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   Capítulo 1397 La suegra malvada

La Novia Sustituta Por Mi Lu Palabras: 10229

Actualizado: 2020-03-30 00:02


"Tía Melissa, Charles es el único hombre que amo. Mi sueño de toda la vida siempre ha sido ser su esposa. Por favor, no se ría de mí", espetó Leila; luego, bajó la cabeza, y sin saber dónde posar la mirada, se quedó viendo sus dedos. La verdad era que se sentía muy avergonzada.

Mientras tanto, Melissa no dijo nada. Ella solo sonrió contenta, escuchando exactamente lo que esperaba escuchar.

Ahora bien, lo que Melissa dijo dejó a Leila con muchas dudas, por lo que esta se moría de ganas de saber qué había insinuado exactamente. Pero cuando levantó la cabeza, descubrió que la anciana tenía los ojos cerrados, y que en su rostro había una expresión de alegría y satisfacción. Leila no tuvo más remedio que resignarse, así que se tragó su curiosidad.

De camino al hospital, Leila se obligó a mirar por la ventana para tratar de olvidarse de todos los pensamientos sombríos que la estaban obsesionando; al mismo tiempo, no podía dejar de pensar en lo que Melissa iba a hacer.

Aunque en ese momento Leila no sabía absolutamente nada al respecto, le era evidente que Melissa tenía ciertas intenciones.

Y viendo cómo su objetivo estaba una vez más fuera de su alcance, Leila se sentía bastante decepcionada. Por otro lado, aunque Melissa no era la aliada perfecta, tener su apoyo era mejor que nada.

Si Melissa pudiera darle una lección a Sheryl, entonces Leila no tendría que hacer nada. Y si esto llegase a enojar a Charles, estaba segura de que Melissa aceptaría la culpa, y que ella, al final, podría irse tranquila. Todo lo que necesitaba hacer era esperar y ver.

Lanzando un suspiro de alivio, Leila repasó su plan nuevamente. Mientras más pensaba, más difícil le era ocultar su emoción.

En ese instante, miró a Melissa en secreto. Esperaba con todo su corazón que en esta ocasión la ayudase de verdad a alcanzar el sueño de su vida.

La verdad era que Leila estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para tener la oportunidad de casarse con Charles. Después de tanto tiempo, la mataba incluso verlo, especialmente porque no podía hacer nada al respecto.

Y sin cesar, la misma pregunta le atormentaba su corazón: '¿Alguna vez tendré la oportunidad de casarme con él?', a lo que siempre se respondía:

'¡Sí, así será!'.

Cuando se decía esto, Leila tuvo que apretar los puños con fuerza para evitar gritar en voz alta. Sin duda estaba emocionada.

Mientras tanto, en su sala, Sheryl se encontraba acostada en la cama mirando el techo.

En los últimos días no había podido dormir más que unas pocas horas, a pesar de que los médicos la instaron una y otra vez a que descansara lo más que pudiera para recuperarse. Sin embargo, había un motivo para ello: mientras su querida hija no regresara a casa con ella, le sería imposible poder descansar. La idea de que Shirley estuviese en algún lugar, sola y sufriendo, mantenía a Sheryl despierta toda la noche.

Y cada vez que estaba en su cama, despierta sin poder conciliar el sueño, el encantador rostro de su hija aparecería ante sus ojos. Su dulce sonrisa, sus cálidos abrazos... S

no puedes olvidar a qué familia perteneces y como son las cosas para nosotros! ¡No te toleraremos! ¿Entendido?".

Esta vez, Leila no se atrevió a detenerla. Por un lado, Melissa estaba demasiado enojada para razonar, y Leila no tenía intención de ser carne de cañón. Y por el otro, la deleitaba ver cuánto Melissa odiaba a Sheryl.

Así que en lugar de intervenir, Leila simplemente se sentó a disfrutar del espectáculo. No pudo evitar sonreír de satisfacción mientras veía la escena que estaba teniendo lugar, y casi se pone a aplaudir.

"No debería ser yo quien te diga esto, ¡pero te mereces haber terminado en el hospital! Nunca he conocido a una mujer tan desvergonzada en mi vida, ¡y sin duda todos estarán mejor si te pudres aquí por el resto de tu lamentable existencia! ¡Ahórranos las molestias!", en este punto, Melissa simplemente dejaba escapar las palabras de su boca sin pensar. Tenía las manos en las caderas y la cara torcida, lo que la hacía lucir como una loca furiosa que miraba amenazadoramente a Sheryl.

Mientras todo esto sucedía, ninguna de ellas notó una figura que atravesaba la puerta. De repente, les llegó una frialdad, lo suficientemente dura como para congelar el tiempo.

"¡Mamá, déjala en paz! ¿Cómo puedes hacer esto? ¡No podría ser peor momento para hablar de esta forma! ¿Acaso no entiendes que Sheryl está delicada? ¡Sal!", gritó Charles detrás de ellas. A pesar de que había reprimido con todas sus fuerzas la ira que sentía, el tono de su voz fue lo suficientemente aterrador como para aturdir a Melissa de inmediato.

De por sí ya estaba de mal humor, puesto que todavía no había encontrado a su hija. Y sintiéndose superado por la frustración y la impaciencia, fue a visitar a Sheryl con la esperanza de tener un momento de alivio. Nada podría haberlo disgustado más que lo que acababa de presenciar: su propia madre insultando y hablándole mal a la mujer que más amaba. Completamente agotado por su actitud, tuvo el impulso de arrastrar a su madre por el cuello y sacarla de la habitación.

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