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   Capítulo 14 Entrar en la habitación equivocada

Deseos cumplidos Por JACINTA CANINO Palabras: 9541

Actualizado: 2020-01-13 00:05


Dentro de la mansión Tang, las habitaciones estaban brillantemente iluminadas.

Cuando Rufus y Cassandra regresaron a casa, vieron a Horace y a su esposa bebiendo té despreocupadamente en la sala de estar.

Los dos ancianos alzaron la vista, y en cuanto Horace vio a Rufus, lo saludó con una esplendorosa sonrisa y los brazos abiertos:

"¡Rufus! Me da gusto verte. ¿Ya cenaste? ¿Te gustaría comer algo?".

Sin embargo, su entusiasmo no fue bien recibido, ya que Rufus se mantuvo indiferente y simplemente asintió brevemente ante la pregunta. Cassandra, quien se había estado escondiendo detrás de él, entró tímidamente a la habitación, encarando a sus suegros con una sonrisa forzada en su rostro.

"Hola, papá. Hola, mamá".

Cuando habló, su voz sonaba tímida. Al verla, Jill se levantó de un salto del sofá; por cómo lucía, era evidente que se sentía ofendida.

"¿Por qué llegaron a casa juntos?", sorprendida de verlos tan cerca al punto de que sus hombros casi se tocaban, Jill arremetió contra Cassandra. Esta última temblaba de la inquietud al ver que era evidente que su suegra la estaba fulminando con la mirada.

Cassandra tuvo que mirar hacia otro lado para evitar más preguntas; también sabía que actuar con compostura era la única forma de evitar exponer la verdad.

"Bueno, esta noche salí con algunos amigos y me encontré con Rufus en la salida del bar. Es por eso que volvimos a casa juntos. No es la gran cosa".

La actitud inocente y la tranquilidad con la que hablaba Cassandra le hicieron mucha gracia a Rufus. Una comisura de su boca se curvó hacia arriba y formó una media sonrisa al darse cuenta de que ella no tenía reparos en mentirle a los suegros, y que era una actriz bastante hábil. Sin embargo, Rufus no tenía intención de quedarse con Horace y perder el tiempo, por lo que fijó sus ojos en su padre, asumió una expresión indiferente y simplemente comentó: "Voy a subir".

Mientras caminaba hacia la escalera, echó una mirada intensa en dirección a Cassandra, y luego, sin más demora, corrió arriba y se dirigió directo a su habitación.

Al ver a Rufus retirarse, Cassandra resopló en silencio y también decidió retirarse a su habitación, sin embargo, las palabras de Horace la detuvieron en seco:

"Cassandra, ha pasado bastante tiempo desde que volviste del extranjero, creo que lo ideal sería que mañana empieces a trabajar con Rufus en la empresa. Es posible que necesites algo de tiempo para comprender cómo opera la compañía. Sé que fuiste una de las alumnas más destacadas cuando estudiaba en el extranjero, por lo que creo que podrías marcar una diferencia para la compañía y su futuro".

Las palabras de Horace sorprendieron a Cassandra, quien abrió los ojos por completo y miró a su suegro sin decir nada, preguntándose si lo había escuchado bien. Horace parecía tener una mirada sincera en los ojos, y por ello Cassandra sabía que no podía rechazar su propuesta, ya que era un acto de buena fe. No tenía idea de lo que le depararía el futuro, pero a final de cuentas tenía que aceptarlo.

"Claro, papá".

Horace quedó complacido al ver que ella aceptó su propuesta, así que él le asintió con la cabeza en señal de agradecimiento. Por otro lado, Jill no parecía estar nada feliz, quien miró a Cassandra con una evidente hostilidad en sus ojos, como si quisiera husmear en la mente de su nuera para ver si estaba ocultando algo; ella no confiaba en Cassandra.

"Bueno, bien por ti, Cassandra. Rufus acaba de llegar a nuestra familia y no lleva mucho tiempo con nosotros. ¡Pero parece que ya te estás llevando bien con él!", Jill pronunció sus palabras a regañadientes; no alzó la voz cuando habló, pero esta tenía cierto toque de frialdad, así que Cassandra captó con éxito la advertencia en su tono. Levantó la barbilla y miró a Jill con sus preciosos ojos, sin decir nada a cambio. Cassandra no era tonta; estaba al tanto de lo que Jill quería dar a entender. Esta última parecía tener cierto resentimiento y actuaba de manera sospechosa. De manera discreta, Cassandra apretó los puños.

"Entonces, ¿hay algo de malo en eso? Rufus acaba de llegar aquí, así que hay muchas cosas que necesita aprender. Cassandra es su cuñada, y por ende está claro que tiene la responsabilidad de mostrarle y enseñarle todo sobre nuestro negocio familiar. Cassandra, por favor, que no te de vergüenza ayudar a Rufus lo más que puedas", Horace le lanzó a su esposa una mirada seria, dado que le pareció que ella estaba exagerando. Para él era bueno que Cassandra quisiera ayudar a Rufus a sentirse más acogido. Jill buscaba problemas donde no había ninguno.

"Puras tonterías. Cassandra tiene poco de haber regresado, por lo que también es nueva en el negocio y no sabe mucho sobre la compañía", respondió Jill

bruscamente mientras apretaba los dientes. Al ser mujer, ella tenía la intuición para percibir este tipo de cosas. Cassandra tragó saliva, y agachando la cabeza con recato, respondió:

"No conozco bien a mi cuñado. Hoy me encontré con él por pura casualidad. Creo que ya es hora de que vaya arriba. Ha sido un largo día. Buenas noches, que descansen", Cassandra sonaba bastante segura de sí misma a pesar del hecho de que las palmas de sus manos sudaban bajo la mirada de Jill. Esta última solo puso los ojos en blanco y resopló de manera burlona. Después, se aferró al brazo de Horace y se dirigieron juntos hacia su habitación. Una vez que se fueron, Cassandra exhaló lentamente. ¿Cuánto tiempo podría sostener su patética mentira? Justo ahora, Jill la hizo sudar frío. Cassandra sacudió la cabeza mientras subía las escaleras. Algún día, la abrumadora culpa en su corazón la terminaría consumiendo por completo.

Cassandra puso una mano sobre su pecho, todavía conmocionada por el agudo recelo que mostraba Jill. Respirando profundamente, empujó lentamente la puerta del dormitorio para abrirla. La habitación estaba envuelta en la oscuridad, y cuando estaba a punto de encender las luces, sintió un repentino cambio en la atmósfera mientras alguien se paraba justo frente a ella. Una mano poderosa se extendió y rodeó su cintura con fuerza; en la oscuridad, escuchó una voz familiar reírse en voz baja:

"Nunca dejas de sorprenderme. Ya ha habido mucha intimidad entre nosotros, sin embargo, ¿te atreves a decir que no me conoces bien?".

Esta voz le dio escalofríos a Cassandra, quien podía sentir que el sudor comenzaba a formarse en la tersa piel de su frente, pero no alcanzó a limpiarse. Bajo el cobijo de la profunda oscuridad, ella podía escuchar el fuerte latir de su corazón resonando en sus oídos. ¿Por qué él estaba en su habitación? ¿Qué quería? ¿De verdad le parecía divertido causarle un mal momento? ¿De eso se trataba? La forma en la que Rufus seguía molestándola era completamente innecesaria. Cassandra deseaba que él solo la dejara en paz.

"Rufus, ¿podrías por favor retirarte? ¿Por qué no puedes simplemente dejar de molestarme?", a pesar de estar harta de su comportamiento, mantuvo la voz baja para no atraer innecesariamente la atención de las demás personas en la mansión. En una noche silenciosa como esta, incluso el más leve sonido podría provocar molestias, y lo último que Cassandra quería era que alguien descubriera que ambos estaban a solas en una habitación oscura.

"¿De verdad? Me parece que aquí tú eres la que está tomando la iniciativa...".

Apenas había terminado de hablar, la habitación de repente se iluminó. Rufus había encendido las luces. Sus ojos brillaban con un aire triunfante mientras estudiaba el rostro de ella, esperando pacientemente una respuesta.

La repentina luz casi cegó a Cassandra, quien tuvo que parpadear un par de veces para recuperar la vista. Cuando sus ojos finalmente se enfocaron en su entorno, ella dejó escapar un grito ahogado. No era su habitación, en absoluto. ¡Había cometido una gran tontería al entrar accidentalmente en la habitación de Rufus!

Sumamente mortificada, Cassandra abrió y cerró la boca como un pez, sin saber qué decir a continuación. La tensión en la habitación crecía con cada segundo que pasaba. Ella deseaba poder escapar en ese preciso instante, sin embargo, sus pies ya no parecían obedecerle. Cassandra se rascó la sien y dijo: "Rufus, creo que entré en tu habitación por accidente. Perdón por molestarte. Ya me voy", tras decir esto, ella le dedicó una sonrisa nerviosa e intentó retroceder, ya que sabía que en esta ocasión era su culpa. La abrumadora presencia de Rufus le hacía sentir una creciente incomodidad. Con cautela, ella tomó la mano que él tenía alrededor de su cintura e intentó soltarse de su agarre.

Cassandra lo miró por el rabillo del ojo y se sorprendió al encontrar una amplia sonrisa en su rostro, por lo que pensó que este hombre era muy extraño. Claramente Rufus no estaba durmiendo, pero entonces ¿por qué tenía apagadas todas las luces de su habitación mientras estaba adentro?

Como si pudiera leerle la mente, Rufus dejó escapar una pequeña risa y dejó de sujetarla. Esta vez decidió ser amable y no seguir molestándola.

En cuanto fue liberada de su agarre, Cassandra corrió hacia la puerta y la abrió de golpe. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de salir, vio a Lionel caminando en dirección a ella. Para su propia suerte, él todavía no la había visto. Casi al instante, ella tomó una decisión.

Dio un paso atrás y cerró la puerta a toda prisa; su rostro se había puesto pálido, como si hubiera visto un fantasma. Cuando se dio la vuelta, chocó directamente contra unos pectorales firmes y fuertes.

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