ManoBook > Romances > Deseos cumplidos

   Capítulo 15 Este es nuestro dormitorio matrimonial

Deseos cumplidos Por JACINTA CANINO Palabras: 7598

Actualizado: 2020-01-14 00:06


El aroma familiar de este hombre tan cálido la invadía incesantemente y se aferraba a su alma, tal como sucedía en sus sueños. Una vez más, vio la sonrisa maliciosa en el pícaro rostro del hombre que tenía enfrente, una expresión que ya le era familiar e inolvidable. Asustada, Cassandra extendió su mano temblorosa para cubrir los labios de Rufus. Los sensuales y delgados labios, que siempre la dejaban con ganas de más, eran muy suaves y tentadores. Muy preocupada, ella le hizo un gesto para que se quedara quieto y no hablara.

Se escuchó el sonido de pasos acercándose y poco a poco fueron desvaneciéndose. Fue entonces cuando el corazón acelerado de Cassandra comenzó a calmarse.

Estaba tan nerviosa y aterrorizada que ignoró por completo que estaba sujetando a Rufus de una manera bastante vergonzosa, ya que sus cuerpos estaban completamente apretados y sus rostros casi se tocaban. Solo después de haber recobrado la compostura ella se dio cuenta de lo inapropiado que era estar tan cerca de él.

La incomodidad aumentó cuando se dio cuenta de que estaba cubriendo la boca del hombre con su pequeña mano. Era como si la barrera imaginaria que se interponía entre ellos desapareciera lentamente para ser reemplazada por el gentil toque de su suave y delicada mano. Una vez más, los penetrantes ojos de Rufus pasearon por todo el fascinante rostro de la mujer, ya que no quería perderse ningún detalle de las curiosas expresiones en el rostro de Cassandra.

"Creo que ya se fue", confirmó ella mientras se alejaba de Rufus y apretaba la oreja contra la puerta para escuchar.

Al comprobar que el lugar estaba en silencio y que no se oía ni un solo ruido proviniendo del exterior, ella creyó que Lionel seguramente ya había regresado a su habitación. Lanzando un profundo suspiro de alivio, Cassandra retiró su agotada mano del rostro de Rufus, liberando su tensión. Pero esto no significaba que su martirio estuviera por finalizar. Todo el tiempo centró su atención en el hombre que estaba fuera de la habitación, y aparentemente, se había olvidado de que había otro hombre adentro, con quien también se le dificultaría hacerle frente.

Con su típica sonrisa juguetona, Rufus fijó sus ojos en la mujer.

Sin embargo, Cassandra no se percató de ello. Con cautela, ella abrió la puerta ligeramente y asomó la cabeza, como si fuera una ladrona. El silencio en el corredor reafirmó sus suposiciones y calmó su estado de ánimo.

"Ya se fue. ¡Por fin! ¡Uf! Eso fue aterrador", murmuró ella en voz baja mientras acariciaba suavemente su pecho para aliviar la tensión. Olvidándose casi de la presencia del otro hombre, Cassandra estaba lista para partir.

En el instante en que abrió la puerta, el hombre, que había permanecido en silencio y cooperativo durante todo el incidente, cerró bruscamente la puerta y la jaló hacia él.

Dominada por sus reflejos naturales, ella gritó debido al repentino cambio de comportamiento mostrado por Rufus. De repente, se dio cuenta de que estaba haciendo demasiado ruido, por lo que de manera consciente cubrió su propia boca con la mano para evitar hacer más gritos innecesarios, y con los ojos llenos de confusión, miró fijamente al hombre grosero.

"¿Qué crees que estás haciendo?", preguntó la mujer con ira, quien mantuvo la voz baja a propósito. 'Lionel ya se fue. ¿Por qué Rufus no me deja irme?, se preguntó a sí misma.

"¿Qué estoy haciendo? Acabo de ayudarte. ¿No crees que deberías devolverme el favor?", el pícaro hombre bromeó con una sonrisa maliciosa en su rostro, lo que hizo que la dama se sonrojara de timidez.

"Oh, está bien, Rufus, muchas gracias. Pero ya es tarde, así que ya no te seguiré molestando. Bue... buenas noches", Cassandra tartamudeó porque ya no podía sostener la intensa mirada de Rufus, por lo que

terminó desviando sus ojos hacia otro lado. La voz de la chica sonaba casi tan baja y débil como un susurro.

Su tímida reacción despertó la pasión del hombre, elevándose hasta el punto de que él quería abrazarla con fuerza para después darle un beso largo y salvaje.

"Entonces me debes una por esto. Para la próxima te cobraré este favor", afirmó Rufus, quien deslizó una sonrisa malvada por su mejilla mientras soltaba lentamente a la mujer. En realidad, no fue una sorpresa que él no continuara con el inapropiado y alocado plan que tenía en mente, considerando que era un hombre con autocontrol, y sin mencionar que estaba en este lugar, el hogar de la familia Tang.

Rufus sabía mejor que nadie cuáles serían las consecuencias de sus acciones. Era consciente de que eso no serviría de nada y solo provocaría un desastre.

Indispuesta a quedarse más tiempo, la afligida mujer ni siquiera esperó a que el hombre terminara su oración y salió corriendo de la habitación, como una prisionera ante la oportunidad de escapar.

Para él, la acción de la mujer entrando en pánico fue muy divertida y no pudo evitar sonreír. Sonrió a pesar de estar herido por dentro, sin saber por qué disfrutaba de estas emociones confusas. Cuando se quedó solo en la habitación, se sintió extraño y la sonrisa en su rostro se convirtió en un ceño fruncido.

Había regresado con unos objetivos claros, pero Cassandra, una distracción, se interpuso en sus planes sin previo aviso. Lo que en este momento lo asustaba era que realmente disfrutaba lo que sucedía entre Cassandra y él. '¡Esta mujer es realmente linda e inocente, incluso irresistible, pero sigue siendo parte de la familia Tang!', pensó él.

Mientras tanto, en la habitación de Cassandra, esta misma se sintió muy aliviada en cuanto se cerró la puerta, dándole la noción de que estaba aislada del mundo exterior. Su cuerpo cansado y agotado cayó al suelo. Ni siquiera tenía un poco de energía para encender la luz que estaba a su alcance.

'¡De no haber sido por mi acción rápida, me habrían descubierto coqueteando con mi cuñado!', pensó ella.

'¡No! ¡No! ¡No! ¡Esto no tiene nada que ver con coqueteo!', se aseguró a sí misma rápidamente mientras sacudía la cabeza.

Su mente estaba hecha todo un desastre al imaginar y anticipar todo tipo de cosas. Preocupada, Cassandra soltó un suspiro de fatiga y remordimiento, después acarició el cabello con la mano. '¿Por qué tuvo que ser Rufus la persona con la que tuve esa aventura de una noche?', se preguntó ella, culpándose a sí misma.

La habitación estaba completamente a oscuras. Mientras Cassandra seguía lamentándose a causa de su miserable destino, de repente la luz se encendió, lo cual la asustó, provocando que se levantara y mirara a su alrededor con cautela.

Pronto, sus precavidos ojos encontraron su objetivo: se trataba de Lionel, quien con elegancia estaba sentado cómodamente en el sofá y cruzando los brazos. El hombre la miró con su habitual frialdad e indiferencia.

"Ya es tarde. ¿Dónde estuviste?", preguntó Lionel. Cassandra se quedó atónita al ver a su esposo en su habitación, ya que esto fue muy inusual e inesperado. Su pregunta hizo que el corazón de ella diera un ligero vuelco.

"Tú... ¿por qué estás en mi habitación?", dijo ella, respondiendo su pregunta con otra pregunta.

En ese instante, Lionel se levantó del sofá y caminó hacia Cassandra para después encararla sin la intención de ocultar el intenso odio que sentía por ella. La expresión de indignación en su rostro se volvió aún más fría.

Lionel levantó la mano, tomó la barbilla de ella y alzó ligeramente su pálida cabeza, acto seguido, la ridiculizó diciendo: "¿Tu habitación? Oye, Cassandra, déjame recordarte que este es nuestro dormitorio matrimonial. Es nuestra habitación".

(← Acceso rápido del teclado) Anterior Contenidos (Acceso rápido del teclado →)
 Novels To Read Online Free

Escanea el código para descargar la aplicación Manobook.

Subir

Compartir