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   Capítulo 5 Rufus va a volver

Deseos cumplidos Por Chu Se Palabras: 8281

Actualizado: 2020-01-04 00:07


Las luces de neón brillaban en la calle más bulliciosa de la metrópoli, y la noche parecía seductora, con su flujo interminable de personas y tráfico.

En la calle había un restaurante muy elegante, donde Horace había reservado una sala privada para celebrar el regreso de Cassandra a la ciudad.

De camino al restaurante, Lionel no le dirigió ni una sola palabra a su esposa, quien también mantuvo la boca cerrada, ya que no tenía nada que decir.

Horace seguía mirando a la pareja con preocupación. ¿Qué estaba pasando entre su hijo y su nuera? Él sabía que no había amor entre ellos, pero pensó que con el tiempo llegarían a sentir algo el uno por el otro.

Cassandra acababa de llegar a casa después de pasar muchos años en el extranjero. Era el momento apropiado para que su hijo diera el siguiente paso en su relación. Las relaciones entre las familias Tang y Qin se verían muy beneficiadas si Cassandra pudiera bendecirlo con niños.

Cassandra tomó asiento una vez que entraron al restaurante. Lionel se apartó de ella rápidamente y se sentó junto a su madre, Jill, sin mirar a su esposa ni una sola vez.

Cassandra estaba bastante acostumbrada a eso. Llevaba una expresión indiferente en su rostro, impasible ante las acciones de Lionel. Ella sabía cómo desempeñar el papel de la obediente nuera en esta familia, y en su mente, eso era suficiente. Cualquier otra cosa por su parte estaría injustificada.

"Ya que estamos todos aquí, me gustaría hacer un anuncio en esta feliz ocasión".

Los camareros iban sirviendo los platos uno por uno, mientras Horace se aclaraba la garganta. Había una expresión de dignidad en su rostro a pesar de que se sentía abatido en el fondo.

"¿Qué pasa?", preguntó Jill, que parecía ser la única persona en la sala prestando atención. Cassandra no tenía interés en nada de lo que sucedía en esta familia, pero de todos modos sintió un poco de curiosidad.

Desde el lado opuesto de la mesa, Lionel observó la mirada de falsa atención en el rostro de Cassandra, había la sombra de una sonrisa fría en sus labios. Chasqueó la lengua en silencio. Después de tantos años, la forma de ser de la mujer seguía siendo aguda.

"Rufus regresará mañana. Espero que cada uno de ustedes lo trate como uno más de la familia".

Horace exhaló aliviado una vez que las palabras finalmente salieron de su boca. Apenas había terminado de hablar cuando la copa de vino tinto de Jill se estrelló contra el suelo, haciendo mucho ruido.

Ante el sonido de los cristales rotos, a Cassandra se le encogió el corazón. Jill se levantó de su silla, con la cara exquisitamente maquillada pero llena de ira.

"Esto no puede ser. ¡No lo permitiré! ¿Por qué no lo hablaste conmigo primero? No quiero que regrese. ¡Definitivamente no!".

Jill le gritó a Horace con voz chillona, olvidando dónde estaba. Horace la miró fríamente, desanimado pero no sorprendido por su reacción.

"¿Crees que tienes derecho a decir que no?".

Sus palabras fueron autoritarias y provocaron un escalofrío a Jill, quien se detuvo, y la mirada profunda de su marido hizo que se callara de inmediato. Jill tropezó un poco y volvió a su asiento, sollozando un poco ante su agravio.

La discusión repentina y explosiva no afectó en lo más mínimo a Lionel, quien todavía estaba sentado con una expresión de "a mi qué más me da" en su rostro. El ambiente de la reunión se tornó grave. Cassandra no conocía al hombre que Horace había mencionado, aunque el nombre le pareció un poco familiar. Se preguntaba quién era y cómo podía hacer que Jill, una mujer tan arrogante y dominante, se comportara de esa manera.

"Lionel, lleva a Cassandra a casa".

La voz de Horace atravesó el tenso silencio cuando sus ojos se dirigieron a su hijo. Lionel ya estaba harto de estar en este lugar, así que en el momento en que su padre terminó de hablar, se puso de pie y caminó hacia la puerta del restaurante.

Cassandra se levantó, le dio a sus suegros una sonrisa forzada y siguió a Lionel lo más rápido que pudo.

Parecía que Horace y Jill necesitaban algo de privacidad para lidiar con sus problemas. Cassandra suspiró aliviada tan

pronto como salió del restaurante, ya que se había sentido completamente sofocada ahí adentro.

Lionel abrió el auto con la llave del control remoto, y seguía sin mirarla. A pesar de su indiferencia, Cassandra se aguantó y abrió la puerta trasera para entrar. Como no llevaba dinero, no podía llamar a un taxi, y además, la casa estaba demasiado lejos de ese lugar.

Se sentó en el auto con cautela para mantener una distancia de su esposo. Lionel se sentó en el asiento del conductor y miró a Cassandra a través del espejo retrovisor, vio la cautela en su delicado rostro, la postura defensiva que ella exudaba y soltó una risita ligera y burlona.

"¿Te di permiso para entrar en mi auto?", dijo el hombre con voz ronca pero despiadada, sin dejar de mirarla. Cassandra levantó la cabeza al instante, con una fugaz mirada de incredulidad en sus ojos.

"Incluso después de tantos años, Cassandra, todavía sabes cómo actuar. Es encomiable ¡Ahora bájate!".

El bello rostro de Lionel se torció en una sonrisa burlona cuando emitió la orden.

Cassandra suspiró profundamente sin poder creer lo que estaba oyendo. Este hombre era inimaginablemente cruel. ¿Cómo podía haberse casado con él?

"Papá te pidió que me llevaras a casa. No traje mi bolso conmigo. Si me das algo de dinero, puedo llamar a un taxi", Cassandra dijo sin mostrar ninguna emoción, sentada muy quieta. La timidez en su expresión habría despertado lástima en cualquier otro hombre, pero a Lionel le pareció ridícula.

¿Esta mujer realmente estaba pidiéndole dinero para tomar un taxi de regreso a casa? Lionel siempre la había odiado, por lo que le resultaba fácil encontrar fallos en todo lo que ella decía o hacía.

Cassandra parecía que estaba sumida en sus pensamientos. Antes de que Lionel pudiera rechazar su petición, ella levantó la cabeza y lo miró con curiosidad, y le hizo una pregunta.

"Oye, ¿quién es Rufus? ¿El hombre del que papá estaba hablando hace un momento?".

La cara de Lionel se transformó en una expresión extraña tan pronto como apareció el nombre de este controvertido hombre. Al instante, se dio la vuelta para mirarla, estudiándola impacientemente con agudos ojos.

"¿Por qué? ¿Qué estás planeando? Cassandra, es mejor que sepas quién eres. ¡Ahora eres una mujer casada, aunque todavía no te haya puesto un dedo encima!".

Lionel le habló de una manera que sugería que se estaba burlando de ella. Pero para Cassandra, su comportamiento no era extraño, hacía mucho tiempo que le había dejado de importar.

"Bien. Solo dame el dinero. Quiero irme a casa y dormir".

Cassandra lo miró con ojos inocentes, extendiendo su pequeña mano para recibir el dinero del taxi. Simplemente le había hecho una pregunta casual y no podía entender por qué reaccionaba tan violentamente.

Ella no respondió a su acusación velada, porque se había jurado a sí misma no reaccionar en absoluto, sin importar cuán hirientes fueran sus palabras. La falta de reacción a las palabras de Lionel lo frustraba, y podía sentir cómo le inundaba una ira sin sentido mientras la miraba.

El hombre metió la mano en el bolsillo para buscar su billetera, sacó un billete de cien dólares y se lo arrojó sin preámbulo, diciéndole con una voz profunda e inexplicablemente furiosa: "¡Baja de mi auto ahora mismo! No quiero mirar tu cara irritante".

Cassandra recogió el dinero y abrió la puerta del auto. Sus pies pisaron la grava y lo miró a través de los cristales tintados de las ventanas. ¿Quién quería quedarse con él en su auto de todos modos? Ella detestaba respirar el mismo aire que él.

¿No quería mirarla a la cara? Bueno, ¡a ella le entraban ganas de golpearlo cada vez que veía la suya!

Cassandra caminó hacia el sendero y comenzó a mover el brazo para llamar a un taxi. Lionel estaba sentado en su auto, con las manos apretadas alrededor del volante. Sus ojos furiosos mostraban tanto diversión como desprecio, mientras que su fría sonrisa lentamente comenzaba a desvanecerse.

Le dio la impresión de que esta mujer había cambiado mucho desde que se había marchado a Roma, aunque en realidad nunca conoció bien a Cassandra...

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