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   Capítulo 1455 La saga de Addison 58 Un error

Amanecer Junto a Ti Por Monkey Palabras: 8888

Actualizado: 2020-09-17 00:05


Al instante, su rostro palideció; todos los colores de su rostro se desvanecieron. Dio unos pasos hacia atrás, apretando los puños. Sus labios empezaron a temblar incontrolablemente. En el momento en que Leonardo levantó la cara para mirar a Nina enojada, de casualidad miró a Sally, quien estaba tan asustada que de inmediato giró para salir corriendo del Club Romántico.

En un instante ella vagaba como un fantasma por las calles de Ciudad T. Al encontrarse a peatones y autos, se detenía para dejarlos pasar primero, además de respetar los semáforos, aunque parecía estar en piloto automático y no podía pensar con claridad.

¡Bip! ¡Bip!

¡Bip!

El sonido penetrante de las bocinas retumbaba mientras la chica estaba aturdida en el cruce peatonal mirando los autos frente a ella con la mente en blanco y sin poder mover un músculo.

Los conductores no tenían más remedio que evitarla, pasándole por un lado al tiempo que la maldecían por causar tal molestia, aunque ella no los oía.

Cuando el semáforo se puso verde para los transeúntes, estos empezaron a cruzar y a pesar de que algunos le pidieron con amabilidad a la joven que tuviera cuidado, al no recibir respuesta después de varios intentos dejaron de ayudarla.

El siguiente cambio del semáforo era la oportunidad de los vehículos, los cuales volvieron a pasarle por un lado. Pero nada de eso pareció perturbarla. Por suerte un hombre corrió imprudentemente hacia ella para decirle que saliera de la mitad de la calle, pero al ver que no reaccionaba, la haló hacia la acera.

Poco a poco ella recuperó los sentidos casi sin aliento. Antes de que su respiración se estabilizara del todo, el sujeto le preguntó con enojo: "¿Quiere que la maten? ¿Por qué hace eso?".

De pronto ella reconoció a este malvado hombre, lo que convirtió su sorpresa en una horrible conmoción y casi automáticamente dio algunos pasos hacia atrás para mantenerse a cierta distancia de él. Apenas estuvo a punto de volver a pisar la carretera, este la agarró del brazo

y volteando los ojos, pensó: 'Si mal no recuerdo, esta mujer es la que se fue cuando yo estaba discutiendo con Nina en el Club Romántico. Mmm... al menos lleva la misma ropa".

"Hola. ¿Qué le pasa?", preguntó Leonardo. "¿Acaso Nina la obliga a trabajar en el club?". Después de hacerle las preguntas, se reprendió a sí mismo: '¡Maldita sea! ¿Qué me pasa? ¿Por qué me meto en asuntos extraños últimamente?'.

Sally mantuvo la cabeza gacha mientras sentía su agarre. En ese momento su respiración se aceleró gracias al horror, por lo cual se sacudió con brusquedad antes de salir corriendo.

Él se quedó en el sitio viéndola alejarse. "

as pedir prestado un teléfono o pedir un taxi hasta la empresa y que en recepción lo pagaran. Eso sería mejor que deambular, ¿no?". Mirándolo a los ojos, ella respondió: "¿Y si al pedir un celular prestado pensaban que era una ladrona que se los quería robar? Después de todo, esas son cosas que pasan. Además, por la hora, la persona de la recepción ya no trabaja. En ese caso era posible que no encontrara a nadie allí que pagara un taxi si lo solicitara".

Él sabía que ella solo se estaba justificando. "Bien...", le dijo.

"Tengo hambre", lo interrumpió la chica. Ella lo conocía muy bien como para saber que si continuaba interrogándola, era probable que descubriera su pequeño secreto y no quería exponerle ese lado suyo. Simplemente no deseaba que él supiera sobre sus siete años en prisión, y luego se dio cuenta de que incluso había olvidado la razón por la que la habían encarcelado.

'Si cometí un error en el pasado, ¿me juzgarán por ello el resto de mi vida?', reflexionó en su interior.

Addison notó que ella no quería seguir hablando de eso, por lo que a pesar de sus ganas de discutirlo, no tenía el corazón para ahondar en algo que ella no quería. Al final asintió a manera de rendición, consultando: "¿Qué quieres comer?".

Sally no estaba de humor para comer. Sin embargo, señaló uno de los grandes restaurantes cercanos mientras le decía: "He estado sentada aquí por un rato y me quedé mirando ese lugar. Las personas que han pasado por aquí me han dicho que es fantástico, ¡aunque muy caro!". Dicho eso, frunció los labios para analizar la expresión del hombre.

Entretenido con lo que ella le decía, este se rio al tiempo que sacudía la cabeza, y tomando su mano, se puso de pie antes de confirmarle: "Sí que lo es, ¡pero puedo pagarlo!".

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