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   Capítulo 855 Decidimos quedarnos

La Novia Sustituta Por Mi Lu Palabras: 13040

Actualizado: 2019-12-12 00:12


La luz en la sala estaba demasiado brillante para la hora que era. El sofá tapizado de color crema se hundió un poco por el peso de los tres adultos que estaban sentados en él. Doris, que estaba en el borde, habló primero: "Hemos tomado la decisión de quedarnos", su voz era firme, pero amable. Sus ojos se fijaron en las otras dos personas a su lado, y luego añadió: "Como ya hemos comentado al respecto, la vida en el campo es mucho peor que nuestro estado de vida actual. Así que Allen y yo decidimos quedarnos en la Ciudad Y. No vamos a volver nunca más". La sala permaneció en silencio por un momento.

Desde su asiento, Peggy se movió un poco incómoda, y miró brevemente a Doris, a quien le mostró su apoyo diciendo: "Eso es cierto. ¿Recuerdas el dicho que dice 'El agua sin control fluye a los lugares más bajos de la naturaleza, mientras que los hombres luchan por llegar a las posiciones más altas'? Nos enseña que no podemos vivir en el mismo pobre lugar toda nuestra vida. Por el contrario, debemos aprovechar todas las oportunidades que tenemos para vivir lo mejor posible. Y ahora que tenemos esa oportunidad, deberíamos quedarnos en esta gran ciudad".

Ella suspiró profundamente y continuó: "La Ciudad Y es tan grande, y hay muchas más oportunidades aquí que en el campo. Cuando se casen, Allen buscará trabajo. Después de eso, también podemos convertirnos en verdaderos 'ciudadanos de la Ciudad Y'. No puedo esperar a que llegue ese día". Cuando terminó de hablar, Anthony levantó sus cejas.

¿Había escuchado bien? "Espera, ¿entonces vas a quedarte en esta casa por un largo tiempo?", preguntó, pero habló con voz cortante para mostrar su desprecio. 'La gente de esta familia, con excepción de Sue, es tan desvergonzada', pensó. Si no estuvieran delante de él, ya se habría puesto la mano en la frente con exasperación.

Peggy respondió: "No tenemos otra opción. Tampoco queremos hacerle esto a Sue". Suspiró, como si realmente sintiera pena por Sue bajo toda esa falsa simpatía. Esperaba que sus ojos reflejaran tristeza con sus diatribas, sin embargo, continuó con su actuación y agregó: "Ahora resulta que Sue tiene que hacer su sacrificio. Lo siento mucho por mi hija".

Por otro lado, Doris decidió salirse completamente del tema y no esperar a que terminara su conversación, así que interrumpió. Se volvió hacia Anthony, que estaba sentado en el sofá lateral y le habló: "Señor Xiao, no tuve la oportunidad de preguntarte sobre algo".

"¿Qué sería?", Anthony la miró dudoso.

"¿Qué hay entre tú y Sue?", preguntó Doris en un tono escéptico. Ahora le tocaba a ella levantar las cejas.

"Yo...", tartamudeó desde su asiento. No pudo encontrar las palabras correctas para responder a su pregunta. No esperaba que Doris hiciera esa pregunta tan directa.

Ante esto, Doris continuó: "Si ustedes dos son simplemente amigos, entonces, ¿qué tiene que ver nuestra familia contigo? ¿Por qué te importan sus problemas familiares? ¿No crees que esto va más allá de lo que a un amigo normal le debería importar?", dijo con voz aparentemente burlona. Ella sabía que había dado en el clavo haciendo la pregunta correcta, y añadió: "Así que mi conclusión es que tienes una relación además de amistad con ella. Por eso estás aquí, tratando de hacer algo por ella para impresionarla, ¿estoy en lo cierto?".

En este punto, Anthony trató de dar respuestas bastante seguras a sus preguntas contundentes. Él le preguntó: "¿Qué estás insinuando?". Aunque era bastante claro a qué se estaba refiriendo ella, aun así Anthony preguntó mostrándose dudoso.

"Señor Xiao, tienes sentimientos por Sue, ¿no?", una vez más, Doris preguntó directamente. Y continuó: "Primero me responderás, o no explicaré lo que quiero decir".

"No tengo sentimientos por ella", afirmó Anthony con firmeza. "Solo somos amigos. No vine a acusarte ni a hacer nada para poder complacerla. Simplemente siento que no s

ediatamente recogió sus cosas y regresó corriendo a casa. Al llegar, se sorprendió al ver a Anthony sentado en el sofá de la sala. No estaba preparada para eso y estaba bastante molesta. Su irritación era obvia cuando preguntó con el ceño fruncido: "¿Por qué estás aquí?".

Sin embargo, su tono hizo que sonara más una declaración que una pregunta. Definitivamente mostraba lo impaciente que estaba.

"Cuida tu tono, Sue. ¿Es así cómo debemos hablarle a nuestro invitado?". Peggy la regañó desde la cocina. Y continuó: "El señor Xiao ha venido a visitarme. ¿Hay algo malo en ello?".

"Mamá, tú...", el ceño fruncido en el rostro de Sue se agudizó más mientras caminaba hacia la cocina. Su aparente disgusto aumentaba.

Todo lo que ella quería era mantenerse alejada de Anthony, pero ahora...

"Muy bien, Sue, sé la anfitriona de nuestro invitado. No es un huésped que nos visita regularmente. Sé amable y pasa un buen rato charlando con él". Incluso en ese momento, la voz de Peggy aún mantenía ese tono maternal cuando hablaba. Sin embargo, de repente se volvió áspera y refunfuñó: "Cuida tu lenguaje. Si alguna vez llego a saber que tú... Verás lo que te haré".

Los ojos de Sue estaban abatidos cuando salió de la cocina. Peggy no tenía que decirlo todo para que su advertencia surtiera efecto. Después de asegurarse de que Sue haría lo que dijo, se volvió hacia Doris, que aún estaba en la sala de estar, y le dijo en un tono suave y gentil, que era contraste con la forma cómo le habló a Sue: "Doris, puedes volver a tu habitación y descansar por ahora. Te llamaré cuando la comida esté lista".

A su vez, Doris fue lo suficientemente inteligente como para descifrar sus palabras, Peggy quería crear un espacio para que ellos tuvieran una conversación privada, así que asintió con la cabeza y regresó a su habitación.

Después de eso, solo quedaban Sue y Anthony en la sala.

Estaba muy molesta y le preguntó a Anthony directamente a la cara: "¿Qué quieres hacer aquí?".

Por el contrario, Anthony respondió cuidadosamente: "Sue, solo estoy preocupado por ti. Quiero saber si estás bien". Sus labios forzaron una sonrisa amarga en su rostro. ¿A quién más debería culpar si no a sí mismo? No apreciaba el amor que ella le había mostrado y tomaba todo lo que daba por sentado, porque se aferraba a la estúpida idea de que Sue no lo dejaría de todos modos. Ahora la historia era completamente diferente. Sue ni siquiera le dio la oportunidad de que hablara con ella. Las cosas cambiaron, y ahora era él quien tenía que rogarle que se quedara a su lado. ¡Qué humilde se había vuelto!

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