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   Capítulo 9 ¿Estás realmente tan desesperada

Deseos cumplidos Por JACINTA CANINO Palabras: 5892

Actualizado: 2020-01-08 00:05


Los dos hombres, de igual estatura, se miraron con el ceño fruncido con Cassandra entre ellos.

De repente, el ambiente se volvió hostil. Tanto, que hasta Horace se quedó sin palabras. La chica que fingía haberse desmayado en los brazos de Rufus permaneció inmóvil, tranquilamente decidida a continuar con su actuación hasta el último minuto.

"¿Qué?".

Los delgados labios de Rufus se curvaron en una media sonrisa descuidada, sus ojos irradiaban indiferencia. La única respuesta que le dio a Lionel fue una risita entre dientes.

"Cassandra", comenzó Lionel con una voz estoica y peligrosa. "¡Levántate! ¡Estás en los brazos de otro hombre justo en frente de tu esposo! ¿No tienes vergüenza? ¿Realmente estás tan desesperada por seducir a alguien?".

Parecía haberse dado cuenta del teatro de Cassandra, y mientras la miraba de reojo, hizo un movimiento para sacarla de los brazos de Rufus con brusquedad.

Casi al mismo tiempo, Rufus dio un paso hacia atrás, con Cassandra acurrucada en sus brazos. Miró a Lionel con ojos penetrantes, cortándolo con su mirada silenciosa, haciendo que el marido ofendido retirara sus manos rápidamente, como si le hubiera cortado con un cuchillo.

"¿Crees que se tiró por las escaleras deliberadamente, porque estaba desesperada?".

Una mirada intimidante apareció en la cara de Rufus, y no cabía la menor duda de que estaban muy cerca de un enfrentamiento. Horace había estado observando con cautela el volátil intercambio de palabras y se levantó apresuradamente. Contuvo a Lionel, que parecía humillar a Cassandra a propósito.

"¡No discutan más! ¡Será mejor que la lleves al hospital ahora mismo!".

Sin dejar de mirar a Lionel, Rufus marchó directamente hacia la puerta, mientras Cassandra yacía cómodamente en sus brazos. El auto ya estaba afuera, esperándolos. Horace lanzó un largo suspiro antes de seguirlos.

El fuerte olor a desinfectante impregnaba el hospital.

Cassandra abrió los ojos lentamente, mirando alrededor de la habitación como si fuera un ladrón pillado con las manos en la masa. Parecía que estaba buscando a alguien.

"¿Qué pasa? ¿Me estás buscando?".

La voz de un hombre vino de cerca. Al segundo siguiente, una cara devastadoramente apuesta se materializó frente a ella, era Rufus.

Cassandra sintió los terribles latidos de su corazón cuando se dio cuenta de que estaban solos en la sala.

De repente, una frase cruzó por su mente: el peligro de estar a solas con un hombre.

"Este... gracias por lo que... bueno... lo de justo ahora", Cassandra tartamudeó torpemente, sin ningún sentido. Luchó por sentarse y se apoyó contra la cabecera, evitando mirar a los ojos a Rufus.

"¿Gracias? ¿Por qué?", preguntó arqueando una ceja mientras se dejaba caer en la cama. Después la agarró de la barbilla suavemente y la acercó hacia él. Sus respiraciones parecían mezclarse cuando la distancia que los separaba desapareció.

Por un momento, la mente

de Cassandra se quedó en blanco ante la cercanía. Aspiró bruscamente, preguntándose cómo este hombre podría ser tan grosero y audaz al mismo tiempo. Ella era su cuñada, ¡por el amor de Dios!

"¿Quieres agradecerme? No parece que lo digas en serio".

Rufus no era un hombre ingenuo, así que lo dijo tal como era. Nunca esperó encontrarse con Cassandra de nuevo de esa manera, y mucho menos que esta delicada y atractiva mujer resultara ser la esposa de su medio hermano.

Para que la situación fuera un poco más ridícula, su cuñada había perdido su virginidad con él.

Sus hombros se sacudieron con una risa silenciosa. Era confuso, pero a la vez intrigante. Y esta mujer le entretenía mucho.

Rufus se acercó más y Cassandra se encogió. Él extendió la mano, colocando la palma contra la pared al lado de su cabeza. En unos momentos, la tenía enjaulada en sus brazos.

Ella trató de fingir indiferencia a la vez que hacía un esfuerzo sobrehumano para controlar su respiración. Su rostro se sonrojó y su mente se quedó en blanco una vez más. Al levantar la vista sin querer, se encontró con la mirada de unos ojos marrón oscuro sobre ella.

Los ojos de Cassandra se abrieron en estado de shock cuando se acercó aún más, con una ligera sonrisa juguetona bailando en sus labios. De repente, ella empujó al hombre con tal fuerza que hasta ella se sorprendió. Él se rió de ella en voz baja y retrocedió unos centímetros.

"¡Rufus! ¡Deténte! ¡Por favor, compórtate! ¡Soy tu cuñada!".

Cassandra se abrazó a sí misma en un intento de protegerse y lo miró con ojos cautelosos.

¡Qué audaz era! Los miembros de la familia Tang podrían venir a visitarla en cualquier momento. Si los hubieran atrapado con las manos en la masa, todos sus esfuerzos hasta ahora habrían sido en vano.

"¿Oh? ¿Por qué no me dijiste que eras mi cuñada aquella noche apasionada?", se burló de ella, una mano acariciando sus labios con curiosidad. Todavía sonreía, y no había indicio de ira en su expresión.

Cassandra se quedó completamente muda. Lo miró, sorprendida hasta lo más profundo por sus palabras. ¿Cómo se atrevía a mencionar esa noche? Una inexplicable sensación de fatalidad la invadió. Mantuvo sus ojos cautelosos fijos en el hombre que aparentemente determinaría su destino.

Ella no conocía bien a Rufus, así que ¿cómo podía estar segura de que él le haría el favor de ocultar ese episodio a su familia? No quería que nadie supiera lo que había sucedido esa noche.

Si llegara al conocimiento de los Tang, la desgracia caería sobre la familia de ella, y su reputación quedaría completamente manchada.

Pensó en su madre y lo devastador que sería para ella saber esto. No, eso no podía ocurrir nunca. Ella debía evitar que los Tang se enteraran de esto a toda costa.

De repente, un golpe fuerte en la puerta la sacó de sus pensamientos, y Cassandra se cubrió rápidamente con la colcha. La puerta se abrió y entró Lionel furioso.

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