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   Capítulo 1442 Fiebre

La Novia Sustituta Por Mi Lu Palabras: 8877

Actualizado: 2020-04-08 00:02


"Leila", dijo la gerente tan pronto como la mano de Leila tocó el pomo de la puerta. Parecía que quería decirle algo, pero finalmente no lo hizo. Cuando Leila la miraba dudando, ella simplemente agitó las manos y le pidió que se fuera.

Entonces, la gerente se masajeó la frente, tremendamente preocupada por Leila. No sabía lo que ese cliente le haría a Leila esa noche, pero sabía que él no se lo pondría fácil y que, probablemente, ella pasaría un mal rato.

Un rayo de luces emanaba desde el centro de la discoteca, iluminando el oscuro club nocturno con una multitud de colores cambiantes. En la pista de baile, la gente se movía como locos, agitando frenéticamente sus cuerpos al ritmo de la música, como si no hubiera nada más de lo que preocuparse. Todos estaban encantados con la música alta y los animados bailes.

Leila estaba sentada en una sala VIP de la discoteca. De vez en cuando, corría un poco la cortina para mirar a la gente en la pista de baile, deseaba poder salir corriendo y unirse a todas esas personas para desahogar su estrés.

Sin embargo, cuando pensaba en la persona que estaba sentada a su lado, no pudo hacer otra cosa que reprimir ese impulso. Aquel hombre, sentado a su vera, no paraba de mover la mano por todo el cuerpo de ella.

Ese cliente era un recién llegado a la ciudad, con mucho dinero. Unos días atrás, ya había intentado llevar a Leila a un hotel, pero ella se negó. Cada vez que la llamaba para que lo acompañara, ella sentía que era muy difícil tratar con él.

Aquella noche, volvió a pedirle a Leila que saliera de la discoteca y fuera a un hotel con él: "Leila, ¿qué tal si vienes conmigo esta noche? Nos divertiremos mucho juntos".

Leila esbozó una sonrisa y, avergonzada, contestó: "Conan, ya sabes que yo no salgo fuera del local con clientes. Solo soy tu acompañante. Puedo charlar y beber contigo aquí, en la discoteca, pero no voy a volver a casa contigo".

En ese momento, Conan se acercó a ella y le susurró una gran cifra de dinero al oído. Él sabía que aquella era una cantidad verdaderamente importante, por lo que confiaba en que la haría cambiar de opinión.

'Trabaja en esta discoteca solo porque necesita dinero. Así que todo lo que necesito para convencerla es dinero. Es así de simple. Si es inteligente, dirá que sí', pensó Conan para sus adentros.

Sin embargo, al contrario de lo que esperaba, Leila se negó nuevamente. Aquello lo hizo enojarse. Pensaba que Leila le estaba faltando al respeto, y comenzó a observarla con una mirada perversa.

Leila notó el cambio en su expresión, aunque sentía mucho miedo y estaba temblando por dentro, sacó fuerzas para mirar a Conan

tan malo después de todo, ya que al menos acabaría con la agonía.

De repente, en medio de esa crisis, Cassie apareció en sus pensamientos. Aunque su mente estaba turbia, todavía recordaba con claridad meridiana cómo había conocido a Cassie en el hospital.

Su sonrisa, su felicidad, sus cambios de humor..., todos los recuerdos que tenía de ella permanecían cristalinos en su mente. En ese momento, era consciente de que no podía olvidar a Cassie, ni todo lo que había pasado entre ellos.

"Cassie...", murmuró entonces Nick en voz baja. No le serviría de nada. Ella no lo oiría.

Sintiendo que sus labios estaban terriblemente secos, volvió a hablar. "Agua... Quiero agua...", suplicó.

Sin embargo, estaba demasiado débil para levantarse, y mucho menos para beber agua.

Justo cuando pensaba que iba a morir de sed o de fiebre, oyó que se abría la puerta de su habitación. Aunque quería abrir los ojos para ver quién entraba, su vista le falló. Intentó entrecerrar los ojos dos veces, tratando de aclarar su visión.

Por fin, antes de perder el conocimiento, vio a una persona caminando hacia él. Trató de concentrarse en la silueta para descubrir quién era, pero sus párpados eran tan pesados que solo pasaron unos segundos antes de que se le cerraran y se desmayase.

Cuando perdió el conocimiento, aquella persona ya estaba al lado de su cama. De pronto, al verle cerrar los ojos, la mujer, que se paraba frente a él luciendo en un provocador vestido rojo, se detuvo en seco.

'¿Se ha desmayado? ¿O está muerto?', se preguntó con ansiedad. Permaneció parada frente a Nick, con el miedo dibujado en su rostro.

''¡Oh, Dios mío! ¿Está muerto? No puedo aceptar esta maldita misión. ¡No me dijeron que este hombre iba a morir!', pensó para sí misma.

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