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   Capítulo 1362 Cambio de planes

La Novia Sustituta Por Mi Lu Palabras: 10257

Actualizado: 2020-03-23 00:02


Cuando Charles la miraba fijamente, Leila sentía como si estuviera sentada sobre un lecho de espinas. En el ambiente dominaba un frío mortal que la hizo perder el apetito, así que se levantó bruscamente para salir del comedor. Siguió caminando hasta que encontró un rincón apartado para sacar su teléfono y responderle a Jim.

"¿Dónde demonios has estado? ¿Por qué no has contestado mis llamadas? ¿Estás loco?", dijo Leila en un tono de voz que era una mezcla entre un susurro y un grito furioso.

"¡Por favor, cálmate o se te va a salir el corazón por la boca! No me voy a ir a ninguna parte, así que solo tómalo con calma", respondió casualmente, como si estuviera jugando con un gatito travieso. El tono hizo sentir a Leila muy insegura y sus instintos le dijeron que algo andaba mal.

"¡Está bien, hablo en serio! ¿Dónde está Shirley? ¡Tienes que traerla de vuelta aquí ahora mismo! Charles me tiene en la mira y las cosas se pondrán demasiado complicadas si se da cuenta de algo. ¡Será mejor que hagas exactamente lo que te he dicho!", dijo Leila, soltando un enojado e impaciente suspiro.

Mientras Leila divagaba, todo lo que Jim podía pensar era cuánto la despreciaba y se preguntaba qué tan estúpida podía llegar a ser. Las cosas ya habían ido muy lejos, pero ella todavía no tenía idea de lo que iba a pasar. Jim no pretendía soltar al halcón hasta que viera la liebre, lo que significaba que solo cuando obtuviera lo que quería, dejaría que Shirley regresara a casa. La niña era su garantía para conseguir una vida feliz y libre, Shirley era su fuente de dinero.

Aunque Leila era demasiado estúpida para darse cuenta, a él no le importaba lo que Charles pudiera hacerle a ella, lo único en lo que enfocaba su mente era en el rescate de 10 millones. Una vez que tuviera ese dinero en su cuenta, podía conseguir a cualquier mujer que quisiera, y Leila ya era historia para él en ese momento.

Pero, por otro lado, tampoco iba a desperdiciar una oportunidad tan perfecta, ya que no podía negar que había deseado a Leila durante mucho tiempo, y pensar en su delicada piel y su bello rostro hacía que su sangre se encendiera.

"Si tanto te importa esa niña, ¿por qué no vienes a verla tú misma? Te enviaré un mensaje de texto con mi ubicación y podremos hablar de esto cuando estés aquí. Te estaré esperando", dijo distraídamente, frotándose la barbilla con una sonrisa lasciva.

En ese momento, se veía como un lobo hambriento, porque sus ojos se mostraban furiosos y mortalmente alertas, apuntando a su objetivo con codicia y malevolencia.

Si Leila estuviera cerca, la expresión que él tenía en este momento le daría un susto de muerte. El hombre se imaginaba cómo se vería ella mientras caía inadvertidamente en la trampa que le había puesto.

Leila estaba tan ansiosa por ver cómo estaba Shirley, así que bajó la guardia, sin pensar que la invitación de Jim pudiera tener segundas intenciones.

"Está bien, dame tu ubicación. Estaré allí lo antes posible", dijo a toda prisa.

"Debes entender que la vida de Shirley está en tus manos ahora",

mirarlo, mientras respiraba hondo, tratando de calmarse.

En su mente, trataba de analizar la situación, pensando que Jim no le haría daño en ese lugar, así que se obligó a controlar sus pensamientos y a disipar el miedo que ocupaba su mente desde que salió del taxi. Luego, se volvió hacia el hombre con una mirada feroz, aunque se sentía temblar de miedo.

"¿Acaso no habíamos llegado a un acuerdo? El plan era que te llevaras a la niña y la dejaras ir una vez que yo te llamara. ¿Qué está pasando? ¿Vas a incumplir tu palabra? ¿O acaso te estás poniendo en contra de nuestro plan? ¡Dime!", le exigió ella, y aunque logró alzar mucho la voz, estaba muerta de miedo por dentro, temiendo que Jim hubiera convertido el simulacro en un verdadero secuestro.

Mientras tanto, justo afuera de la puerta, el hombre que la había seguido bajo las órdenes de Charles acababa de escuchar cada palabra que ella había dicho.

Las paredes eran prácticamente tan delgadas como el papel y la puerta se podría romper con un solo empujón, así que no era difícil para el hombre escuchar su frenética voz desde afuera.

La noticia era bastante impactante, de manera que se puso en contacto con Charles sin demora. Allá en la mansión, Charles estaba tan enojado que se mesaba el cabello, deseando poder tomar a Leila por el cuello en ese momento.

Se habían atrevido a poner las manos sobre su hija, así que él haría todo lo que estuviera en su poder para vengarse. Al pensarlo, una fría sonrisa aparecía en su rostro.

"Entendido. Mantenlos vigilados y llámame en cuanto descubras dónde esconden a Shirley", dijo Charles en el auricular. Al escuchar las instrucciones de Charles, el hombre se quedó quieto y apoyó la oreja contra la pared para escuchar con mayor claridad.

Dentro de la casa en ruinas, Jim de repente se echó a reír como si acabara de escuchar la broma más graciosa de su vida, mientras le lanzaba a la mujer una mirada juguetona, no pudo evitar sonreír más ampliamente cuando se dio cuenta de cuán ingenua y estúpida realmente era.

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