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   Capítulo 1363 Un odio creciente

La Novia Sustituta Por Mi Lu Palabras: 9795

Actualizado: 2020-03-23 00:12


"¿Qué quieres decir con que no cumplí mi palabra? Leila, ¿cómo puedes decirme eso? Además, ¡todos aman el dinero! ¿Acaso tú no? Siempre es bueno hacerse con un poco más de dinero cuando se tiene la oportunidad, ¿no te parece? Al fin y al cabo, de eso se trata, de aprovechar las oportunidades, y esta es sin dudas una muy buena que tengo para enriquecerme. ¡Solo un tonto de remate la dejaría pasar!", dijo Jim al mismo tiempo que, lentamente, se acercaba hacia Leila.

Esto intimidó a la mujer, ya que su cuerpo era mucho más pequeño en comparación con él, sin mencionar que Jim tenía en el rostro una expresión escrutadora que la asustaba muchísimo. En su mirada también había una mezcla de codicia y fuerte deseo; Leila se sentía vulnerable, como si él estuviese desnudándola con sus ojos.

Ante esta idea, Leila comenzó a sentirse incómoda, por lo que trató de alejarse de él, pero este fue más rápido que ella, y en menos de un segundo la agarró de la muñeca; con tanta fuerza que Leila comenzó a sentir dolor. En vano, ella trató de liberarse, pero su agarre era demasiado fuerte. Y ni por un segundo Jim apartó los ojos de ella, lo que la asustó aún más.

En ese instante, tiró de ella para acercarla más a él, manteniendo el cuerpo de la mujer contra el suyo. Con fuerza, la agarró de la cintura, encerrándola entre sus brazos a la vez que una sonrisa depredadora aparecía en sus labios.

Enseguida, Leila se dio cuenta de lo que Jim planeaba hacerle. Ahora, con mucha más fuerza que antes, la pobre mujer trataba de liberarse, pero estaba sencillamente inmóvil entre los fuertes brazos del hombre. Por su lado, para Jim ver cómo Leila intentaba

resistirse le parecía, al mismo tiempo, tentador y molesto. Todo esto lo estaba excitando salvajemente, por lo que la abofeteó, provocando que gimiera de dolor. Un segundo después, la tiró sobre la cama, y no pasó mucho tiempo antes de que Leila gritara con fuerza y desesperación. En ese momento, la habitación se llenaba con el ruido de la ropa rompiéndose y se oía claramente el sonido de sus cuerpos chocando el uno contra el otro. Jim había comenzado a torturar a la joven e indefensa mujer, que seguía gritando con todas sus fuerzas. Unos minutos después, Leila quedó inconsciente; pero era imposible saber si fue por el dolor que Jim le infligió, o que sencillamente su cuerpo no pudo resistir más.

Una vez que Jim terminó, empujó a Leila a un lado y después se puso de pie. Pausadamente, sacó el teléfono de sus pantalones, abrió la cámara, y comenzó a tomar fotos del cuerpo desnudo de la mujer.

Unas horas después, Leila comenzó a recuperar la conciencia. Su visión era borrosa, y se sentía mareada por el punzante dolor que empezaba a sentir. Pero en menos de un segundo pudo darse cuenta de que Jim seguía allí, sentado en el sillón, mirándola con atención. Leila reunió todas sus fuerzas para levantarse, pero en su estado actual su cuerpo simplemente no

de lo ridículo que era culpar a Sheryl por todo.

Sin embargo, Leila continuó con su odio, y juró que un día iba a vengarse de ella. Se aseguraría de hacerla pagar por mil todo lo que le hizo.

Para Leila, lo que le acababa de suceder era el comienzo de su odio, y no una lección por sus errores anteriores. Iba a asegurarse de que Sheryl pagara todo lo que le había hecho, lo juró por su vida.

Leila permaneció en la pequeña cabaña en silencio hasta que se le secaron las lágrimas. Un momento después, y tambaleándose, se dirigió hacia el baño para lavarse. Una vez en la ducha, el agua fría golpeó duramente su piel magullada.

No había jabón con que limpiarse, por lo que se frotó tan fuerte como pudo con solo agua. Se fregó la piel sin cesar, como intentando quitarse la suciedad de Jim, pero incluso cuando su piel se enrojeció y nuevas heridas aparecieron, todavía se sentía sucia.

Todo lo que quería era limpiar su cuerpo para quitar la mayor cantidad posible de Jim.

"Estoy tan sucia", murmuró para sí misma mientras continuaba frotándose la piel. Comenzó a llorar, y sus lágrimas de dolor se mezclaron con el agua.

Tardó más de lo esperado en calmarse, y una vez que terminó de ducharse, regresó a la habitación. Recogió lentamente la ropa del piso, la cual estaba hecha jirones. Y mientras se vestía, rozó sus dedos contra los agujeros en la ropa, al mismo tiempo que deseaba con todas sus fuerzas irse rápido del agujero infernal donde se encontraba.

Finalmente, cuando llegó a la puerta para irse, se dio la vuelta para mirar la habitación por última vez. Quería recordar cada detalle de esa sala de tortura y sufrimiento.

Sentía que era su deber nunca, jamás, olvidar este día. Su odio se había vuelto lo suficientemente fuerte como para hacerla avanzar y hacer que Sheryl pagara. 'Mi sacrificio no será en vano', pensó, jurando una vez más por su vida que iba a vengarse de la mujer que la había hecho sufrir tanto.

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