalda.

Mientras tanto, Nancy, quien ya había

de la compañía, Holley, seguía en la cárcel mientras que Rachel rara vez se presentaba, y absolutamente nadie sabía dónde estaba.

Debido a eso, el negocio se encontraba paralizado, y por el momento solo operaba dependiendo de algunos cuantos pedidos sin ninguna estabilidad ni consistencia.

Algunos de los altos directivos de la compañía comenzaron a contactar en secreto a otros reclutadores para buscar un nuevo trabajo, pues no se sentían muy seguros acerca del futuro de la empresa.

Sin embargo, ese día Rachel llegó a la oficina, sin que nadie se lo esperara. Ella sorprendió a los trabajadores reunidos perezosamente alrededor de una mesa, conversando como si estuvieran en una fiesta. Miró su reloj, aunque sabía que todavía eran horas de trabajo.

La atmósfera pestilente la hizo perder los estribos de inmediato, sin preocuparse por mantener la gracia, como siempre hacía.

Ella cruzó los brazos sobre su pecho, pero todavía nadie se había dado cuenta de su presencia, lo que la enfureció aún más. "Imagino que ninguno de ustedes tiene trabajo pendiente, ¿verdad? Supongo que la culpa es mía por contratar a un grupo de perdedores que no hacen más que venir a conversar aquí. Les pido a los directores de cada departamento que anoten los nombres de estos saboteadores y les descuenten el salario de un día".

Al escuchar la voz de Rachel, todos se volvieron hacia ella con los ojos muy abiertos y sus palabras hicieron que el ambiente en la oficina se transformara de animado a casi lúgubre. Después de un largo rato, el encargado del Departamento Ejecutivo, Marcelo Wang, vio la sutil mirada de apelación de todos y se atrevió a suplicar, "Señorita Bai, por favor. Todos tuvimos la culpa, así que le pido que nos perdone; prometo que nunca volverá a suceder". Un nudo se formó en su garganta y se secó el sudor que le mojaba la frente debido a su nerviosismo.

Luego bajó la cabeza avergonzado y continuó: "Espero que pueda perdonarlos. Es difícil ganarse la vida hoy en día y todos tienen familias que alimentar. ¿Podría por favor dejarlo pasar esta vez y no descontarles el salario? Solo por esta vez".

Todos los demás lo miraron como si se tratara de un héroe, pero por su parte, él ni siquiera se atrevió a levantar la cabeza para mirar a Rachel.

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