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   Capítulo 1392 ¡Golpea a este hijo de puta!

La Novia Sustituta Por Mi Lu Palabras: 10175

Actualizado: 2020-03-29 00:02


Al tambalearse de esa manera tan descontrolada, Jim inevitablemente terminó en el suelo. Todo sucedió muy rápido, y no pudo entender cómo pudo perder el control de su cuerpo en un instante. Ni siquiera vio quién lo empujó. Lo único que hizo fue gritar miserablemente, y mientras el pánico se apoderaba de él, recordó todo lo que había aprendido sobre la vida tras las rejas. Los recién llegados eran intimidados tan pronto como ingresaban, y sin duda tenía miedo de sufrir lo mismo. Con solo imaginarse lo que le podría pasar era suficiente para desesperarse; y tanto era su angustia, que fácilmente podía decirse que su sufrimiento mental superaba por mucho el dolor físico que le había provocado la caída.

Sin embargo, decidió que tenía que calmarse. Enseguida, comenzó a apretar y aflojar los puños como una forma de obligarse a analizar rápidamente su situación actual. Al mismo tiempo, se recordó a sí mismo que tenía que ser valiente. Llegó a la conclusión de que tenía que asustar a los demás reclusos para que no se atrevieran a molestarlo, de lo contrario, no lo dejarían en paz, y solo habría oscuridad a su alrededor. Inmediatamente, puso en su rostro una expresión de peligro mortal, y sin pensarlo dos veces se levantó para enfrentar a su atacante. Tenía muchas palabras sucias en la punta de su lengua, listo para lanzarlas contra quien lo había empujado, pero se detuvo tan pronto como vio la cara del hombre.

Enseguida, su expresión se suavizó, pasando de la furia más feroz a una obediencia total, puesto que quien lo asaltó era nada más y nada menos que Joey.

Desde el primer momento que Jim entró en la cárcel, era testigo de cómo Joey peleaba contra los prisioneros e intimidaba a los más débiles. Joey no tenía nada que temer, puesto que tenía muy buena relación con los guardias de la cárcel, con el respaldo de los oficiales, siempre acosaba a los demás penados a su capricho.

De hecho, cada vez que Joey peleaba con alguien, Jim se encogía de hombros y miraba hacia otro lado. Y aún estaba fresco en su memoria el recuerdo de la primera vez que lo vio golpear a alguien, y cómo todo sucedió frente a sus propios ojos. En aquel momento, Joey lo miró de reojo, y Jim lo interpretó como su forma de preguntarle si iba a reportar todo lo sucedido a los guardias o no, a lo que él respondió con girar la cabeza hacia un lado, darse la vuelta y alejarse. Después de todo, Jim pensaba que no era asunto suyo.

Parecía que él había tomado la decisión correcta cuando optó por ignorar los abusos de Joey, ya que a diferencia de los otros en su celda, no había recibido ningún acoso por parte del degenerado.

Quizás era porque a Joey no le importara un hombre tan miserable como Jim, o porque este último supiera muy bien mantenerse discreto en prisión, después de todo, los dos no tenían mucha interacción aunque estaban en la misma celda de la cárcel.

Por lo que, en este momento Jim no podía entender el motivo por el cual Joey lo atacó de esa forma. Se devanó los sesos tratando de encontrar alguna razón, pero no

Al parecer, ya no tenía fuerza para resistirse.

Y uno por uno, más hombres se unieron para golpear a Jim, solo con el propósito de complacer a Joey. Esperaban que si lo hacían, este los dejaría en paz en el futuro. No mucho después, Jim tenía heridas y moretones por todas partes del cuerpo, y por un momento casi pierde el conocimiento. Tirado en el suelo, parecía un perro callejero, y solo su débil respiración demostraba que todavía seguía con vida.

Aclarando su garganta, Joey les indicó a los prisioneros que se detuvieran. Pensaba que ya había sido suficiente, por lo tanto, les dijo que se fueran. Un momento después, la celda se llenó con los ronquidos de Joey.

Por su lado, Jim, con las pocas fuerzas que le quedaban, comenzó a arrastrarse hacia la entrada. Sentía como si un auto lo hubiese atropellado, rompiéndole todos los huesos. Y cada parte de su cuerpo, cada cabello, cada centímetro de piel, le dolía insoportablemente. Incluso, respirar era insoportablemente doloroso, y cada respiro era como morir.

Desesperado, cerró los ojos y las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Si hubiera sabido que Joey le haría esto, lo habría matado en su primer encuentro. Sabía bien que Joey era como un perro rabioso, pero, aun así, no dejaba de preguntarse por qué le hizo eso.

Cuando logró abrir los ojos nuevamente, no sabía qué hora era. En su rostro había una expresión de odio absoluto. Maldijo a Leila, a Joey, y deseaba con toda su alma que hubiera una forma de que terminaran en el infierno. Sin previo aviso, un dolor agudo le recorrió el cuerpo, por lo que gimió y volvió a cerrar los ojos. En ese instante, comenzó a fantasear con que, algún día, los haría sufrir un dolor mil veces más intenso que ese que estaba sintiendo.

Pero primero necesitaba salir de allí. Fuera cual fuese el precio, estaría dispuesto a pagarlo, con tal de salir libre. Y entonces iría directo tras Leila. ¡La torturaría día y noche! ¡Se aseguraría de que sufriera el mismo dolor! ¡PERO TRES MIL VECES MÁS INTENSO!

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