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   Capítulo 11 Algo significativo

Deseos cumplidos Por JACINTA CANINO Palabras: 6165

Actualizado: 2020-01-10 00:05


De pie frente al edificio de treinta y seis pisos, Cassandra tenía el papel que Rufus le había dado arrugado en un puño. Con su largo cabello danzando al son de la fuerte ráfaga de viento, se veía como alguien decidida y lista para luchar por su vida. Poco le importaban el frío punzante y el peligro inminente que suponía estar en las calles a esa hora de la noche. Esas cosas ya no le asustaban a alguien cuya vida estaba, literalmente, en juego.

El aceptar ir a ese lugar era su última esperanza para darle solución al peligro inminente, y estaba dispuesta a hacer lo que Rufus le pidiera.

Nerviosa, Cassandra se lamió los labios secos y arrastró sus pies pesados. Tenía que seguir adelante, sin importar cómo se sintiese, por eso se obligó a avanzar lentamente, atravesando el viento frío con gran pesar.

Tenía que enfrentarlo de todos modos, y esperaba que Rufus la dejara en paz de una vez por todas. Por eso seguía recordándose a sí misma que todo iba a estar bien, aun sin estar muy segura de ello. A veces, solo tenemos que tomar las cosas como vienen.

Y mientras ella reflexionaba, luchaba y caminaba con dificultad, Rufus estaba de pie frente a la ventana francesa en el último piso del mismo edificio. Con una camisa blanca ajustada, desabrochada hasta la mitad del pecho, observaba la oscuridad del exterior con una mirada profunda, y una sonrisa traviesa dibujada en el rostro.

El impresionante horizonte en la última planta de un edificio de treinta y seis pisos lo hizo sentirse como un gigante que empequeñecía todo bajo sus pies.

A Rufus le gustaba la sensación de estar en control de todo, tal como lo había hecho con la familia Tang y como lo estaba haciendo en ese momento con Cassandra.

"Jefe, ya está aquí", anunció de repente la voz mecánica del altavoz en la puerta.

La sonrisa en su rostro se hizo aún más amplia. Volvió a la mesa, tomó su copa de vino tinto a medio llenar con la mano izquierda, sosteniéndola tranquilamente tan solo con el pulgar y el dedo índice, y bebió todo de un trago.

Estaban saliendo las cosas según el plan. Parecía todo un poco surreal, por así decirlo, como si estuviera viendo una película en la que podía predecir la historia y contar exactamente lo que iba a pasar después.

"Déjala entrar", dijo.

Esa voz grave, con los ojos todavía fijos en la vista nocturna fuera de la ventana, le daba un aire entre sensual y somnoliento. Nadie hubiera esperado que Rufus, quien no hacía mucho había vuelto a la Ciudad G, fuera el dueño de un edificio tan imponente en la silueta de la ciudad.

Cuando Cassandra entró en el edificio, fue recibida por un hombre vestido con traje negro y llevaba puesto un auricular, del que escuchaba atentamente las instrucciones; la condujo a una puerta de madera de sándalo rojo. Después de pulsar una serie de contraseñas, la puerta se abrió de inmediato y ella le agradeció con un leve y respetuoso gesto.

"Por favor, pase Srta. Qin. El señor Luo la está esperando", dijo el hombre cortésmente y le mostró la habitación.

Con una expresión confusa en el rostr

o, Cassandra asintió con la cabeza y tímidamente empezó a andar, sin poder evitar preguntarse qué la estaría esperando.

Aunque ella provenía de una familia rica y se había casado con una familia aún más rica, el inmenso tamaño de la habitación la dejó boquiabierta.

Todo era sorprendente, incluso los muebles y la decoración de la habitación. Cada pieza del lugar era una declaración del exquisito gusto y refinado sentido artístico del propietario, sin mencionar el costo astronómico del semejante lujo.

El lujoso interior de la habitación hacía palidecer las suites presidenciales de cualquier hotel de cinco estrellas. Le parecía ridículo que le hiciera venir aquí solo para una aventura de una noche.

Cassandra tenía la edad suficiente para comprender lo que sucedería entre ella y Rufus más tarde, y no le sorprendía en absoluto, ya que él le había pedido que fuera sola, a altas horas de la noche y solo iban a estar los dos en ese lugar.

Ella estaba dispuesta a acostarse con él una vez más si eso le garantizaba tranquilidad y evitar que su madre sufriera.

Pensando en su situación, Cassandra suspiró y sintió un dolor muy grande en el corazón. Deseaba, desde lo más profundo, poder tener el poder de decidir qué hacer con su vida, pero por experiencia sabía que lamentablemente estaba derrotada, y que tenía que aceptar lo que la vida le arrojara.

"Aquí estás", dijo Rufus, quien, de repente, se paró justo detrás de ella y la tomó por sorpresa. Pero antes de que ella pudiera reaccionar, él envolvió sus brazos alrededor de su cintura desde atrás.

Por miedo, a Cassandra se le empezó a temblar todo el cuerpo, obligándola a respirar profundamente, tratando de recobrar la compostura.

"Hmm, sí. Estoy... aquí", respondió en voz baja.

Desesperadamente, trató de abrir la boca para hablar, solo para descubrir que estaba demasiado tensa para sonar natural.

"Relájate, cariño. Esta es nuestra segunda noche, ¿no se supone que deberíamos estar más relajados el uno con el otro?", le susurró Rufus al oído.

El sarcasmo en su risa obligó a Cassandra a recuperar el sentido de inmediato. Por instinto, se dio la vuelta, reunió toda la fuerza que pudo y lo apartó.

Enfurecida por su actitud tan presumida, lo miró con la ferocidad de una leona atrapada.

"¿Qué quieres de mí? Si has hecho que venga hasta aquí solo para humillarme, ¡preferiría irme ahora!", le dijo enfrentándolo.

Cuando se dio la vuelta y fingió irse, Rufus se rio a carcajadas, lo que hizo que Cassandra lo quedara mirando intensamente, pudiendo ver una extraña expresión somnolienta en su rostro que no podía entender.

En un instante, él la agarró y la tomó en sus brazos, tan rápido que ella dejó escapar un grito de sorpresa. Estaban tan cerca que la hizo sonrojar. El olor de su aroma familiar, mezclado con el vino que acababa de beber, le recordó la primera noche que habían pasado juntos.

"Como el tiempo es corto, hagamos algo significativo juntos", susurró Rufus, esbozó una sonrisa, la levantó en sus brazos y la llevó al otro lado de la habitación.

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