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   Capítulo 538 Tú no tienes la culpa

La Novia Sustituta Por Mi Lu Palabras: 8506

Actualizado: 2019-10-08 08:56


"¿Tú estarías... ¿Tú estarías dispuesto a perdonarme?", le preguntó Charles a su hijo. El hombre sentía que el tiempo se congelaba mientras esperaba ansiosamente por su respuesta.

"No podría culparte si no tienes la culpa", dijo él interrumpiendo el incómodo silencio. Después, Charlie respondió diplomáticamente: "Ella me dijo que me dio a luz en secreto y que no había manera de que tú pudieras saberlo, así que no te culpo por nada".

Aliviado, Charles le respondió con un cálido "gracias". Estaba feliz de que Leila no le había inculcado a Charlie el odio hacia él. Eso fue lo menos que ella pudo haber hecho.

Abrazó a su hijo y juró que de ahora en adelante, estaría a su lado para apoyarlo.

"Entonces...", Charlie comenzó a preguntar: "¿Tú y ella... ya sabes... ¿estarán juntos?" Simplemente era una pregunta curiosa de un niño pequeño; no pretendía nada al hacerlo.

Sin embargo, Charles estaba sorprendido por su pregunta. No estaba seguro de a dónde quería llegar con eso, así que respondió tímidamente: "No, no haremos eso".

A Charles le preocupaba que Charlie se decepcionara con su respuesta y decidió explicarle: "No la amo, así que no puedo obligarme a estar con ella. Sin embargo, eres mi hijo y eso nunca cambiará. Puede que yo no esté con ella, pero mi amor y dedicación hacia ti siempre estarán presentes".

"¿Te parece lógico? ¿Te molesta?", preguntó Charles. Contempló a su hijo, preocupado por su reacción.

"Honestamente, sabía que no querías estar con ella", reveló Charlie. Era un niño con los pies en la tierra, sin expectativas poco realistas. Así que de ninguna manera se sentía decepcionado. "A decir verdad...", agregó Charlie: "Yo también he tratado de que ella se dé cuenta de eso, pero simplemente no me cree".

Charles estaba impresionado por la madurez de su hijo. Sin embargo, todavía se preguntaba si él tenía otro motivo para preguntarlo.

Así que trató de averiguar: "Ahora que sabes que no voy a estar con ella, ¿te gustaría venir a vivir conmigo?" La idea de dejar a Charlie, incluso temporalmente, comenzaba a ser algo difícil de manejar. Lo único que necesitaba era que su hijo aceptara vivir con él, y haría todo lo que fuera necesario para que eso sucediera.

Charlie estaba indeciso. Esta era una decisión muy importante, y aún no estaba seguro de cómo se sentía al respecto. "En este momento no puedo responderte", concluyó Charlie después de considerarlo profundamente por un momento.

"Tómate tu tiempo", lo alentó su padre. Con una sonrisa cariñosa, Charles agregó: "Una vez

furioso, más allá de cualquier límite. Incapaz de soportar por más tiempo su rechazo, ella lo abrazó con fuerza y le suplicó: "¡Charles, no me dejes! Prometo que me quedaré a tu lado, independientemente de lo que decidas hacer en el futuro. Arreglaré todos mis defectos solo para estar contigo".

Sus palabras llegaron con llanto y sollozos, de esa manera Charles no tendría el corazón para alejarla. De la nada, Charlie abrió la puerta de su habitación y le gritó con impaciencia a Leila: "¡Basta! ¿No oíste que él no te ama?".

Sus palabras provocaron una gran conmoción, tanto para Leila como para Charles. Ella esperaba que Charlie estuviera de su lado. Como si no hubiera escuchado nada de lo que había dicho el niño, Leila corrió hacia él y le rogó: "Charlie, ayúdame a convencer a tu padre de que no se vaya. Pídele que se quede y viva con nosotros".

"¡Cállate!", le ordenó Charlie. "Él es mi padre, pero no tu esposo. El amor no puede ser forzado. Si se casa contigo porque se lo suplicaste, es muy probable que tarde o temprano ustedes terminen divorciándose. Siempre te lo estoy diciendo, ¿por qué no puedes darte cuenta?", insistió él.

Su rostro se llenó de tristeza cuando escuchó hablar a Charlie. Leila nunca esperó que él estuviera en su contra, y no podía salir de la conmoción. Charles era el único motivo que la hizo adoptarlo y criarlo, y ahora todo su sacrificio resultaba ser en vano.

Charlie ignoró a Leila y se dirigió hacia su padre diciendo: "Ya te puedes ir. Está bien. Ya no necesitas estar aquí".

Aunque Charlie era un niño, sus gestos eran como los de un adulto. Sabía defender lo que era correcto, y la actitud de Leila solo lo estaba haciendo enojar.

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