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   Capítulo 4 La conozco

Prohibido Para Ambos Por Rocio_CE Palabras: 11035

Actualizado: 2021-03-06 03:16


Entro en silencio a la oficina de mi jefa. Ella levanta la vista de la laptop y me sonríe de manera maternal al verme. Eva Lewis tiene que ser la mujer más amorosa del mundo. Es una bendición que esta buena mujer sea mi jefa. Me llevo increíblemente bien con ella y aparte de tener una jefa, tengo una amiga.—Allen—me hace señas para que me acerque a ella—siento que algo le falta a estos vestidos, ¿me das tu opinión?—asiento y camino hasta ella. Ella aparta los lentes de sus ojos y hace rodar un poco su silla para que yo pueda agacharme y mirar. Veo el vestido que es hermoso, pero muy escotado para mi gusto. Se pega al cuerpo. Lo observo de manera detenida sintiendo que también le falta algo. —Creo que el color es muy llamativo, pero si colocaran mejor un poco más de este de abajo hacia arriba y lo traspasa en líneas sería perfecto. Su ángulo de colores no favorece al escote—le digo y ella lo mira en silencio. Usando la laptop hace lo que le digo y sonríe. —Quedó perfecto. No me equivoqué contigo cuando te contraté—sonrío despacio y me pongo de pie—habrá una reunión en breve. Tú entrarás conmigo. Te seré sincera—dice luego de una pausa—trata de ser amable con ella, porque yo no la soporto. No le cierro las puertas porque de verdad la inversión se ve bastante jugosa, si no la saco a patitas—dice y me sorprende escucharla hablar así. Es una persona muy amable y amorosa. Ella ve mi confusión y sonríe en modo de disculpa—dejó a mi hijo mejor plantando en el altar—respiro hondo asistiendo en comprensión a sus palabras. Tampoco es que actuaría muy profesional y alguien le rompiera el corazón a mi hijo. Le sonrío lentamente. —Yo lo hago—murmuro a pesar de que muero de nervios. Siempre me pasa cuando la hora de una reunión importante se acerca. —Puedes retirarte—asiento y camino a la puerta—la reunión será en la tarde, ¿qué tal si te invito a comer luego?—pregunta mirándome. —Excelente—ella asiente y me hace señas de que puedo salir. Respiro hondo al salir y ver la cara preocupada de Diana. Me tenso de inmediato y no hace falta decir que Benjamín se encuentra en mi oficina. Respiro nerviosa y ella entra conmigo. Él está mirado distraído unos cuadros a mejor empleada del mes que tengo colgados en la pared. Al sentirme se gira hacia mi dándome una sonrisa que no me gusta para nada. Diana me observa, pero mis ojos están clavados en el hombre que es mi peor pesadilla. El que se supone debería ser mi soporte, no quien me haga hundirme sin querer salvarme. Doy pasos vacilantes hacia delante hasta colocarme frente a él. Él observa a Diana y la hago señas para que salga del lugar. Ella me mira preocupada, pero al ver mi insistencia me mira una última vez y sale de la oficina cerrando la puerta detrás de ella. Me siento más nerviosa ahora. Estamos solos y sé que sería capaz de pegarme en un lugar que este seguro de que las marcas quedadas en mi cuerpo no serían visibles para los demás. —Benjamín—murmuro con fingida tranquilidad—¿qué haces aquí? —pregunto con suavidad. Él solo me observa y sonríe. —Necesito dinero—suelta y suspiro. —¿Cuánto?—él pone una de sus manos en su barbilla y la acaricia pareciendo que lo está pensando. Sonríe y señala la cantidad que quiere en unos de mis cheques. Abro los ojos. Es una fuerte cantidad que poseo, pero es fuerte. —Ahora firma y me largo—ese dinero pensaba enviarlo a mi madre. Respiro. —No puedo Benjamín, la cantidad es muy fuerte—murmuro mirando el cheque en mis manos. En microsegundos sus manos están halando con fuerza mi cabello para acercarla a su oído. Un gemido adolorido se escapa de mis labios mientras una lágrima baja por mi mejilla y lo siento sonreír contra mi mejilla. Siento tanto odio por esta persona que ahora me tiene fuertemente agarrada. —Firma el puto cheque o te tocará dejar que juegue con tu precioso cuerpo—mi respiración deja de funcionar correctamente—ahora firmaras el cheque y no harás preguntas estúpidas ni pondrás peros—quiero mandarlo al diablo, pero se lo que vendría luego y eso... Eso no es algo que quiero. —Benjamín—él aprieta su agarre en mi cabello y eso solo causa que duela como el demonio—lo haré, suéltame por favor—él sonríe y me deja ir. Toso un poco antes de darle una mirada y tomar el cheque.Firmo rápidamente y él me suelta sonriendo con satisfacción. Maldito abusivo. Lo maldigo tanto como puedo en mi mente. En el único lugar donde puedo desahogarme y sé que nada me pasará.—Por eso te amo, eres tan complaciente—susurra y me besa. Trato de responder, pero solo siento unas nauseas horribles. Benjamín es el ser más repugnaste que conozco. Sujeta mis manos con fuerza impidiendo que tenga la mínima oportunidad de escapar. Le beso poniendo toda mi mente en orden para que este beso no sea un fracaso. Él se separa y me sonríe de manera espeluznante. Mis ojos están cristalizados y solo tengo ganas de que se marche. Él me sonríe y besa su dedo índice y el dedo corazón. Lo posa sobre mis labios y me guiña un ojo caminado a la salida. Lo veo salir y camino hasta sentarme en una silla. Diana entra deprisa y me abraza sin tener que decir nada. Veo el enojo latente en su mirada. También veo la angustia y tormento al no poder hacer nada. Mis labios tiemblan de coraje y miedo. Porque siento miedo cada vez que se acerca a mí, cada vez que una mirada suya llega a mí. Quisiera poder detenerlo, poder alejarlo y que deje de hacerme más daño del que me ha causado, pero me paralizo cuando se acerca. Es como si estuviera programada solo a servirle. A que me use

sin defenderme.Miro a Diana quien tiene sus labios en una fina línea recta. Sus ojos marrones contienen la ira que quiere desatar. Solo no se lanzó a él por mí, sabe que yo pago todos los platos rotos. Sabe que pronto me cansaré también y sé que ese es uno de sus mayores temores. —Lo odio. Lo odio tanto Diana—susurro abrazándola con fuerza. —Pagará... Algún día pagará todo lo que hoy te hace—solo espero estar en primera fila y poder deleitarme con su sufrimiento. Nunca he odiado tanto, nunca sentí odio hacia alguien hasta que él apareció en mi vida. Desde entonces ruego para que algo malo le ocurra, eso da una idea de cuan jodida está mi alma.Jasper

Llego al restaurante y saludo a algunos de los empleados. Mi padre tiene su ceño fruncido y conozco la expresión muy bien. Mamá está incómoda con algo y ese algo de seguro es mi ex prometida que ahora quiere invertir en la empresa. Reconozco que amo a mi madre lo suficiente y me siento tan malditamente orgulloso de que la odie, sé que es malo, pero esa mujer me hizo mucho daño. Siempre son las mujeres que quedan plantadas, pero esta vez yo corrí con la suerte, y que jodida suerte de mierda.Reconozco que la pareja que adoro es la de mi padre con mamá, él la adora con su vida y eso me hace feliz. A pesar de los años tocando la puerta sobre ellos, su amor parece tan infinito y sin límites que me sorprende y me hace sentir orgullosos de ellos. Me acerco a mi padre quien me sonríe de manera pacífica.—Hijo—me abraza despacio y yo lo abrazo. Él me sonríe y se separa. Papá es un hombre que aun cuando los años tocan su puerta se mantiene en forma y con esa sonrisa contagiosa que lo acompaña a todos lados.—Aquí traigo tu pedido—murmuro pasándole los documentos.—Gracias por eso, la verdad se me iba hacer difícil ir por ellos—camina y yo también siguiéndole los pasos—además de que tu madre llegó con su empleada estrella—se ríe negando con la cabeza—tenía ganas de conocerla ya que estaba un poco histérica sobre esa chica. Tu madre admira su trabajo, pasó horas hablándome de lo genial que es y de las nuevas ideas que trae consigo, dice que será una puerta para una moda revolucionaria—me rio junto a mi padre porque ambos conocemos a Eva Lewis y ella es un poco loca cuando se lo propone.—Entonces la chica de verdad debe de ser grandiosa como para que mamá se tome horas hablando de ella—comento entrando en su despacho.—Si, eso parece—responde abriendo su ordenador.—Te ayudo un rato y luego voy donde la chica—él me observa un segundo y luego sonríe.—Me vendría bien, necesito un rato para conocer a la chica—me señala la silla—toda tuya, gracias hijo—palmea mi hombro y lo veo salir.Trabajo un buen trato en el que solo me permito realizar el trabajo que mi padre tenía que hacer, pero lo conozco y sé que está teniendo mucha presión últimamente. Paro un rato cuando tengo más de mitad completado y relajo mi cuerpo para pensar en la chica que trató de matarse. De corazón espero que no lo haya intentado. Es una lástima ver personas tan jóvenes queriendo terminar con su vida cuando la tienen toda por delante.Decido que quiero conocer a la estrella que tiene a mi madre cautivada. Me levanto y cerrando el ordenador me estiro un poco, algunos de mis huesos se escuchan estallar en el proceso. Camino fuera buscando el cabello inconfundible de mi padre, lo veo en la distancia y miro a mamá sonriendo por lo que camino, pero freno en seco al verla.Yo la conozco.Yo la salvé.Ella sigue viva.Ahora puedo darme cuenta de que ella es increíblemente hermosa, su cabello es de un color rojo que la hace ver tierna. Sus ojos son verdes y tiene una piel blanca pálida con algunas pecas en su rostro, unos labios que sin duda alguna a cualquier persona le gustaría besar. Así que la chica que salvé es la estrella de mi madre, el mundo puede ver verdaderamente pequeño a veces. Suspiro y tomando un poco de valor sigo mi caminata hasta la mesa. Me paro y tres pares de ojos me observan. Uno de ellos relajados, otros felices y otros asustados y sorprendidos. Si, ella me recuerda.—Qué bueno verte, Jasper—beso la mejilla de mi madre con toda la confianza del mundo para posar mis ojos en la chica que ahora se ve realmente incomoda, no tenía planeado incomodarla, pero al parecer mi presencia no le gusta del todo.—Yo también—le respondo a mamá, le tiendo mi mano a la chica que en este momento me hace amar esos ojos, nunca unos ojos verdes se habían vistos tan hermosos, tan opacos, creo que si brillaran fuera la cosa más grandiosa que pudiera habitar en este mundo—Jasper Lewis—ella pasa su mano y yo mirándola le beso los nudillos escuchando las risas bajas de mis padres.—Allen Davis, un placer—balbucea y yo sonrío.—El placer es mío, señorita Davis—ella aleja su mano de una manera que para mí encuentro extraña. Tomo asiento al lado de ella—¿así que eres tú que vuelve a mi madre loca de la emoción?—pregunto acomodándome.—No sabía ese detalle—dice ella, es tímida, sus ojos nunca miran los míos directamente en el rato que mi madre pasa hablando sobre lo increíble que es ella.—Tengo que ir a ver unos asuntos que debo atender—dice mi padre poniéndose de pie—ha sido un placer señorita Davis, espero que pueda venir más seguido por aquí—ella asiente mirando a mi padre.—Voy contigo porque tengo una llamada que hacer—comenta mi madre, papá asiente.—Regresamos enseguida—dicen y se pierden en el camino. Ahora sí, vengo por respuestas y ella lo percibe por la manera en la que me mira. No vas a escapar. Ahora no.

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