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   Capítulo 3 El regreso de Cassandra

Deseos cumplidos Por Chu Se Palabras: 10392

Actualizado: 2020-01-02 00:07


El calor opresivo del sol golpeaba con fuerza en el aeropuerto de la Ciudad G, haciendo que todos sudaran sin poder evitarlo. El verano en la Ciudad G siempre fue así, y durante los meses que duraba a las mujeres les costaba mucho verse bien, ya que el cabello se les encrespaba por la humedad y el maquillaje se les corría lentamente por el rostro. Los hombres no es que lo pasaran mejor. Muchos llevaban manchas de sudor en las axilas, y la ropa se pegaba al cuerpo de manera muy incómoda. Pero a la salida del aeropuerto apareció una mujer hermosa, que parecía no verse afectada por el inclemente clima, tirando de una enorme maleta detrás de ella. Este calor no le molestaba, y estaba de muy buen humor.

"¡Cassandra! ¡Aquí!".

Una mujer de mediana edad, vestida con un impresionante cheongsam de color oscuro y estampado floral, agitó su brazo llamando a Cassandra. Claramente estaba muy emocionada por poder verla al fin. La mujer mayor parecía bastante elegante para su edad y tenía una figura estupenda. Se llamaba Edith Fang y era la madre de Cassandra.

"¡Hola mamá!".

Cassandra vio de inmediato a su madre entre la multitud de personas que esperaban recoger a sus seres queridos, y le devolvió el saludo. Aunque no la había escuchado en cuatro años, estaba demasiado familiarizada con la voz de su madre como para no reconocerla.

Edith Fang ya tenía más de 40 años, pero no los aparentaba. Era obvio que se había esforzado mucho por cuidar su piel y su cuerpo, ya que no aparentaba tener más de 30. Su rostro mostraba una sonrisa amorosa, y sus ojos un brillo de orgullo cuando miraba a Cassandra. Las dos mujeres podían pasar fácilmente por hermanas. Ambas tenían las mismas expresiones en sus caras. Sí, habían pasado cuatro largos e insoportables años sin verse, y se habían echado muchísimo de menos. Para muchos era difícil imaginar el dolor de estar lejos de la familia durante tanto tiempo, sobre todo estar alejados de sus madres. Fue una reunión agridulce hoy, pero cuando Cassandra se fue, en ese momento simplemente no había otra opción.

Cassandra corrió emocionada hacia su madre y dejó caer la maleta al suelo. La envolvió con sus brazos y la abrazó con fuerza. No quería tener que alejarse de su madre nunca más. Tan pronto como se tocaron, las lágrimas comenzaron a correr por la cara de la chica, y la emoción la embargaba de tal manera que hasta la voz le temblaba.

"¡Mamá, por fin estoy de vuelta! ¡Te extrañé mucho!".

Se abrazaron, madre e hija aspirando el aroma familiar de la otra. Cuatro años atrás Cassandra se había casado con Lionel Tang para complacer a su madre. Soportó todas las duras condiciones y las rígidas reglas que la familia Tang le había impuesto, pero finalmente logró su sueño de estudiar en el extranjero.

Durante los últimos cuatro años que estudió en el extranjero, no se le permitió contactar a nadie de su propia familia. Para Cassandra, la persona más importante en su vida era su madre, por eso la había echado tanto de menos. No podía creer que por fin estaba viéndola en carne y hueso después de todo este tiempo. Poder tocarla y ver su rostro le trajo mucha alegría.

"Ahora estás de vuelta, y eso es todo lo que importa, mi niña. Por fin has vuelto".

La propia voz de Edith Fang estaba temblorosa y abrumada por la emoción. Ninguna de las dos podía contener el torrente de lágrimas que brotaba de sus ojos. Edith miró a su hija, con la visión borrosa por el llanto. Esta era realmente su Cassandra. Por fin, su Cassandra estaba a su lado. La mujer jadeó, pero ninguna palabra pudo salir de su boca. Cassandra también se quedó sin palabras al ver a su madre llorosa, aunque su rostro mostraba una sonrisa de complicidad.

La breve reencuentro se vio interrumpida por el sonido del teléfono de Cassandra. A regañadientes se soltaron, tratando de recomponerse. Limpiándose las lágrimas con la manga, Cassandra respiró hondo y buscó el teléfono en su bolsillo.

Subconscientemente levantó la cabeza y miró a su madre cuando vio el nombre de la persona que llamaba en la pantalla. Después giró el teléfono para que su madre pudiera verlo también, como preguntándole en silencio si debía contestar. Algo indefinible apareció en los ojos de Edith Fang, pero compuso su rostro rápidamente y miró a su hija.

"Ahora que has regresado, hay cosas de las que ya no puedes escapar. No tienes otra opción más que enfrentarlas, pero contesta la llamada primero", dijo Edith Fang con voz suave. Cassandra asintió con la cabeza, dio el botón para contestar y se llevó el teléfono a la oreja. Una voz poderosa pero gentil le habló.

"Cassandra, tengo una reunión muy importante hoy. Por eso no pude ir a recogerte, pero le he dado instrucciones al conductor para que te recoja en el aeropuerto".

El hombre detrás de la línea era Horace Tang, su suegro, el padre de su esposo Lionel.

"Oh, está bien. Mi mamá ya está aquí para recogerme, así que puedo volver por mi cuenta. No hay necesidad de molestar al conductor", dijo rápidamente. Su voz era cortés pero distante, como si estuviera hablando con un completo desconocido, y no con quien era su suegro desde hacía cuatro años. Era evidente que ella no consid

eraba a este hombre parte de su familia.

"Es bueno escuchar eso, así ya no necesito preocuparme por tu traslado. He arreglado para que cenemos juntos esta noche. Pasa tiempo con tu madre ahora. Sé que no se han visto en mucho tiempo".

El tono de Horace seguía siendo amable y afectuoso, tal como solía ser.

"Bien, entonces nos vemos más tarde", dijo Cassandra y luego colgó el teléfono. Trató de fingir que la llamada no la había desconcertado, que escuchar la voz de su suegro no la había sacudido. Volvió a meterse el teléfono en el bolsillo y actuó como si nada hubiera pasado. Se aferró fuertemente al brazo de su madre como si todavía fuera una niña esperando ver con qué la sorprendería después.

"Mamá, vámonos. Hay tantas cosas que tengo que contarte".

Edith miró a su hija con adoración. Sabía que los últimos cuatro años habían sido difíciles para Cassandra, pero no tenía la más mínima idea de lo mucho que su hija había sufrido durante ese tiempo. Solo pensar que su hija había sufrido todo este tiempo le partía el corazón. No mencionó la llamada de Horace ni intentó entrometerse haciendo preguntas. Todo lo que deseaba para su hija era que tuviera una vida feliz, eso era lo que ella siempre había anhelado.

Cassandra y Edith se subieron al asiento trasero del auto que las esperaba. Durante el viaje, Cassandra deleitó a su madre con historias divertidas y cosas interesantes que le habían sucedido durante sus años en el extranjero. Edith la escuchó atentamente, incluso riéndose aquí y allá por algunas de las historias de su hija. Al verla sonreír feliz después de cuatro años, los ojos de Edith no pudieron evitar enrojecerse de nuevo. Se sentía culpable.

Sabía que Cassandra no estaba feliz de que la hubiera casado con el hijo de la familia Tang, pero al ver que su hija finalmente había logrado su sueño de estudiar en el extranjero, la culpa de Edith disminuyó un poco. El objetivo académico de Cassandra era su único consuelo.

"Cassandra, dime. Durante tus años en el extranjero, ¿alguna vez has...?".

La voz de Edith se apagó, y no pudo evitar hacer una mueca porque sabía que realmente no debería estar haciendo esa pregunta.

La hermosa sonrisa de Cassandra desapareció de repente cuando se dio cuenta de lo que estaba preguntando. La cara del apuesto desconocido pasó por su mente, y de repente le recordó la noche de su ardiente encuentro sexual. Cassandra se sonrojó y entró en pánico.

"¡Mamá, por supuesto que no! ¿De qué estás hablando?".

Cassandra puso su mano sobre la de Edith para consolarla. Parecía inquieta, pero solo por un momento, por lo que Edith no se dio cuenta. De manera calmada le sonrió a su madre, sobreponiéndose al pánico que sentía por dentro.

"Cassandra, lo siento mucho. Si no fuera por mí, no hubieras tenido que...".

Los ojos de Edith Fang se llenaron de lágrimas nuevamente. La mezcla del horrible pasado y el feliz presente era un revoltijo de emociones que Edith no llegaba a comprender, pero su hija la interrumpió de inmediato, incluso antes de que pudiera terminar la frase.

"¡Mamá! Todo es parte del pasado, y fue mi propia elección. Ahora tengo una buena vida y seguiré siendo feliz en el futuro. Por favor no te preocupes por mí".

Cassandra sostuvo la mano de su madre con fuerza. No quería que se sintiera culpable por cosas que ya no se podían cambiar. Por fin había regresado a casa y todo estaría bien.

Sí, en verdad ella no tuvo ninguna opción en su matrimonio. Fue algo que no pudo controlar. Sin embargo, eso no significaba que su vida sería automáticamente una tragedia. El matrimonio era simplemente una parte de su vida, y todavía tenía muchas otras cosas en las que concentrarse.

Ella creía firmemente que mientras trabajara muy duro y pudiera llegar a una posición de poder en el futuro, podría liberarse de todos sus grilletes y disfrutar junto con su madre una vida estupenda.

Mientras tanto, en la suite presidencial de un gran hotel, dos amantes se divertían en una gran cama roja.

Habían tenido sexo apasionadamente, y estaban tomándose un respiro. La mujer, acostada seductoramente en la cama, comenzó a hacer pucheros al hombre con una voz demasiado dulce.

"¿Escuché que Cassandra ha vuelto? ¿Eh? ¿Después de cuatro años?".

El hombre se burló y resopló.

"Eso no significa nada. ¿Por qué te importa?"

El hombre estaba casi sin aliento después de la ardiente faena en la que se había visto involucrado, pero ella percibió el desdén y la frialdad en su voz al escuchar el nombre de su esposa.

"Por supuesto que me importa. Ella es tu esposa, Lionel".

Pero el estado de ánimo de la mujer se aligeró inmediatamente después de escuchar la actitud fría de Lionel hacia su esposa, y su tono cantarín lo reflejaba.

"Ella es solo una marioneta. No sabe nada sobre ti", dijo Lionel con una sonrisa en su rostro. El hombre no se molestó en esperar su respuesta. Simplemente la volteó sobre su espalda y comenzó a besarla apasionadamente mientras sus manos exploraban el resto de su cuerpo. Instintivamente, ella empujó su cuerpo contra el de él y gimió seductoramente. El aire en la habitación comenzó a sentirse como una sauna nuevamente.

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