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   Capítulo 5 La nueva favorita

Las bellezas del rey Por glenmarts Palabras: 9959

Actualizado: 2021-03-05 22:27


El irregular invierno había pasado. La nieve en los tejados del palacio de Ezra había empezado a derretirse, y el repiquetear de las gotas en el suelo era lo único que se podía escuchar en todos los palacios; aquella melodía era la orquesta musical que apreciaban todas las bellezas del rey, desde la esposa de más baja categoría, hasta la emperatriz se podían deleitar o enloquecer con el sonido.Tal vez para Ezra ese era un sonido poco usual, pues la zona de donde venía no eran comunes las nevadas de invierno. Aquel sonido le era relajante en aquella soledad interminable. Ezra no quería que su vida se perdiera en las ásperas murallas del palacio real. Aunque, muy bien sabía que eso era lo que pasaría.—Madame, el eunuco Jefe está aquí. Lo haré pasar.Madame Azzar se acomodó en el sillón mientras afanada revisó su peinado y el estado de su vestido.—Saludos a Madame Azzar —saludó con cortesía el viejo eunuco.—Jefe eunuco, ¿Qué te trae por aquí?—Madame Azzar, felicidades. El Califa la ha convocado.Ezra borró lentamente la sonrisa que había en su rostro. Para las demás esposas ser convocadas por el rey era lo más deseado, pero Ezra no quería llamar la atención y estaba haciendo todo lo contrario. Tantas mujeres desearían tener su suerte. Sin embargo, era una ironía. Lo que una deseaba lo obtenía la otra.—Esta noche enviaremos aquí un palanquin con destino al palacio del rey. Debe prepararse lo antes posible y por eso le he traído el personal extra para su arreglo —el eunuco habló con voz monótona, sin expresión alguna en su rostro. Tras él entró la gran cantidad de eunucos y criadas que la atenderían—. Me despido de Madame Azzar.Ezra quedó tan absorta en sus pensamientos que no se percató de la entrada de su eunuco principal a la cámara. Di-di era un jovencito de 15 años que había sido convertido en eunuco a sus diez años, el muchacho era más eficiente en su labor de lo que se había imaginado. Durante los cinco años que el joven llevaba en el palacio había aprendido todas las artimañas que hacían las concubinas, y además le había estado enseñando tácticas para defenderse.Di-di se había mostrado poco receptivo a la idea de mantenerla oculta de las atenciones del rey. Y aunque Ezra había tenido dudas sobre la lealtad del eunuco, el joven le había demostrado que estaba con ella.—Madame, yo sabía que pronto llamaría la atención de su majestad.—Mirate tan alegre, no pudimos permanecer ocultos del rey.—Madame, su belleza no se puede ocultar, es como tapar el sol con un dedo, ¡Imposible!—Di-di, ¿Desde cuándo eres tan adulador? ¿Tendré que cortarte la lengua? —bromeó en tono alegre—Solo digo la verdad, si por eso seré ejecutado, lo aceptaré —Di-di habló dramático. Las expresiones cómicas del joven solo hacen reír a Ezra.Aquellos momentos en los que hablaba con Di-di o Tafur, su doncella, eran únicos, e incluso podría afirmar que en ese lugar ellos eran su familia.—Di-di, estoy confundida. Su majestad me ha convocado. Las demás esposas me odiarán por eso, ¿Cómo debo protegerme?—No hay mejor protección que su majestad. Madame, usted acaba de entrar en la pugna de poder, y las demás esposas no esperarán que usted se eleve sobre ellas. Sin duda buscarán la forma de hacerla caer.

Ezra pensó en las palabras de su eunuco y finalmente aceptó eso. Las bellezas del rey no estaban dispuestas a tolerar ni un poco que otra mujer se ganase el favor del rey, pues su tarea de ascenso en la pirámide se haría peligrosa si otra quedaba en su retaguardia. No estarían tranquilas hasta que esta cayera estrepitosamente de su escalafón....El día transcurrió en acelere y nerviosismo. Los criados adicionales habían entregado al palacio del rey la nueva concubina que lo acompañaría esa noche. Ezra esperó con paciencia la llegada del rey a la habitación. Ese lugar estaba increíblemente decorado y amueblado. Había muchos candelabros de plata iluminando la habitación, un diván enorme de piel de terciopelo color negro y muchas pinturas pegadas a la pared. Ezra nunca había visto unas pinturas tan bien diseñadas como aquellas.Llena de curiosidad la mujer se acercó a las pinturas para mirarlas de cerca. El dibujo contenía la representación de una danza muy popular en la región. Las mujeres de la pintura lucían preciosos turbantes y tobilleras que brillaban con inusual encanto, aquel era un color muy singular. Ezra tomó uno de los candelabros e iluminó la imagen; a la luz de las velas aquellos dibujos parecían cobrar vida, tanto que Ezra imaginó que las bailarinas protagonistas de la pintura se movían al ritmo de una alegre melodía.—¿Te gusta? —el rey habló cuando entró a la habitación— Si tanto te gustan, enviaré unos a tú palacio.Ezra aceptó nerviosa con la cabeza.—Nunca pensé que serías tan tímida, en las ocasiones anteriores te ví muy segura de tí misma. ¿Qué ha pasado con esa mujer?—Hay momentos dónde lo mejor es callar. No se aprecian las habilidades de una persona cuando habla, sino cuando escucha.—No me

llamaste por mi título —el rey esperó la reacción de Ezra, pero ella estaba muy confundida con toda la situación como para entender lo que quería el rey—, ¿No te disculparás?Ezra apretó las manos debido al nerviosismo, ¿Qué error había cometido? ¿Hablarle sin títulos? Eso no era una falta, no había hecho nada malo, eran esos reyes los que vivían con la cabeza en las nubes, creyendo que tenían el sol y la luna en sus manos.—¿Falta? No le he faltado el respeto, ¿Por qué tendría que disculparme por una falta que no he cometido? —Ezra dijo con aparente valentía, pues en el interior moría del miedo. ¿Y si mandaba cortarle la cabeza?

El rey soltó una sonora carcajada haciendo que Ezra se sobresaltara con el sonido. El hombre se movió enérgico por la habitación mientras reía estruendosamente.

—Tienes coraje y personalidad, eso me gusta—dijo mientras pelaba una manzana, cortaba los pedazos y comía los pedazos de fruta—. Los integrantes de tu tribu son muy conocidos por ser expertos músicos y poetas, ¿Tienes algún talento? —habló aún con pedazos de manzana en la boca.—Desde pequeña aprendí a tocar la flauta y el arpa. Pero ahora no tengo ningún instrumento.—¿Sabes poesía o música?—Mi padre es el mejor músico de la tribu, sería lógico si yo imitara su talento. Si desea puedo cantar para usted.—Adelante.Ezra aclaró su garganta y se dispuso para empezar a cantar una canción al rey.

"Árboles frondosos se avistandesde lo lejos, hojas verdesauguran felicidad.La vida se escapa entre mis manos.La juventud es solo vanidad.Nuestros rostros distantesSe desvanecen en el tiempo;¿quién puede detener su ritmo?Tus cejas blancas son testigo de losaños que han pasado sobre nosotros;¿Puede ser nuestro amor duradero?Ojos envejecidos miran el horizontecentrando sus esperanzas en lasbriosas flores blancas.Su amor se congeló convirtiéndoseen dura escarcha, desperdigadapor el vientoUn amor eterno es lo que quiere,y las flores blancas se loconcederán"

Ezra terminó de cantar y abrió los ojos esperando ver la reacción del rey. El hombre sonreía levemente, por lo que Ezra pensó que lo había hecho mal.

—¿Lo hice mal?—¿Qué? No. Eso fue maravilloso. Cantas hermoso. ¿Esa canción de quién es?—Es mía, yo la hice.El hombre estaba realmente sorprendido por el talento de Ezra y cuando escuchó que la canción había sido hecha por ella, escupió los trozos de manzana que tenía en la boca. La fruta se atoró en la garganta del rey y preocupada trató de ayudarlo.Ezra agarró al rey por el estómago haciendo presión para poder sacar los pedazos de manzana que se habían atorado en su garganta. El rey rojo de la vergüenza trató de evadir el agarre de la mujer. Pero solo consiguió caer en el divan junto con ella.—Majestad, ¿Está bien? —Ezra preguntó con los ojos bien abiertos.—Madhi, te doy permiso para llamarme por mi nombre.Ezra aceptó con la cabeza y cuando se dio cuenta de lo incómoda de la situación, trató de levantarse del pecho del emperador. Pero el hombre la detuvo.La mujer trató de soltarse, sin embargo entre más se removía, más el hombre apretaba el agarre.—Suelteme —exige.—¿Por qué debería? —la reta.—Su majestad es el rey, seguro le incomoda mi peso en su frágil cuerpo.El rey empujó el cuerpo de Ezra y ella pierde un poco el equilibrio.—No soy frágil. ¿No ves estos brazos? O este pecho. Son duros como piedras.La noche pasó entre risas y charlas ingeniosas por parte de Ezra y muchas carcajadas por parte del rey. Aquella muchacha lograba aliviarlo de los problemas con los que solía lidiar en la corte.

Ezra despertó de su reparador sueño y lo primero que vio ese día fue el rostro del rey. Sus cabellos castaños de color café caían sobre su rostro, los ojos eran almendrados con largas pestañas y su barba ligeramente crecida, todas esas características harían del rey una persona atractiva. Eso Ezra no lo negaba, pero ella no se dejaría llevar por una apariencia bonita. Si el hombre resultaba ser de buen corazón, le serviría con lealtad toda su vida.—¿Te gusta lo que ves? —el emperador habló aún con los ojos cerrados.—No, solo quería comprobar si el rey era tan apuesto como se pregona en todo el palacio...—¿Lo soy?Ezra no alcanzó a responder, pues un eunuco habló fuera de la habitación.—Majestad, venimos por Madame Azzar. Además, vengo con encargos de la Consorte Akil, la mujer solicita verlo urgente en sus aposentos, su doncella dice que está muy enferma.El rey se levantó del diván y se sentó en el lecho aún con sueño.—Enviale al doctor real.—Su alteza, la consorte, dijo que exigía su presencia.—Creo que debe ver qué pasa con su alteza. —Recomendó Azzar con voz baja.El rey le sonrío a la mujer y luego se puso el batín y salió de la sala.Después, todo el ejercito de eunucos entró en la habitación, envolvieron el cuerpo de Ezra y luego, la sacaron de los aposentos del rey. Ezra vivía toda esa utopía de manera confusa. El afán de los eunucos por servir al rey era realmente férreo.

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