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   Capítulo 1438 La llamada de Jim

La Novia Sustituta Por Mi Lu Palabras: 9302

Actualizado: 2020-04-07 00:12


Después de escuchar la explicación de Felix a través del teléfono, Leila se dio cuenta de que todas las pruebas en su contra habían sido destruidas; estas noticias la hicieron sentir aliviada.

"¡Muy bien! Excelente trabajo", le dijo Leila, aunque por dentro el remordimiento la estaba consumiendo. Estaba decepcionada de no haber tenido éxito en su intento por asesinar a Sheryl, pero la consolaba la idea de que había tenido suerte y que no se encontraba en problemas. En caso de que las cosas salieran bien, entonces más adelante podría tener otra oportunidad de vengarse; esta idea esperanzadora le levantó el ánimo. Justo cuando ella ya se había relajado, Felix comenzó a hablar:

"Es hora de que hablemos sobre mi pago. Sé que no tuvimos éxito en esta misión, pero que no se te olvide que me arriesgué mucho. ¿No crees que merezco una recompensa por ello?", le exigió él con un tono autoritario en su voz.

Al escuchar esas palabras, Leila sintió que una ola de ira se expandía por todo su cuerpo, lo que provocó que su rostro se distorsionara y reflejara la indignación que sentía por dentro. '¡Qué atrevimiento de su parte! Después de todo lo que ha hecho, se atreve a pedirme que le pague. Él arruinó todo y nos mantuvo a todos preocupados. De no ser por él, no habríamos pasado por ese gran riesgo', pensó Leila para sí misma.

'¡Si por mí fuera, no le pagaría ni un solo centavo!', gritó ella en su mente.

No obstante, como en ese momento no quería hacer enojar a Felix, le dijo: "Sé que esta misión te hizo pasar por mucho estrés, pero los negocios son los negocios. No me diste lo que quería, y en cambio, creaste todo un desastre. ¿De verdad crees que mereces el dinero que me estás pidiendo?".

Felix no podía creer lo que acababa de escuchar. '¿Entonces no me va a pagar? ¿Me quiere dar a entender que todos mis esfuerzos fueron en vano?', se preguntó él con ansiedad, y como no pudo soportar más esa idea, arremetió contra Leila:

"¡Leila, te estás pasando de la raya! ¡Acepté hacer un trabajo en el que me pude haber matado! ¡No esperes que no te cobre nada!", rugió Felix por teléfono.

"Felix, cálmate, no saques conclusiones tan precipitadas. ¿Qué tal si ambos retrocedemos un poco? Te pagaré, pero solo la mitad de lo prometido, ¿qué te parece?", Leila se tranquilizó y trató de negociar con él;

en este momento tan crucial, no podía darse el lujo de correr ningún riesgo. Si continuaba discutiendo con Felix, él podría traicionarla, así que por el momento su única opción era consolarlo.

Felix, por otro lado, se dio cuenta de que si insistía en obtener todo el dinero, podría terminar sin recibir nada, por lo que decidió conformarse con lo que se le estaba ofreciendo.

"Está bien. Acepto que me pagues la mitad de lo que originalmente acord

llamó solo porque no había nadie más a quien él pudiera acudir, y solo podía contar con ella a pesar de que esta mujer solo le había traído humillación a su vida.

Sin embargo, los tiempos desesperados requieren medidas desesperadas. Jim estaba siendo brutalmente intimidado y humillado en la prisión; al principio lo toleró todo, esperando que esto llegara a su fin, pero para su mala suerte, cada vez se volvía peor. Intentó escapar por medio de diferentes métodos, pero nada parecía funcionar, y finalmente llegó a un punto en el que ya no podía soportar esto.

Como último recurso, decidió buscar la ayuda de Leila para que lo sacara de esta miseria.

En el otro extremo de la línea, Leila no estaba respondiendo, por lo que la ansiedad abrumó a Jim y dijo: "Leila, ¿me escuchas? Tienes que venir a verme de inmediato".

'A pesar de estar en prisión, me está hablando como si tuviera control sobre mí', pensó Leila con furia. Ya no sentía lástima por él, y en cambio, quería ir y burlarse de Jim en su cara.

"Muy bien, te veré mañana por la mañana", respondió Leila con indiferencia, y sin tomarse la molestia de escuchar la respuesta del hombre al otro lado de la línea, ella colgó la llamada.

Después de que Jim obtuvo la respuesta que quería, un gran alivio lo invadió. En la prisión solo tenían permitido utilizar el teléfono cinco minutos, por lo que él también tuvo que apresurarse. Bajo la vigilancia de los guardias de la prisión, Jim avanzó lentamente hacia su celda; parecía que iba arrastrando las piernas.

El solo pensar que en cualquier momento nuevamente sería golpeado lo hizo querer detenerse, e incluso iba rogándole a Dios que el viaje de regreso a la celda pudiera ser más largo.

Leila, por otro lado, se acostó en la cama, pero no pudo dormir; ella estaba mirando fijamente al techo, perdida en sus pensamientos.

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