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   Capítulo 10 ¿Qué es exactamente lo que quieres

Deseos cumplidos Por JACINTA CANINO Palabras: 7331

Actualizado: 2020-01-09 00:05


El sonido de los pasos firmes aproximándose hacia ella hizo que Cassandra se sumergiera más debajo de las colchas. Cerró los ojos y sintió cómo le iba invadiendo un fuerte dolor de cabeza. Se preguntaba qué diablos estaba pasando y por qué seguía teniendo problemas desde que había vuelto de Roma.

Cuando Lionel entró en la sala, sus ojos recorrieron con indiferencia a la mujer que se escondía debajo de las colchas, antes de posar sobre Rufus.

"¿Qué está pasando? Te hiciste cargo de Tang Group en el momento en que regresaste a la ciudad. ¿Ahora también quieres hacer lo mismo con mi esposa?", Lionel habló con un tono sarcástico y con los brazos cruzados mientras miraba a Rufus. Su actitud hacia su medio hermano siempre había sido hostil. Rufus acababa de salir de la nada, y su padre lo trataba con el mayor de los respetos y admiración. Los ojos alienantes y fríos de su hermano solo molestaron más a Lionel, ya que estaba acostumbrado a ser orgulloso y arrogante.

En el pasillo fuera de la sala, Horace acababa de anunciar que Rufus iba a hacerse cargo del Tang Group, y que se convertiría en el nuevo CEO de la compañía.

En los últimos años, Lionel se había ocupado de que todo marchara bien en el Tang Group. Puede que su posición estuviera por debajo de la de su padre, pero él había estado a cargo de tomar todas las decisiones importantes de la empresa. La única diferencia entre ellos era el nombre del puesto que ocupaban.

Al principio, Lionel no podía creer lo que estaba escuchando cuando Horace hizo el anuncio. En cuestión de minutos le entregó la compañía a ese bastardo ilegítimo que había aparecido de la nada. Era muy injusto para Lionel, quien era el heredero presunto de la familia Tang. En su opinión, él debería haber sido escogido como el CEO, la persona de más poder en la empresa, y no podía permitir que Rufus le arrebatara lo que era suyo.

Rufus no respondió a su pregunta irónica y simplemente ignoró a su hermano menor. Ni siquiera se molestó en dirigirle a Lionel una mirada. Su medio hermano le era completamente indiferente.

"Rufus, no sé qué le has dicho a mi padre para que te entregue la compañía, pero nunca olvides que soy yo el heredero legítimo de la familia Tang. ¡Nunca me ganarás!".

La actitud arrogante de Rufus comenzaba a enfurecer a Lionel. Parecía que no le importaba nada ni nadie en el mundo. Nunca antes en la privilegiada existencia de Lionel, había osado nadie, sirviente o presidente de una empresa multinacional, a tratarlo de esa manera tan indiferente. Se acercó a Rufus con una clara advertencia en sus ojos, el sonido firme y fuerte de sus zapatos resonaron en la sala. Lionel levantó una ceja amenazadora a su hermano mayor.

"¿Y...?", Rufus respondió perezosamente. Su comportamiento era completamente opuesto al de su hermano, quien casi temblaba de ira, mientras que Rufus estaba sentado en la cama muy relajado y calmado, como si estuviera de vacaciones.

Lionel pudo sentir cómo la frustración le invadía rápidamente, como nunca antes lo había sentido. Sus ojos se estrecharon con ira y sus labios se curvaron en una sonrisa burlona. Una vez más, emitió a su hermano una advertencia lenta.

"Ya veremos. Ándate con cuidado, hermano".

Lionel se dio la vuelta y salió, dando un portazo de la ira que llevaba dentro. Ni siquiera se había detenido un segundo para prestarle atención a la paciente de la habitación.

Al ver a Lionel irse, Rufus miró la puerta que se balanceaba y sonrió un poco. Su rostro era una máscara ilegible, y sus intenciones no eran claras.

El lugar parecía un campo de batalla pero sin humo. Cassandra había permanecido escondida debajo

de las colchas todo ese tiempo, escuchando las tensas palabras de Lionel. Esta noticia era completamente inesperada. Horace le había entregado el Tang Group a Rufus, quien acababa de regresar a casa.

Cassandra sabía que su suegro estaba lejos de ser un hombre imprudente, así que debía tener sus razones para tomar semejante decisión. ¿Estaba tratando de compensar a Rufus, reparando el vínculo entre ellos? ¿O tenía un plan secreto?

"¿Cuánto tiempo más te esconderás?", Rufus le preguntó cuando quedó claro que ella no hablaría.

Con una mano, retiró parte de la colcha y vio a la pequeña mujer acurrucada en la cama. La repentina luz molestó los ojos de Cassandra, quien hizo un ruido a manera de protesta. Cuando levantó la cabeza, un par de ojos hermosos pero malvados le miraban sonrientes, calmando un poco sus nervios.

"Rufus, tenemos que hablar", dijo Cassandra, agarró las sábanas con fuerza y en el siguiente momento relajó su agarre, dándose cuenta de que estaba mostrando todos los signos de ansiedad. Levantando la barbilla, lo miró a los ojos con valentía, adoptando una postura decidida esta vez.

"¿Sí?", Rufus levantó una ceja con curiosidad, inclinando la cabeza muy relajadamente.

"Sobre lo que sucedió en Roma... ¿Podrías mantenerlo en secreto?", dijo Cassandra en voz baja después de dudar por un momento. Sus mejillas se sonrojaron de vergüenza.

"¿Qué parte de la historia quiere hablar? ¿Del hecho de que aún eras virgen a pesar de haber estado casado durante tanto tiempo? ¿O lo que hicimos esa noche?".

Rufus se rio entre dientes y acercó su brazo a ella, disminuyendo la distancia entre ellos.

Cassandra no pudo evitar retroceder. Podía oler el peligro que él emanaba y no tenía dudas de que estaba maquinando algo contra ella en silencio. Se había quedado sin palabras. Él siempre decía cosas a las que no tenía idea cómo responder.

"Si eso sale a la luz, no te beneficiará en lo más absoluto. Pronto heredarás Tang Group, tu reputación se vería afectada y pondrías tu herencia en peligro. ¿Realmente quieres que los medios sepan que te acostaste con la esposa de tu hermano?".

Antes de que Cassandra pudiera pensarlo dos veces, expresó la horrible verdad, alto y claro. Sabía que Rufus era lo suficientemente inteligente como para saber qué hacer, y ante semejantes argumentos, seguro que la dejaría en paz, ¿no?

Pero Rufus solo se rio. "Eres muy graciosa, señora Tang".

Sus palabras directas le causaron mucha gracia, de modo que extendió la mano y la tomó en sus brazos, sosteniéndola por la cintura.

"Nada ni nadie puede amenazarme, nunca", dijo, y deliberadamente, enfatizó cada palabra, sugiriendo que no le importaba ninguno de los problemas que Cassandra acababa de mencionar. También parecía implicar que nunca la dejaría en paz.

"¿Qué es exactamente lo que quieres?", Cassandra entró en pánico y comenzó a tenerle miedo. Podía sentir sus ojos salvajes y feroces penetrar los suyos. No sabía cuál era su propósito, o por qué había regresado a casa.

Se dio cuenta de que Rufus no sentía afecto por ninguno de los miembros de su familia, ya que de lo contrario, sus ojos no tendrían tanta insensibilidad al posar la mirada en alguno de ellos.

Cassandra no quería involucrarse en esta guerra doméstica, y temía que Rufus la utilizara a su antojo como una herramienta.

"Ven a este lugar esta noche. Si lo haces, no le diré a nadie sobre la noche que pasamos juntos en Roma".

Rufus sacó un papelito de su bolsillo. La sonrisa lánguida y siniestra continuaba en su rostro y era difícil adivinar lo que se ocultaba en las profundidades de esos intensos ojos marrones oscuros...

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